Tuesday, November 1, 2011

Llegamos a 7000 millones y la Iglesia Católica dice que no hay sobrepoblación

El mundo llegó ya a los 7000 millones de personas. Duplicamos nuestro número en menos de medio siglo, y los efectos sobre nuestro medio ambiente son alarmantes:

-Deforestación de las selvas de Malasia e Indonesia para sembrar palma de aceite.

- Deforestación de las selvas de África ecuatorial y caza de su fauna para ser consumida como “carne de monte”

-Agotamiento de páramos en Latinoamérica.

-Crisis hídrica en países subsaharianos, y latinoamericanos.

- Olas invernales sin precedentes en Colombia, Centroamérica, Tailandia. etc. Como consecuencia del cambio climático.

- Mala calidad de aire en ciudades altamente pobladas como Pekín, Santiago de Chile, Ciudad de Mexico, etc.

- Decenas de otros problemas ambientales.

No obstante encontramos que la Iglesia Católica no ve problema en la sobrepoblación, y se empeña en seguirse oponiendo al control de la natalidad.

El Sínodo Mundial de la Familia en 1980 organizado por la Iglesia Católica contiene el siguiente mensaje a las familias católicas:

“A menudo, ciertos gobiernos y algunas organizaciones internacionales agreden a las familias… A las familias se les obliga -y nos oponemos a esto con toda vehemencia- a usar medios inmorales tales como los anticonceptivos, o, aún peor, la esterilización, los abortos y la eutanasia, para la solución de los problemas sociales, económicos y demográficos. El sínodo urge por lo tanto a proclamar una carta de los derechos de la familia para salvaguardar esos derechos en todas partes.”

En el sitio católico ACI Prensa encontramos la siguiente declaración bajo el titulo “Control de la población”: Estos planes se disfrazan como “salud reproductiva”, “paternidad responsable”, “planificación familiar”, “educación sexual”, “lucha contra el SIDA”, “salud sexual”, “acciones de género”, “feminismo” o “desarrollo sustentable”.

La Iglesia Católica sostiene que no hay sobrepoblación por las siguientes razones:

1. Las tasas de natalidad han descendidio.
2. Los países no se encuentran altamente densificados.

Estos argumentos valen la pena ser analizados.

El primero es cierto. Las tasas de natalidad han descendido. Por ejemplo, Paraguay pasó de tener una tasa de fecundidad de 4,3 en la década de los 1990 a una de 2,5 en 2010. Países industrializados han hecho bajar su tasa de natalidad por debajo de la tasa de renovación (2,0). La tasa de fecundidad es el número promedio de hijos que son dados a luz por una mujer.

A pesar que el argumento es cierto. La verdad es que en números la población mundial sigue creciendo. Y peor aún, a medida que los pueblos aumentan su poder adquisitivo aumenta el consumo y por lo tanto la depredación ambiental. Todas las personas requieren agua, alimento y energía. Cada ser humano adicional genera una carga para el planeta. Razón por la que la decisión de traer hijos al mundo debe ser una algo razonado.

El segundo argumento es también es cierto, pero olvida algo muy importante. La iglesia esgrime que la población mundial no ocupa más del 1% de la superficie firme del planeta. Pero pasa por alto que hay muchas zonas que no son habitables: los grandes desiertos, la tundra, los glaciares. No podemos pretender que todo el planeta debe ser habitado. deben dejarse espacios para la vida silvestre.

Durante el tiempo que leiste el anterior texto nacieron 720 bebes humanos. Tres por cada segundo.

Fuente: SinDioses

Stephen Hawking vuelve a plantear en programa de televisión que Dios no creó el Universo

“Todos somos libres para creer lo que queramos, y creo que la explicación más simple posible es que Dios no existe. Nadie creó el Universo, y nadie dirige nuestro destino. Esto me lleva a una revelación muy profunda, que probablemente no hay paraíso ni tampoco vida después de la muerte. Tenemos una sola vida para apreciar la grandeza del Universo y por ello estoy muy agradecido”.

Fuente: Tendencias

Dios fue inventado para explicar el misterio

Dios fue inventado para explicar el misterio. Dios es siempre inventado para explicar esas cosas que no entiendes. Pero, cuando finalmente descubres la manera en que trabaja algo, obtienes ciertas leyes que estás arrebatando a Dios; no lo necesitas más. Pero lo necesitas para los otros misterios. Por tanto lo dejas para que creara el Universo porque eso aún no lo entendemos; lo necesitas para entender esas cosas que no crees que las leyes puedan explicar, tales como la conciencia, o por qué sólo vives un cierto período de tiempo -vida y muerte- cosas como esas. Dios siempre es asociado a aquellas cosas que no comprendes. Por consiguiente yo no creo que las leyes puedan ser consideradas como semejantes a Dios porque ellas ya han sido entendidas.

