Friday, October 29, 2010

Néstor Kirchner, el impío

Me causó gracia y un poco de lástima el post que los desequilibrados ultracatólicos de Radio Cristiandad subieron ayer a escasas horas de la muerte del ex-presidente argentino Néstor Kirchner. Gracia porque la verdad, no estando en el poder, los católicos tradicionalistas son bastante ridículos, con sus latines y sus invocaciones constantes a seres imaginarios, su vocabulario decimonónico y su indignación ante casi todo lo que sale de su pequeño mundo. Y un poco de lástima porque no tienen razón.

Kirchner no fue un impío ni un “enemigo de la Iglesia”. Tampoco “fomentó, auspició y subvencionó a todos los anti-teos latinoamericanos”. Su legado es un enfrentamiento entre poderes políticos que deben compartir un espacio. El kirchnerismo jamás cuestionó la legitimidad profunda de la Iglesia Católica como estamento nacional. Incluso cuando un vicario castrense antisemita y pro-dictadura propuso tirar a un ministro de salud al mar con una piedra atada al cuello por fomentar la educación sexual, el enfrentamiento no pasó a mayores. Argentina, siete años y medio después del comienzo del kirchnerismo, sigue pagando jugosos sueldos a los obispos católicos, caso único de funcionarios de un estado soberano que son nombrados por otro estado, el cual además es una monarquía teocrática, con políticas opuestas a las nuestras en casi todos los aspectos y que no ha suscripto siquiera la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Ojalá Kirchner hubiera decidido ser un verdadero enemigo de la Iglesia, en el sentido de ponerla en el lugar de una organización no gubernamental como cualquier otra. A él se le puede dar el crédito de haber librado a Argentina del control de los organismos internacionales de crédito como el FMI y haber contribuido a la unidad latinoamericana contra las imposiciones económicas de los países centrales, como el ALCA. Ojalá su viuda, a quien le queda un año de gobierno y muy probablemente otros cuatro más si decide buscar la reelección, dé los pasos necesarios para librarnos de esa otra organización extranjera que hace dos siglos está enquistada en nuestras instituciones. Pero yo no apostaría mucho a que eso suceda.

Fuente: alerta religiones

Wednesday, October 20, 2010

Asociación de Ateos Dominicanos fija posición

Al igual que todos, sabemos que nuestra educación debe de ser revisada, porque no debemos desligar la delincuencia, la inseguridad, y el crimen, de nuestro sistema educativo.

Solo queremos en esta ocasión, hacer algunas puntuaciones con relación a esta magnifica campaña, sobre los valores humanos.

Los Ateos somos profundamente humanistas, y queremos desligar esta campaña de la influencia religiosa, porque toda religión pretende ser una guía moral de la sociedad, tratando de imponer la moral divina por encima de la moral humana.

Los Ateos consideramos que los valores son humanos y nada tienen que ver con dioses y con diablos. Sabemos que muy por el contrario las religiones pretenden convencer a los hombres, de que el mal reside dentro de ellos y que solo pueden llegar a ser buenos por una bendición de Dios.

En los países donde la educación es Laica, donde el estado es responsable de la formación de los ciudadanos, sin tomar en cuenta la enseñanza religiosa, son los países donde mas altos están los valores humanos.

Los Ateos pensamos que las religiones son un anti valor, que a pesar de tener por tanto tiempo el control de la educación, no dejan de arrastrar con ella su origen mentiroso.

No es necesario usar la religión en esta campaña, porque ellas son partes de la descomposición social, que incentivan la ignorancia y prefieren amenazar y atemorizar, porque no creen en la bondad humana.

Apelamos a su admiración por el sentimiento humanista de Juan Bosch y Eugenio María de Hostos, quienes eran partidario de la educación Laica, a pesar de que eran Teísta.

Esta campaña es una oportunidad, para enseñar a tener confianza en los otros, para incentivar el amor y el respeto a nuestros hermanos.

Pero queremos que esta campaña una a todos los dominicanos, alejando de nosotros el sectarismo religioso, levantando la bandera de la moral sobre una montaña de virtudes humanas.

Esperando que Usted comprenda nuestra posición…..

