Monday, September 28, 2009

La visión atea y la ilusión religiosa

El ateísmo es visión; la religión es ilusión.

La afirmación del ateo de que después de esta vida no hay nada es demasiado dura para los esquemas mentales del creyente religioso. Este creyente, que ha asumido y aceptado como un hecho normal y natural la existencia de una vida ultraterrena, suele decir que sería muy triste que después de esta vida no hubiera nada, porque, ¿entonces para qué? Unas veces el creyente utiliza el término triste, otras, desilusión; otras, incluso, mierda, o desolador.

Si comparamos la visión atea con la ilusión religiosa, ésta gana porque genera unas expectativas fabulosas (literalmente: fantásticas): ¡una vida eterna! El creyente que ha vivido imbuido en semejante ilusión es incapaz de atisbar siquiera, mucho menos de comprender, la realidad del mundo, porque esta realidad supone una desilusión enorme para quien ha crecido creyendo en una vida eterna a la que sólo tendrá acceso cuando muera.

El creyente tiene derecho a pensar como quiera (aunque no se sabe qué piensa él, porque lo que dice pensar no ha sido pensado por él, sino que es una metafísica que ha sido configurada a lo largo de dos mil años y que él ha asumido sin más), pero el creyente, en este punto, tendrá que admitir sin concesiones que él se sitúa en un punto de vista mágico, religioso, prerracional e ilógico, en tanto que el ateo se sitúa en un punto de vista realista, racional y lógico.

El creyente (irracional e iluso) y el ateo (racional y realista) se oponen, por tanto, de la misma manera que el ser humano (mortal, etc.) se opone a la idea de Dios (inmortal, etc.): una oposición frontal, absoluta, pues uno representa lo contrario del otro.

Fuente: El Burdel del Delirio