Monday, September 14, 2009

“Nunca subestimes una profecía”: el caso del pastor Josmar Flores Pereira

“Nunca subestimes una profecía, y no porque pudieran ser ciertas, sino porque nunca falta alguien que se las toma en serio”, comentó mi amigo, Manuel Borraz, cuando leyó que el responsable del intento de secuestrar un avión en México creía que ese día, el 09.09.09, cifraba el número de la Bestia. El criptograma que descifró Josmar Flores Pereira, el pastor evangélico que amenazó con hacer estallar una bomba en el Boeing 737 de Aeroméxico, era modesto: 999 es 666 al revés. Una revelación divina, en resumen, le advirtió que un terremoto destruiría México. Para hacerse escuchar por el presidente mexicano, Felipe Calderón, subió al avión, no con una bomba, sino con dos latas de gaseosa Jumex llenas de tierra, a las que decoró con luces de colores. Pero su intervención causó verdadero pánico.

¿QUIÉN ES JOSMAR? La biografía de Flores Pereira, nacido el 21 de mayo de 1965 en Santa Cruz, Bolivia, puede llevar a alguno a preguntarse por qué no hizo estallar una bomba de verdad. Según su relato, su temprana adicción al alcohol y las drogas lo llevó matar a un amigo, a robar el coche del padre y asaltar un comercio. En la cárcel se hizo cristiano. Pero no soltó el alcohol ni la cocaína. Hasta sus hermanos lo querían matar. Cuando salió de la penitenciaría, intentó quitarse la vida. Su padre lo amarró a un sillón, lo vistió de mujer “para que no saliera a buscar droga” y lo mandó con pasaje de ida a México. “Cuando no encuentres a nadie, busca a Cristo”, le pidió su madre, María Pereira. “Su padre lo envió allá para que algún extranjero lo maté en ese país”, agregó. Regresó a Bolivia irreconocible: se había reencontrado con el cristianismo. Se hizo cargo de la empresa del padre y se casó. Pronto recayó en las garras de Satán. Y volvió a México, donde se reconcilió con Jesús y vivió los últimos 17 años. Allí levantó el templo evangélico “Éxito Familiar”, puso un restó en Cancún y dio testimonio de su conversión en canciones y videos.

COSA SERIA. Lo malo de las profecías es que muchos creen en ellas contra toda evidencia. Pero ¿realmente no hay que tomárselas en serio? En un sentido, sí: las profecías causan preocupaciones reales entre quienes se las toman al pie de la letra y sólo por esto deberían interesar a los escépticos: siempre vale la pena conocer las ilusiones, temores, desvelos, dudas y asombros de los otros. Si, además, somos capaces de identificar posibles incidencias peligrosas, tal vez estaremos a tiempo de hacer un intento por desactivar sus efectos.

También hay simplificaciones mezquinas, como las de quienes reducen el vaticinio y la adivinación a ensoñaciones de astrólogos, brujos y sacerdotes. Algunas profecías autocumplidas desbordan el contexto mágico-religioso. Hallamos ejemplos de sus efectos en la prensa, la economía, la política y la ciencia popular. Anuncios alarmistas generan desabastecimiento y hambrunas, falsas noticias desatan corridas bancarias y el discurso de ciertos políticos puestos a futurólogos son causa de diversos conflictos sociales.

Internet va en camino de sepultar a los diarios, y no lo digo por creerme profeta sino porque es la primera plataforma que ha convertido a los medios en una cosa viva. Hoy, los post que dejan los lectores de los diarios digitales enseñan más que las noticias.

Josmar asegura no estar arrepentido. Los que creen que su acción fue la de un fanático sin base social deberían leer los mensajes que dejaron otros evangélicos en el diario La Voz Libre.

Los titulares hablan de un “sujeto peligroso”, de un “pastor loco” y lo acusan de haber fundado una “extraña secta”. Su propia esposa afirma que sufre “trastornos psicológicos”. Hacer un diagnóstico clínico de su visión extrema de la fe -estos adjetivos que tanto lo alejan del perfil del pastor convencional- ¿ayudará a comprender lo que representa su “performance”, sin duda emergente de un fenómeno más complejo? Basta recordar que sus seguidores lo consideran un visionario real, que los senderos de Dios son inescrutables y que alguna razón debió tener para hacer lo que hizo. Con todo, ya sabemos cuál de todas esas definiciones ganará en la competencia. Pero en otros niveles las cosas son bastante diferentes.

Fuente: MAGIA CRÍTICA