Sunday, September 20, 2009

La religión contra la ciencia. Historia cíclica de una oposición continua

Del mismo modo que en la Edad Media la Iglesia se oponía a que los médicos investigasen con cadáveres, en el siglo XXI la Iglesia se opone a que los médicos investiguen con células madre.

Como se observa, la Iglesia se opone sistemáticamente a los avances de la Ciencia (como leí hace poco en Buenos presagios, de Terry Pratchett y Neil Gaiman —gracias, Jony—, lo de los fósiles de dinosaurios es una broma que los arqueólogos no terminaron de pillar…), porque la Ciencia destruye y aniquila las bases de las religiones, y pone en evidencia que no son más que una sarta irracional de cuentos infantiles, falacias, mitos, relatos mágicos y leyendas.

Ésta, y no otra, es la explicación de la oposición constante de la Iglesia a la Ciencia. La fe se derrumba, claudica, muere ante la razón, de ahí que la Iglesia se vea obligada a impedir y obstaculizar con todas sus fuerzas y con todo su poder el avance de la Ciencia, la luz de la razón, la claridad del intelecto racional. Y ello aún a costa de la vida.

P. D. La Iglesia, por ejemplo, no condona la vida con condones… Condena al sida. Sencillamente, señores, el Papa, entre otras cosas, hace apología de la enfermedad y de la muerte. Niega la eficacia del preservativo (la Iglesia se opone, otra vez, a la Ciencia), no ya como anticonceptivo, sino también como protector de enfermedades venéreas y mortales, casi como los pecados, que se dividen en veniales y mortales. Es decir, el Papa miente y engaña, y difunde su mentira por todo el mundo, porque esto no es una cuestión de opinión, señores, sino un hecho científico comprobado: si lo niegas eres un tonto, un ignorante o un hijo de puta, según la intención con que lo niegues y las consecuencias de tu negación.

Cualquiera diría, entonces, que el Papa no es sino Muerte, uno de los Jinetes del Apocalipsis, que disemina su semilla allá por donde pisa y arrasa con las vidas de los hombres y de las mujeres que pueblan la tierra. Cualquiera lo diría, si no fuera porque los Jinetes del Apocalipsis no existen. El Papa sí existe, y en este punto —en el punto de su contribución al contagio y expansión de la enfermedad y de la muerte a las gentes que no usan preservativo haciendo caso de lo que dice el representante de Dios en la tierra— tiene una responsabilidad. ¿Responderá? No creo.

Fuente: El Burdel del Delirio
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Grupos laicos llevan a los tribunales los símbolos religiosos del Ayuntamiento de Zaragoza (Belloch)

Los movimientos laicistas de Zaragoza mantienen desde hace tiempo una batalla abierta con el alcalde socialista de la ciudad, Juan Alberto Belloch, que a día de hoy mantiene un crucifijo presidiendo todos los plenos municipales y avala un reglamento que obliga a todos los ediles a acudir a determinados actos religiosos. Esta guerra abierta ha desembocado ahora en los tribunales: el Movimiento Hacia un Estado Laico (MHUEL) ha presentado un recurso contencioso administrativo contra un decreto de la Alcaldía del pasado mes de julio por el que el consistorio desestimaba la petición de este colectivo de modificar los artículos del reglamento interno referentes a los símbolos religiosos. Belloch les aseguró en aquel momento que no retiraría el crucifijo y les retó a presentar el caso ante la justicia, como finalmente han hecho.

Fuente: Sin dios

El presidente del CGPJ reedita la “Misa de Apertura de Tribunales” con Rouco

El poder Judicial, ese pilar del Estado Derecho, iniciará el curso con una ceremonia de carácter religioso por segundo año consecutivo. El anacronismo denominado “Misa de Apertura de Tribunales” se reeditará el próximo lunes gracias a su autor intelectual, el presidente de Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), Carlos Dívar, un ultra católico confeso que fue sorprendentemente elegido para el cargo por el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero. Dívar, no conforme con imponer una ceremonia religiosa como pistoletazo de salida al curso, ha vuelto a invitar a su amigo, el cardenal arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal (CEE), Antonio María Rouco Varela, para oficiarla. Rouco es uno de los máximos responsables de la politización y beligerancia del episcopado español que alcanzó sus puntos máximos en la pasada legislatura ante el matrimonio homosexual. La fe vuelve a las más altas instancias del Estado.

Fuente: ElPlural.com
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Eliminación del Estado confesional en Costa Rica

Tanto el presidente Óscar Arias como los cuatro candidatos mejor perfilados para el próximo período, se pronunciaron en favor de eliminar el Estado confesional. Uno de los candidatos dijo apoyar la separación de Iglesia y Estado, pero propuso, sin embargo, autorizar que los empresarios puedan asignar un porcentaje del impuesto sobre la renta a su religión preferida. Esto revela una visión distorsionada del papel del Estado. En principio, no se puede regalar lo que a uno no le pertenece. El impuesto que una empresa genera pertenece al Estado, al pueblo, a todos los ciudadanos y contribuyentes y no puede convertirse en un obsequio a la religión que profese el dueño de una compañía.

Los empresarios, no la empresa, son libres de donar para sostén de su iglesia, un porcentaje o el total de sus utilidades si gustan, después de honrar sus impuestos. Esta es la forma más sana y transparente de contribuir con la religión. Las religiones deben ser sostenidas por sus miembros, por sus seguidores. No es saludable involucrar Estado y religión, como dijo Jesús. Eso es precisamente lo que la reforma trata de enmendar.

Punto sensible. La eliminación del vínculo, al suprimir también la obligación de que el Estado contribuya al mantenimiento económico de la Iglesia, pareciera ser el punto más sensible y doloroso de esta cirugía.

Costa Rica es de los últimos países de Occidente que mantienen el anacronismo de un Estado confesional. Para la Iglesia sostenerlo es una causa perdida y está resignada a aceptar su eliminación. Hasta Benedicto XVI, el papa, ha expresado que el Estado laico es perfectamente compatible con la religión. Lo esencial de esta reforma es que eliminará una grave injusticia para miles de ciudadanos creyentes de otras religiones, obligados constitucionalmente a que sus impuestos se utilicen para sostener solo a una de ellas. Y también para los no creyentes en ninguna.

Respecto al juramento, impedir la mención de Dios sería un error tan grave como obligar a invocarlo. La discusión se resuelve estableciendo con igual validez la libertad de escoger entre jurar por Dios o por su honor, como hicieron otros países. La libertad de conciencia y de actuar según ella es siempre la mejor solución.

Fuente: NACION.com