Atte…….Quilvio Vásquez

presidente de ATEODOM

Fuente: DIARIODIGITALRD

Saturday, October 16, 2010

Wojtyla Nos Vigila

Ayer pasé por la rotonda y estaban ahí unos operarios montando el pedestal, para la estatua que “regalan” a Pamplona desde la ciudad de Torun, en Polonia. Que, ya puestos, mejor que nos hubieran regalado una de Nicolás Copérnico, que además de nacido en Torun fue capaz de hacer algo de verdad útil en el mundo. Pero no. Juan Pablo II al que ya se le habia regalado una calle en Pamplona, precisamente ahí, desde esa rotonda donde mañana le homenajean. Dicen desde el ayuntamiento que esto no cuesta ni un duro a Pamplona, que se erige “por cuestación popular”, pero no me lo creo. No me lo creo porque ya solo el que un concejal pierda su tiempo explicándolo nos ha costado dinero a todos los contribuyentes. QED, por la elegantísima forma de la reducción al absurdo.

Porque lo que vivimos en esta ciudad es de reducción al absurdo. Pero no puedo quejarme de todo, entre otras cosas porque no puedo decir lo que quiero. Y me encantaría, que lo que yo dijera sólo tuviera consecuencias en mi persona y no en la gente que trabaja conmigo y esas cosas. Los tiempos son inciertos para muchas cosas, y para la libertad de expresión más. Uno se calla, principalente, pero luego pasas por esa avenida donde ya han colocado más allá un Sagrado Corazón que parece un muñecolate de Cristo-Guay (Kevin Smith lo debería meter en una película) al que ya hace unos meses dedicaron los destinos de esta ciudad (menos mal que como escéptico no creo en las maldiciones ni en el mal de ojo ni esas cosas supersticiosas, pero más de uno evita esa calle no sea que caiga un rayo fulminante).

Así que, simplemente, expreso mi opinión de que esto es estúpido. Que una ciudad que olvida a sus gentes de cultura y que ha condenado al ostracismo a tanto personaje que hizo lo que pudo por salirse del marasmo del navarra-siempre-palante-y-etcétera se ponga a colocar estatuas-muñecolate de los personajes más sicalípticos de la historiografía (inter)nacional católica es, de verdad, un chiste malo. O un misterio, como ese de Obanos del que hablaba ayer el maestro Eder, gran cronista de las causas escondidas.

Fuente: Por la Boca Muere el Pez
Bajo licencia Creative Commons

Tuesday, October 12, 2010

El delegado de religión

Yo creo que no hay dioses. Ni uno ni muchos, ni creador ni observador. Es una creencia un poco fastidiosa, todo hay que decirlo, porque eso de pensar en la muerte como la nada y el olvido no es muy divertido, o no si lo comparas con las valkirias o las vírgenes que te ofrecen en otras religiones. También es verdad, dándole la vuelta a la tortilla, que es una creencia igualitaria: seas hombre o mujer, te mueres y no hay nada. En las religiones que te ofrecen vírgenes, pues no sé, pero si yo fuese una mujer no sé hasta qué punto sería interesante ser esperada por una decena, medio centenar o incluso un millar de vírgenes… a fin de cuentas, la chica que quiera experimentar algo así no necesita morir, simplemente ir a un salón del manga.

Pero centrémonos. Les decía que yo creo que no hay dioses, y ni mucho menos se lo comento para hacer apología. A fin de cuentas, no hay nada más odioso que el que un tipo de pare por la calle para intentar convencerte en cinco minutos de la superioridad de su punto de vista. No, yo les hablo de esto para ponerles en antecedentes sobre algo que me ocurrió hace ya un buen puñado de años, cuando andaba por el colegio.

Tendríamos unos diecisiete años o así, y un delegado de religión un poco pesado. Era como un telepredicador, pero más pesado. “¿Te ha quedado una asignatura? Reza y Dios pondrá las preguntas que te has estudiado en el examen”, o “¿Te has peleado con tu novia? Reza y Dios le hará ver que contigo está mejor que con nadie más.” Y no es que me cabreara que quisiera que rezáramos, sino que aquello parecía un negocio de “rezos por favores”. Un día, hartito que estaba de sus rezos para todo, le dije: “Mira, déjalo, que yo creo que no hay ningún dios, así que no tiene sentido rezarle”.

Y el pobre muchacho que se me queda mirando con rostro compungido, como si acabase de darle una patada en los mismísimos, y me dice con vos de incredulidad: “¡Eres un apócrifo!”.

