La conferencia episcopal católica española tacha de blasfemo el bus ateo y Rouco pide su prohibición

Por las calles de Londres primero, y luego, por las de alguna ciudad de España circulan autobuses con el anuncio de “Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida”. No se ha hecho esperar la respuesta de la jerarquía eclesiástica española. El cardenal Rouco Valera ha dicho que “La utilización de espacios públicos para hablar mal de Dios ante los creyentes es un abuso que condiciona injustamente el ejercicio de la libertad religiosa” y termina apelando a “las autoridades competentes para que tutelen como es debido el derecho de los ciudadanos a no ser menospreciados y atacados en sus convicciones de fe”. Es decir, solicita que las autoridades civiles prohíban ese anuncio. Un comunicado de la Conferencia Episcopal Española dice: “Insinuar que Dios sea una invención de los creyentes y afirmar además que no les deja vivir en paz ni disfrutar de la vida, es objetivamente una blasfemia”. Éstos van más lejos, no es que se deba prohibir la publicidad de este eslogan, sino que a sus autores se les debe meter en la cárcel, porque en España la blasfemia es un delito según el Código Penal.

Miren ilustrísimos obispos, por fin, y después de dos mil años, se puede en algunos lugares de Europa hacer propaganda atea, sin ser quemado vivo, o previamente estrangulado, como ustedes hacían cuando dominaban en toda Europa. Yo creía que este autobús “probablemente” no podría pasear por las calles de Teherán, ni de ningún otro Estado confesional musulmán, tampoco por Israel, y desde luego ni por la Ciudad del Vaticano, pero que se intente prohibir en España por la Iglesia católica porque se ataca la libertad religiosa y que es constitutivo de un delito de blasfemia, no me lo hubiera imaginado. Ya algún concesionario transportista y Ayuntamiento lo ha prohibido, como en Zaragoza y en Murcia. También en Italia, en Génova, han prohibido circular uno que anunciaba: “La mala noticia es que Dios no existe. La buena, es que usted no lo necesita”. Seguramente en Estados Unidos, aunque no en todos los estados, se permitiría; pero es curioso que en una encuesta, la mayoría de norteamericanos votaría lo mismo a un blanco o un negro (y se ha demostrado con Obama), a un hombre o una mujer, a un homo o heterosexual, pero en cambio una mayoría nunca votaría a un ateo. Téngase en cuenta que si ateo es sinónimo de no creyente, hay muchísimos ateos. Así los cristianos no creen en Alá, los musulmanes no creen en Yahvé, y los judíos no creen en el Dios de la Santísima Trinidad de los cristianos; y todos somos ateos del dios Ra, de Júpiter o de Zeus. Parece que ha molestado a jerarcas católicos, la última parte del anuncio: “disfruta de la vida”, como si los religiosos no pudieran gozar de la vida o ser felices. Hay que reconocer que muchos creyentes se someten al ayuno y abstinencia, se arrodillan humildemente con genuflexiones, están culpabilizados por sus supuestos pecados o sus dudas religiosas, y llegan a flagelarse, algunos hacen votos de abstinencia carnal y de pobreza, incluso se enclaustran de por vida; actitudes todas ellas que se compaginan mal con “disfrutar de la vida”.

El biólogo Richard Dawkins en su obra “El espejismo de Dios”, nos propone que imaginemos un mundo sin religión, ya que considera que las religiones, especialmente las monoteístas (judía, cristiana y musulmana), son la raíz de muchos males. Es cierto que siempre ha habido y suponemos que habrá guerras (la mayor infelicidad) y muchas de ellas sin relación con la religión o sólo utilizada como pretexto en la lucha de clases o potencias, como las dos guerras mundiales y las matanzas de nazis y estalinistas, y la historia está repleta de masacres por razón de conquistas territoriales, por nacionalismos y otros fanatismos, así como totalitarismos y dictaduras. Pero imaginemos un mundo sin religión, y desde luego no habría habido cruzadas, la Inquisición y el índice de libros prohibidos, la caza de brujas, las guerras de religión que asolaron Europa entre protestantes y papistas, la partición de la India entre hindúes y musulmanes, el conflicto de Irlanda del Norte entre católicos y protestantes, las matanzas serbo-croatas-musulmanas, el terrorismo de Al Qaeda, el sojuzgamiento de las mujeres por talibanes y fundamentalistas islámicos. Nuestra propia historia sería diferente sin los ocho siglos de batallar en la reconquista frente a los musulmanes, la expulsión de moros y judíos, y la Guerra Civil sería diferente del enfrentamiento de los que morían por Dios y los muertos por una República laica. Por último, imaginemos una foto reciente de una espléndida panorámica de la ciudad de Nueva York, con el subtítulo: “Si no existiera la religión”, en la que aparecerían las dos Torres Gemelas (las que fueron destruidas por suicidas jóvenes de clase media y bien educados, pero fanáticos religiosos, que esperaban el paraíso como mártires). Ojalá el autobús de los ateos pudiera circular por todo el mundo sin que lo impidieran talibanes ni radicales conferenciantes episcopales.

Luis Segovia López es magistrado jubilado.

Fuente: informacion.es

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