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Guerras de Mártires

Monday, March 16, 2009

Las guerras de creencias, bajo ideas totalitarias, las perdemos todos. Las religiones no alientan la violencia, pero la justifican. Siempre que se ejerza en su favor, o para imponer ideas propias. Aún cuando haga falta matar, o dejarse matar. Con lo que el concepto básico de dar y pedir justicia queda anulado.

Pues la muerte nunca es justa, todo lo más, necesaria. Aunque sea mirada como una simple mutación del estado vital. La necesidad no hace falta justificarla, sólo satisfacerla. Lo universal se completa en sí mismo. En las doctrinas derivadas de la Biblia, desde los primeros tiempos, se da por lícita la toma del botín enemigo y la muerte de quien se oponga a la realización de los fines propios. No podemos olvidar que, las principales corrientes del terrorismo internacional, tuvieron y tienen su origen en movimientos religiosos, que conducen a la obnubilación divina. Sus practicantes se sienten justificados para afirmar que llevan a cabo una especial guerra santa. En defensa de su religión, su pueblo, su raza. Las creencias religiosas, o no, son acientíficas. ¿Quién puede justificar dónde empieza una raza y termina otra? Todos somos equivalentes, aunque no iguales. Juegan con sentimientos, no con razones. Las infinitas posibles mezclas de creencias raciales con emociones ancestrales, producen una total ceguera mental. Se ve lo que se quiere ver, no lo que ven los demás. La Biblia, como digna heredera de las religiones egipcias y mesopotámicas, tomó estructuras completas de creencias preexistentes, adaptando y adoptando teorías de diversas procedencias, que se fueron unificando, a lo largo de los siglos, hasta formar una doctrina propia, que se convierte en dogma. Los edificios dogmáticos, tardan siglos en construirse. La historia de las creencias y estructuras sociales es, como la de la evolución de las especies, una suma de añadidos, adaptaciones, subdivisiones y mezclas, que guardan un recuerdo de lo que fueron, habiendo dejando de ser lo que eran. Conservan la genética, que recuerda el camino recorrido, evidenciando que no se hallan en el punto de partida. Islamismo, judaísmo, cristianismo, con todas sus miles de variantes, son hijos de la misma madre, con distintos padres. Nada surge de la nada. Todo se transforma, de modo constante. Pretender que lo actual es idéntico a lo anterior, no sólo es un sinsentido, sino un imposible. Al transformarse todo, de forma continuada, incluso lo mismo dejaría de tener igual valor relativo respecto de lo transformado. En el mundo real, no existe lo eterno, más que de forma abstracta, ideal. Es decir, no existe. Cuando se pierde el miedo a lo inexistente, el encantamiento mágico de las creencias, vacías de realidad, desaparece. Las creencias imbuidas son prisiones del alma, que se inculcan en la niñez y juventud, como fuentes del miedo, para que duren toda la vida. Método infalible utilizado por los grupos de poder, para gobernar y sujetar a quienes se les someten. No hacen falta cadenas físicas.