Fuente: Gades Noctem (Blogalia)

Saturday, October 9, 2010

Monjas, sexo, religión y niñez

Seríamos cultivadas, amables, educadas, obedientes y corteses. Seríamos unas verdaderas damas cuando creciéramos. Las monjas en mi escuela eran amables y estrictas a la vez. Nos educaron para ser damas respetables y cultas.

En mi época de niñez, si uno tenía una hija y quería darle una buena educación, tenía que inscribirla en un colegio religioso. La niña sólo sociabilizaría con niñas. Se convertiría en toda una dama en el futuro.

En casa la situación era un poquito más “abierta”, no tan rígida como en el colegio. Mis papás nos contaban sobre sexo a mí y a mi hermana mayor. Teníamos que estar preparadas en caso de que algun “forajido” nos quisiera “palabrear” para obtener éso que él quería obtener. Es decir, que si el chico en cuestión quería acostarse con una, una debía responder: “NO! Para que lo sepas, yo no soy una cualquiera, soy una muchacha de mi casa y sólo me acostaré con el que sea mi esposo en un futuro”. Mi mami nos enseñó que una “muchacha de su casa” llega virgen a la noche de bodas. Una dama tiene que casarse intacta y de blanco. Sólo las resbalosas se acuestan con el enamorado y hacen cochinadas antes del matrimonio, decía mi mami con voz de “mamá lo sabe todo”.

La religión era también algo muy importante cuando yo era niña. El Padrenuestro se rezaba en mi colegio como mínimo 5 veces al día y además también en inglés y en francés (sin contar con las otras oraciones dedicadas a la Virgen María, el Credo, la del ángel de la guarda y el Yo Pecador!). Uno tiene que rezar mucho para que Dios nos escuche, decían las monjas. Y si eras una niña que sería una dama respetable en el futuro, peor aún. Había que rezar aún más.

En casa también solíamos rezar cada noche y los domingos íbamos a misa. Cuando yo no me portaba bien, es decir, cuando salía con alguna de mis pataletas que no iban de acuerdo con mi condición de niña educada por monjas inmaculadas, mi abuela me decía: “Dios te está mirando…Papalindo ve todo lo que haces y si no te portas bien te va a castigar”. Había una imagen del Corazón de Jesús colgada justo arriba de la puerta del dormitorio. Esa imagen era como la voz de mi conciencia. Sus ojos me miraban cada vez que yo hacía una travesura. Yo no me atrevía ni a levantar la mirada por encima de la puerta.

Un buen día le pregunté al sacerdote de mi colegio: “Por qué tenemos que rezar tanto?” (aquí la cara le cambió al cura) “Nosotras nos aburrimos con tanto rezo a la entrada y salida, en el recreo y cada que empieza una clase nueva! Es muy aburrido!” (el rostro le iba cambiando a color verde y las cejas se le iban elevando poco a poco). Sin notarlo yo, continué con mi queja: “Yo no creo que a Dios le guste que recemos por obligación, nada más porque ustedes nos obligan. Una debería de rezar cuando una tiene ganas…con el corazón y no por obligación” (Aquí el Padre Raúl ya estaba sudando frío y el infarto le sobrevendría en cualquier momento). Desde ese día me convertí en la rebelde del colegio para todas las profesoras y monjas. Todos tenían sus ojos puestos en mí, listos para corregirme o mandarme callar.

Yo siento que muchas cosas han cambiado en Perú desde esa época. Por lo menos la educación sexual es mucho más abierta. Mi sobrino de seis años puede describir una relación sexual con todas sus letras y con mucha naturalidad además. Ah! y con las palabras indicadas, que dicho sea de paso son términos médicos o biológicos como: órgano sexual masculino, coito, etc. A pesar de que al principio me sonrojaba, luego pensándolo bien, me parece que está súper bien. Los niños pierden el interés y la curiosidad por algo de lo cual se puede hablar sin tapujos. Si uno le pone misterio es peor porque más quieren saber. Pero si se habla de ello como quien habla del almuerzo de hoy, entonces se convierte en algo natural. Nada cochino ni sucio como nos lo enseñaron las monjas en mi colegio.

De mi niñez y educación tengo que decir que yo creo que mi mami hizo un muy buen trabajo con mi hermana y conmigo. Nos enseñó a respetar a los demás, a valorar lo que tenemos (lo material y espiritual) y a ser independientes. Esto último es algo que yo considero valiosísimo en la educación de una persona. Yo conozco muchos casi treintañeros que trabajan, viven en casa de sus padres y no aportan ni un sol a la caja familiar. Pienso que nada se gana manteniendo a los hijos hasta grandes. No aprenden a ganarse la vida, a ser responsables.