Richard Feynman

Laicismo, religión y cultura

Marcelo Llobet, Presidente del Instituto Laico y de Estudios Contemporáneos de Argentina considera que el laicismo es un concepto político que busca la igualdad ante la ley en razón de circunstancias personales como son las creencias religiosas, sin privilegio para ninguna confesionalidad, y por tanto sin pretender que las creencias de cualquiera de ellas se transformen en obligaciones sociales. Este es un punto de desencuentro de los movimientos laicistas con aquellas organizaciones religiosas que pretenden que su concepción particular de moralidad constituya la base de la legislación, por lo que ven al laicismo como un enemigo que les puede quitar una ventaja política. Sin embargo, el laicismo previene las confrontaciones entre religiones, tan peligrosas en el mundo de hoy, y preserva la libertad individual de todo intento “social” de control ideológico, por lo cual, desde mi punto de vista, el laicismo no debe sustentarse exclusivamente en la libertad de conciencia en el plano religioso, sino en la libertad de pensamiento en toda su amplitud y frente a todo tipo de control ideológico, que actualmente se manifiesta en la preeminencia mundial de una sola cultura de masas, que nos ha traído la globalización, la cual se impone sutilmente, a través de los medios de comunicación, sobre la libertad individual y sobre las culturas nacionales. Y para ello uno de sus mejores recursos es el fomento del pensamiento crítico.

Fuente: Guillermo Fuchslocher

“¿Cómo puede haber orden en un estado sin religión?

“¿Cómo puede haber orden en un estado sin religión? Pues si un hombre se está muriendo de hambre cerca de otro que está enterrado en la abundancia, aquél no puede resignarse a esta diferencia a menos que haya una autoridad que declare ‘Dios así lo quiere’. La religión es excelente para mantener tranquila a la gente común.”

Napoleón Bonaparte

Miguel Servet, un legado de quinientos años

España es un país lleno de paradojas, casi tantas como los olvidos a los que nuestra sociedad posmoderna condena a determinados personajes que, por su importancia intelectual e impronta histórica, deberían figurar como materia preferente de estudio en todos los programas educativos de nuestras autonomías. Este año 2011 se cumple el V centenario del nacimiento de Miguel Servet en Villanueva de Sijena (Huesca), un pequeño pueblo del viejo Reino de Aragón. Allí se conserva su casa natal, inaugurada en julio de 2002 por el Príncipe de Asturias, desde donde se divulga y fomenta el estudio de uno de los humanistas españoles más sobresalientes del siglo XVI.

A diferencia de otras naciones, la historia de España se puede construir fácilmente engarzando, prácticamente sin solución de continuidad, los episodios de intolerancia que constantemente han tejido su devenir histórico. El fenómeno inquisitorial, cuya estela se prolonga hasta la primera mitad del siglo XIX, así como la caterva de procesos constitucionales de efímera e irreal vigencia y los múltiples pronunciamientos del propio siglo XIX, que desembocan Injusto final. El gran público conoce principalmente a Miguel Servet por su descubrimiento de la circulación menor o pulmonar de la sangre y, a lo sumo, su injusto final a manos de Juan Calvino un 27 de octubre de 1553, no por razón de este descubrimiento científico, como habitualmente se cree, sino esencialmente por negar el dogma de la Trinidad y por anabaptista, es decir, por rechazar el bautismo infantil, e indirectamente también por defender la separación entre Iglesia y Estado.

Pocos de nuestros conciudadanos son conscientes de su defensa decidida del derecho a la libertad de conciencia y del impacto que su ejecución causó entre algunos de sus contemporáneos. Este aspecto ha sido torticeramente soslayado, cuando no olvidado, durante muchos años, por gran parte del “establishment” y de la clase intelectual española.n la II República y posterior Guerra (In)Civil de 1936, con toda esa mezcla de intolerancia, cainismo, revanchismo y picaresca destructiva, nos revela que la sociedad española no se ha caracterizado por su excesiva tolerancia, ni, a fortiori, por favorecer ese estadio de las relaciones humanas que, a modo de superación de la mera tolerancia condescendiente, llamamos “convivencia”.

Artículo completo en: Conocer Ciencia