Sunday, September 6, 2009

La Iglesia pisotea los principios laicos

El Papa ha vuelto a hablar, o mejor dicho, a escribir. Lo ha hecho a través de otra nueva encíclica -la tercera ya-, Caritas in veritate (La caridad en la verdad), que vio la luz el pasado 7 de julio. Y de nuevo arremete contra la falta de fe y el laicismo, que él considera causantes, en gran medida, de los males que sufre actualmente la humanidad, señalando que el humanismo que excluye a Dios es un humanismo inhumano (?).

“Sin Dios el hombre no sabe donde ir ni tampoco logra entender quién es”, afirma. Si usara un poquito la razón -cosa que dudo- se daría cuenta que más bien es lo contrario. Cuando el hombre se desprende de los prejuicios religiosos y de las falsas interpretaciones teológicas (que ocultan la realidad del mundo), es cuando comienza a tomar conciencia de quién es verdaderamente y aprende a caminar por si mismo, sin temores escatológicos ni necesidad de muletas fideístas para andar por la vida. Además, ese quimérico Dios jamás estuvo cerca del hombre ni se preocupó en echarle una mano. Así que, aunque existiese, la sensación más bien es que siempre está ausente y le importa un carajo nuestros problemas. ¡Ah! Tomen buena nota los políticos y economistas. Parece que el Papa tiene la solución para salir de la grave crisis económica: llevar a la práctica eso que él denomina “humanismo cristiano”. Lean la soporífera encíclica de 136 páginas y sabrán de qué va el invento. Eso sí, según su sabia opinión, la superpoblación no agrava los problemas económicos. Eso es un mito que hay que desechar porque, asegura, supone un obstáculo para el progreso. Así que el “creced y multiplicaos”, sigue siendo un precepto bíblico muy válido en los tiempos que corren. Ser ateo es muchísimo más grave, claro…

Por otra parte, su gran amigo el cardenal Rouco Varela, presidente de la Conferencia Episcopal, también se ha hecho oír estos días. El diario ultracatólico Alba digital recoge su perplejidad ante el futuro proyecto de Libertad Religiosa propuesto por el Gobierno. Supongo que le temblarán las piernas de solo pensar que con la nueva ley puedan reducirse parte de los privilegios -económicos principalmente- que la Iglesia obtiene del Estado español, gracias a los acuerdos que se establecieron con el Vaticano allá por 1979, y que aún siguen vigentes. Por cierto, conviene que sean revisados e invalidados, no sólo porque más de una vez han vulnerado los derechos fundamentales, sino porque vivimos en un estado aconfesional y laico, como garantiza nuestra Constitución.

Al negocio de la Iglesia no tiene que afectarle la crisis, por supuesto. Ella está por encima del Bien y del Mal. ¿Caritas in veritate?, jaja…

Fuente: Chárkava