Estas cosas que mi mami nos enseñó quisiera yo también enseñárselas a mis futuros hijos. Pero yo quiero ser mucho más “open mind”. Quiero ser una mamá sin prejuicios. Una mamá que no se escandaliza si mi hijo un día llega vestido de hippie. Quiero enseñarles que en la vida deben dedicarse a aquello que los haga realmente felices, no importa qué. Quiero que mis hijos puedan venir a mí y hablar conmigo de lo que sea, en el momento que sea y que sepan que no los voy a juzgar ni me va a dar un infarto si me cuentan algo “fuera de lo común”. Quiero que puedan hablar de sexo conmigo y que ellos mismos, ya de adultos, puedan escoger su propia religión, si es que desean tener alguna.

Las monjas de mi colegio se horrorizarían si leyeran esto que hoy escribo. Y seguramente pensarían que no he cambiado en nada. Que aún sigo siendo “la niña rebelde del colegio” que ellas, en sus momentos de oración rezando por la salvación de mi alma, aún recuerdan.

Tercer sexo de Indochina es una de las canciones que bailábamos como locas con las chicas en la época del cole, por supuesto a espaldas de las monjas…

Fuente: TARINGA

Periodismo de opinión en Reggio’s Religiones, ideologías, homosexualidades, de Juan Goytisolo en El País

Cuando era un muchacho, en el colegio de los frailes en donde fui adoctrinado, memorizábamos la lista de los actos que “claman venganza a Dios”. En el segundo puesto de aquel palmarés de la infamia figuraba el “pecado impuro contra naturaleza”, simbolizado en el fuego divino que arrasó a las ciudades malditas a orillas del Mar Muerto.

Hoy, este tipo de fábulas hacen reír a quienes sabemos que dicha venganza diezmaría las filas del clero y que, privada de infinidad de sus hijos, la pobre Iglesia no podría levantar cabeza después de semejante escabechina.

Pero el mismo discurso apocalíptico se esgrime ahora en el campo del islamismo radical y amenaza extenderse al ámbito de quienes, víctimas de la pobreza e ignorancia en la que se hallan sumidos numerosos pueblos musulmanes, buscan un responsable a los males que les afectan.

Recientemente, un imán argelino miembro del Grupo Salafista para la Predicación y el Combate, exhortaba a sus acólitos a la yihad y al martirio redentor de los atentados suicidas aduciendo para ello que la propagación de la homosexualidad era una de las señales anunciadoras del fin del mundo.

Dicho argumento revelador de las obsesiones y prejuicios de los autoproclamados salvadores de la Tierra y de las sociedades que la pueblan, es tan viejo como la aparición del ser humano en ella.

Basta ojear las crónicas antiguas o modernas sobre Mesopotamia, Grecia, Roma, India, Persia, Al Andalus, el Imperio Otomano, etcétera, para comprobar que un buen número de ellos apuntan al “vicio contra natura” -¿cómo diablos puede llamarse contra natura a lo que es parte intrínseca de ella?- como la causa directa de su decadencia y caída.

El Dios colérico de la Biblia -la peor invención, dicho sea de paso, de la mente humana- sigue castigándonos con epidemias, terremotos, inundaciones y otros desastres que no distinguen por cierto, “justos” de “pecadores”, pero no atina a reiterar la furia vengativa que redujo a Sodoma a sal y ceniza, ni a remediar, de pura fatiga, la chapuza que creó en una semana. Tascándose el freno, asiste impotente, siglo tras siglo, a la obstinada perversión de sus criaturas, a esa natura fuera de la natura que desde el Génesis se prolonga hasta el tercer milenio, ya sea abiertamente como en la galaxia gay de Occidente, ya de forma discreta, pero integrada en sus tradiciones en la Zona Sotádica descrita por sir Richard Burton hace siglo y medio.

