Friday, April 2, 2010

Un cura contra Dios en el siglo XVIII

Jean Meslier fue uno de los mejores espías de la Historia. Educado en la religión católica, sacerdote desde los 22 años hasta su muerte a los 65, en 1729, Meslier se atrevió a romper el gran tabú: dijo alto y claro que Dios no existe, que la religión es una fantasía, una mentira, inventada para oprimir y explotar al pueblo. El autor de Memoria contra la religión Laetoli publica ahora la primera edición íntegra del texto en castellano fue considerado por los pensadores del siglo XVIII como un revolucionario y entró en los libros de Historia como el padre del ateísmo.

Durante más de 40 años, en su parroquia de Etrépigny, al norte de Francia, Meslier escuchó con paciencia las confesiones de los supuestos pecados de los fieles. Sus maneras eran poco ortodoxas y la nobleza local solía quejarse de él, aunque nadie se había imaginado la doble vida de este hombre de Dios. Nada más quitarse la sotana que vestía de día, Meslier aprovechaba las noches para leer todo lo que se alejaba de la Biblia. Desmenuzaba a Montaigne, Pascal, Séneca, Descartes y Fénelon teólogo de referencia de la Francia de los siglos XVII y XVIII, escribía su testamento con un solo objetivo: que la gente alcance “la razón y la verdad” para “vivir felizmente”.

Meslier va al grano: la religión es “una invención e una institución puramente humana”; en la religión “está la verdadera fuente, el verdadero origen de los males que perturban el bien dentro de la sociedad humana y que hace que los hombres sean infelices”. Y no se olvida de los sacerdotes, que “engañan y despojan astutamente de sus bienes” al pueblo. La obra podría parecer un panfleto lleno de soflamas escritas con el rencor de un hombre que se arrepiente de su vida. Pero Memoria contra la religión no es nada de eso. Son más de 700 páginas (en la edición publicada por Laetoli) que desconstruyen uno por uno, con argumentos teológicos, filosóficos cita a Platón, analiza los Evangelios los fundamentos de la fe.


La obra de Meslier tuvo el efecto de una bomba. Cuando el cura falleció a finales de junio de 1729 nunca se supo exactamente cuándo ni cómo, dejó dos cartas, una a su sucesor y otra al cura de la parroquia vecina, para que trataran su ensayo secreto con cuidado. Había escrito tres ejemplares. Es fácil imaginar la cara de sorpresa de los dos sacerdotes y la de los parroquianos de Meslier cuando leyeron las primeras palabras del explosivo texto del antiguo cura. El manuscrito fue enviado a las autoridades eclesiásticas en París, aunque ya era demasiado tarde: los intelectuales de la época impidieron su destrucción. Voltaire publicó una versión reducida (y suavizada) en 1762. La Francia de la Ilustración había encontrado a su profeta del ateísmo.


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La Iglesia contraataca

Dijo ese hombre de blanco que sale estos días tanto en la tele que los dueños de la fe verdadera no debían dejarse amedrentar por “las murmuraciones de las opiniones dominantes”. Y en eso andan sus huestes de la catacumba mediática, con Juan Manuel De Prada en vaguardia. ¿Curas pederastas? ¡Ca! Mortales de voluntad floja, sí, pero material de primera para edificar el templo común, según parece presumir en ABC: “Los enemigos de la Iglesia, que niegan su inspiración divina (tal vez porque son quienes mejor la conocen), pretenden que los católicos, en esta hora de tribulación, olviden que la acción de la gracia actúa también sobre pillastres, fanfarrones y cobardes; en una palabra, sobre hombres débiles que cargan con una misión que pone a prueba sus fuerzas, que desafía sus fuerzas, que con frecuencia excede sus fuerzas”.

Tres padrenuestros, media hora de cilicio, y a otra cosa. Eso, además, se arregla intramuros, para evitar más dolor a las criaturas vejadas. Aunque les parezca mentira, la alucinógena teoría es de un editorialista de ABC que escribía esto: “Pero a quienes reclaman que, en todo caso, se aplique el rigor de las leyes, deberían recordar que incluso las legislaciones civiles son conscientes del daño añadido que puede sufrir la víctima de violencia sexual con la recreación del crimen en un proceso penal”. Pues nada, barra libre para violadores y abusadores sexuales. Por el bien de las víctimas, que conste. “Inquisición contra la Iglesia”, se titulaba con hiriente desparpajo la pieza. Torquemada se ha pasado de bando.

Celibato: bueno, bonito y barato

Les dejo que suelten un par de imprecaciones para desahogarse y seguimos. ¿Ya? Pues vamos con otro argumento de pata de banco que, por lo menos, no les indignará. Es más: hasta les provocará una sonrisa. Escuchen a Cristina López Schilchting defendiendo desde Cope por qué, aunque a veces se pueda escapar una mano tonta, el celibato es la garantía de una adecuada atención al cliente pecador: “Sería bueno tener en cuenta que muchos fieles nos hemos beneficiado del sacerdocio, precisamente en tanto que celibatario. Muchos de nosotros hemos llamado en plena noche a un cura, o hemos buscado confesarnos en verano, en vacaciones o en situaciones intempestivas. ¿Alguien puede imaginarse que podría estar tan disponible para el servicio a los demás una persona con hijos, casada, y con una familia que lo reclama constantemente?” Anden, rebatan eso.

Fuente: La Trama Mediática (Blogs Público.es)