Monday, January 11, 2010

Salto generacional hacia la laicidad en Catalunya

Treinta años de democracia en Catalunya y en España han provocado un vuelco en la religiosidad de sus ciudadanos. Así lo refleja el ensayo Catalunya ha deixat de ser catòlica? de Jordi Serrano, actual rector de la Universitat Progressista d’Estiu de Catalunya. En este libro recién publicado se realiza una exhaustiva recopilación de datos que reflejan un cambio en los hábitos religiosos, especialmente entre los más jóvenes, en que el catolicismo ha pasado a ser una práctica minoritaria.

De especial interés son los resultados que comparan la religiosidad en 1970, en las postrimerías del franquismo, con la actual. Si entonces un 87% de los españoles se declaraba católico practicante y otro 9% católico no practicante, ahora esos porcentajes se han reducido al 36,3% y al 37,5%, respectivamente, y en Catalunya, aún más, al 18,7% y al 48,4%. Del mismo modo, los no creyentes han pasado del 2% de 1970 al 19,7% en España, y al 29,1% en Catalunya.

En Catalunya, desde 1980 al 2007, el número de católicos practicantes ha pasado del 33,8% al 18,7%, lo que indica una caída de 15 puntos. “Me ha sorprendido –dice el autor– esa transición tan rápida hacia una Catalunya poscatólica”. De las comparaciones entre comunidades se desprende que Catalunya es la más laica, junto con el País Vasco y las Baleares. “Pero el proceso –dice Serrano– es similar en todas partes y con una evolución espectacular, aunque quizás otras comunidades estén 10 o 15 años por detrás de Catalunya”.

Otros datos corroboran este cambio. Los matrimonios civiles han pasado en Catalunya del 9,7% en 1983 al 62,8% en el 2006. La opción de los declarantes a favor de la Iglesia católica en la atribución tributaria del 0,52% del IRPF bajó del 30,8% de 1991 al 13,7% en el 2002, mientras que ese año un 42,9% de los catalanes lo destinaba a otros fines sociales y un 11,8% a ambos fines. El descenso del asociacionismo religioso, la caída del número de seminaristas o la reducción de alumnos que cursan la asignatura optativa de Religión en la escuela son otros elementos que corroboran la tesis principal.

Y aunque el análisis de las otras confesiones no sea el centro de este estudio, todo indica que el cambio es hacia una sociedad menos religiosa, que se define como agnóstica, atea o simplemente indiferente. “El crecimiento de otras religiones parece debido a la inmigración y no a que sean una alternativa al catolicismo”, asegura Serrano, quien precisamente ha militado en la Liga por la Laicidad, lo cual queda patente en algunas valoraciones.

El análisis por sexos indica que la religiosidad sigue siendo más alta entre las mujeres. En Catalunya, el porcentaje de mujeres católicas está 15 puntos por encima del de los hombres (y en España la diferencia se eleva a 21 puntos). Sin embargo, entre los más jóvenes esta diferencia por género tiende a desaparecer. Los chicos catalanes que se declaran no religiosos o ateos son el 75% del total, y las chicas ya son el 67%.

Según Jordi Serrano, “el espectacular cambio generacional que se refleja en el ámbito religioso no tiene precedentes en ningún otro campo de los valores o de las actitudes”. Una encuesta entre jóvenes catalanes de 18 a 24 años indicaba hace tres años que un 87% no acudía casi nunca a misa, y no llegaban al 4% los que lo hacían semanalmente.

En este sentido, es llamativa una encuesta del Observatori Català de la Joventut del 2002, donde sólo un 17,8% de los jóvenes de 18 a 29 años decía sentir “mucha o bastante” confianza en la Iglesia. En una escala de 17 instituciones, la Iglesia ocupaba el último lugar, por detrás de las fuerzas armadas. En una valoración más subjetiva, el autor aclara que “es posible que los jóvenes no se sientan representados por la Conferencia Episcopal y en cambio se sientan más cerca de una figura como Casaldàliga, que no ven como autoridad eclesiástica”.

Otro cambio sociológico lo ofrece el análisis por clases sociales. Si en los siglos XVIII, XIX y gran parte delXXlas clases populares –obreros no cualificados y personas con bajos ingresos– se alejaron de la Iglesia, ahora es al revés. Y en cambio, el mayor número de no creyentes y la religiosidad más baja se dan en las clases media/alta, entre las personas con más ingresos y quienes tienen más estudios. No sorprende la autodefinición religiosa en función de la adscripción ideológica o del voto confesado. Entre los votantes de derecha y centro están la mayoría de quienes se declaran católicos. Sólo entre los votantes de ICV-EUiA el número de agnósticos/ateos supera al de católicos, practicantes o no.

Por todas esas razones, Jordi Serrano responde al final al interrogante del título señalando que “Catalunya ha dejado de ser católica” y lo ha hecho “a un ritmo impresionante”. Y aunque no es fácil la comparación, por la disparidad de criterios, países como Polonia, Portugal, Italia o Irlanda reflejan unas cifras de religiosidad mucho más altas ya que España, y más aún que Catalunya. Y todo ello lleva al autor a señalar que el poder del que aún dispone la Iglesia catalana y española viene más del pasado o de privilegios como el Concordato que de la realidad sociológica.

Fuente: LAVANGUARDIA.ES