A mi llegada a París, huyendo del rigorismo católico y la opresión política del franquismo, comprobé que la homofobia reinante en España infectaba también a mis compatriotas de fuera. Entre los militantes del PCE, del que fui compañero de viaje durante un buen tiempo, la burla y el desprecio a los “invertidos” eran idénticos a los de la Península. El ingreso de Jaime Gil de Biedma en el Partido fue vetado por el responsable barcelonés del mismo y recuerdo las bromas que se gastaban a costa de Luis Landinez, un escritor inscrito en aquel que, tras sufrir en las cárceles del Régimen por su doble condición de rojo y maricón, había buscado refugio en Francia. Un miembro de la Redacción de Realidad, la revista intelectual del PCE, de la que fui dado de baja por “desviacionismo” en 1964 junto a Claudín y Semprún, me afirmó rotundamente que la supuesta homosexualidad de García Lorca era una infame calumnia de la derecha y que él estaba escribiendo un libro para desmentirla de forma irrebatible y definitiva.

En Cuba, la experiencia fue más dramática. Pese a que el comportamiento sexual de los mulatos y negros de los barrios populares de La Habana Vieja, Regla y Guanabacoa no difería mucho del de los magrebíes, egipcios, paquistaníes o turcos, la violencia del discurso homófono de los dirigentes y cuadros revolucionarios mostraba a las claras que la intolerancia ideológica, ya fuera la del nazismo o la de los regímenes soviéticos, no tenía nada que envidiar a la de las diferentes Iglesias de antaño ni al islamismo de nuevo cuño. El modelo soviético que se impuso en la Isla intentaba crear una sociedad homogénea en la que los deseos e impulsos de una buena parte de sus miembros no tuviera cabida.

En nombre de la decretada pureza del hombre nuevo -al que llamé en otra ocasión, el bárbaro viejo-, decenas de millares de pájaros fueron enviados a cortar caña en las siniestras Unidades Militares de Ayuda a la Producción. El monolitismo ideológico, como el religioso de ayer y de hoy, exige una condigna uniformidad sexual que sujeta el cuerpo y la mente del ser humano a un molde único, del que no cabe el menor desvío. No obstante de eso, como describió magistralmente en sus novelas Reinaldo Arenas, los propios guardianes que vigilaban a los reclusos de las UMAP, satisfacían a escondidas sus deseos con ellos, como acaece en las sociedades en las que la homosexualidad identitaria se desdibuja y quien recurre ocasionalmente a ella por la situación en que se encuentra -alejamiento forzado de la familia o dificultad de acceso al otro sexo- no se considera a sí mismo ni es considerado homosexual en la medida en que su “situacionismo” no se convierte en adicción. El lamentable y tardío mea culpa de Castro por las tropelías de la llamada “década ominosa” no disminuye en nada su responsabilidad en las mismas. Miles de cubanos “degenerados” como Virgilio Piñera fueron víctimas de su cruel acoso y marginación.

El dilema que afrontan los homosexuales de una buena parte de Oriente Próximo, norte de África y el Caribe -me ciño a los países en los que mis estancias y viajes me han avezado a sus usos y costumbres-, es elegir entre la visibilidad duramente conquistada en Occidente o una práctica satisfactoria pero silenciada; entre salir del armario o ajustar sus impulsos a las normas implícitas de unas sociedades en las que es posible integrarlos gracias a un “ni visto ni oído” avalado por hábitos y tradiciones que se remontan a siglos. El escritor marroquí Abdellah Taïa rompió el tabú en su relato Une mélancolie arabe y ha sido defendido con valentía por el semanario laico Tel Quel.

La presente ola de violencia estatal en países antaño permisivos como Irán o Irak, en donde los culpables de sodomía pobres y sin buenos arrimos son lapidados o ahorcados conforme a la hipócrita moral wahabí de la Península Arábiga, pende como una espada sobre la cabeza de las víctimas potenciales de ese totalitarismo teocrático que busca un chivo expiatorio a los abusos de su poder y a su incapacidad de responder a las aspiraciones de sus súbditos menesterosos, sin brújula ni esperanza.

Como señalan Stephen Murray y otros autores en su libro de referencia sobre el tema, Islamic homosexualities, no hay una homosexualidad única sino un abanico de homosexualidades que difieren entre sí y rechazan el modelo comunitario gay, visto como algo ajeno a su querencia, sin considerar que el igualitarismo legal que encarna no es un valor exclusivo de Europa y de Norteamérica sino que tiene validez universal. Desde la repugnante misoginia de los talibanes de Kandahar expuesta recientemente en el documental Españoles en Afganistán a la movida de Chueca el trecho es largo y las discusiones sobre lo gay y lo pre-gay lo serán también.

Juan Goytisolo es escritor.
Fuente: Reggio’s