Friday, August 21, 2009

Sobre la Ley de Libertad de Religiosa (España)

Sebastián Jans afirma que “la democracia es laica o no es democracia”, y algo muy similar afirmó Fernando Savater en el II Ciclo de conferencias de la Fundación FIES cuando decía que “la sociedad democrática debe ser laica, no puede elegir serlo o no serlo (…). La Iglesia española dice que hay persecución religiosa cuando lo único que hay es que se les ha prohibido perseguir, ….antes eran ellos los que perseguían”.

Y, como ambos, buena parte de la sociedad tiene claro que es un imposible vivir en democracia teniendo a una religión (o, lo que es peor, a varias) vertebrando la sociedad y mezclándose con el Estado.

En la actualidad el Gobierno está preparando una reforma de la actual Ley Orgánica de Libertad Religiosa , reforma que se está llevando con cierto secretismo por parte del ejecutivo, y de la que aún se desconocen los términos. Y existe recelo y suspicacia en amplios sectores sociales, lo cual es muy entendible ante la beligerancia que venimos todos observando por parte de la Iglesia contra todo aquél o aquello que no se adhiera a sus voraces pretensiones, y ante la aparente apatía del Gobierno a la hora de sentar las bases de la aconfesionalidad constitucional del Estado español.

No es tarea fácil para ningún Gobierno del mundo poner a las religiones en su sitio, que no es otro (o, al menos debería serlo) que el ámbito privado de las conciencias de la ciudadanía. Todos vamos sabiendo, más o menos, de qué va el tema a estas alturas de la película. Pero ni el miedo, ni la sumisión, ni la complacencia a aquellos que, según la evidencia, predican el amor pero ejercen el odio y la tiranía, deben de ser obstáculo para culminar a nivel público una transición político-religiosa que nunca se llevó a término con el final de la dictadura. Porque el Estado español continúa manteniendo la confesionalidad encubierta que se gestó en los albores de la Transición (y que, por cierto, el señor Aznar intensificó notoriamente).

Y existen algunos matices que se deberían revisar para no perpetuar errores de forma y fondo que dificultan la transparencia en este controvertido asunto. El más evidente es, en mi opinión, la denominación de la Ley, que no debería llamarse de Libertad Religiosa, sino de Libertad de conciencia. Porque no se trata de asentar los derechos de los adeptos a religiones, sino los de todos los ciudadanos, los religiosos y los que no lo son (absolutamente discriminados con la ley actual)..

Por otro lado, el Estado está obligado a mantener una absoluta asepsia y una impoluta neutralidad en cuestiones de creencias religiosas. Porque cualquier alineación de los poderes públicos con cualquier confesión vulnera gravemente el desarrollo de la libertad de pensamiento, de conciencia y de creencia, que es la base esencial de los Derechos Humanos.

Igualmente es obligación del Estado no financiar el adoctrinamiento religioso en la educación pública y en la privada subvencionada con fondos públicos; y debe evitar cualquier interferencia en los planes educativos de intereses de cualquier organización religiosa o ideológica, para garantizar el pleno desarrollo de los ciudadanos en el respeto a los principios democráticos y a las libertades fundamentales.

En resumen, se trata de hacer una Ley (como la ley francesa de 1905 de separación Iglesias-Estado) que se constituya en un mecanismo eficaz de independencia de los poderes públicos con respecto a cualquier dogma o confesión; se trata de consolidar de facto el pluralismo ideológico y social; no se trata de ofrecer los mismos privilegios a todas las religiones (sería pretender salir de “málaga” para meternos en “malagón” y sería peor el remedio que la enfermedad), sino de suprimir cualquier privilegio proveniente del erario público a todas ellas, que deben buscar su propia financiación en sus adeptos y en los mecanismos reglados de financiación pública.

En cuanto a credos, dogmas, fábulas, mitos y supersticiones varias, todo es respetable en la conciencia de cada quien, pero son inadmisibles como idearios hegemónicos, y del todo incompatibles con el ámbito público de cualquier sociedad que pretenda ser democrática. A estas alturas de la película nadie nos puede negar que las religiones en el poder son un serio peligro para la convivencia pacífica y para el desarrollo de los derechos ciudadanos. Una simple mirada objetiva y honesta a la historia lo demuestra. Y mucho más importante que las religiones (que son organizaciones totalitarias y antidemocráticas) sean libres para seguir dominando Estados y conciencias, lo es que los ciudadanos sean libres para poder desligarse de ellas.

Autora: Coral Bravo, Doctora en Filología y miembro de Europa Laica
Fuente: elPlural.com
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Gajes del oficio

Digo yo que podría habérsele coscado a nuestro señor que, ya puestos, al nombrar al que sería la “Piedra” sobre la que edificar su iglesia, osease, a San Pedro, podría -decía- haberle traspasado algunos de sus poderes mágicos, como por ejemplo devolver la vista a los ciegos, o algo más pedestre como transmutar el vino en la mismísima sangre del salvador, lo que hubiera sido muy útil para las celebraciones eucarísticas y hubiera evitado importantes transtornos a los curillas de hoy en día, sucesores en nómina del “primero de los pescadores”, tal y como está la cosa del alcohol y el tráfico.

Y es que en Italia los carabinieri han estado a punto de enchironar a un párroco por andar conduciendo bajo los efectos del alcohol, lo que demuestra más allá de toda duda que el milagro de la transustantación no opera tan fenómeno como debería y que, como tal milagro, pertenece al mundo de lo sagrado y esotérico, pero no al controlado por los reglamentos de seguridad vial y por la Jefatura de Tráfico del país italiano.

Me puedo imaginar al pobre curilla intentando convencer al guardia de turno que lo que en realidad ingirió durante las misas fué ciertamente la sangre de cristo, y no la mistelilla dulzona y traicionera que suele usarse en estos menesteres, esa que sisábamos cuando niños en nuestros preparatorios de monaguillos (junto con generosas raciones de pan de hostia, eso sí, sin consagrar). Pues no cuela, o no coló, vaya, y el sacerdote tuvo que renunciar a conducir, entregar su carné a los carabinieri y llamar a su familia política para sacarle del embrollo.

Lo que en realidad me interesa más de todo éste asunto no es cómo es que el alcohol delator no se transmutó en la sangre del mesías, tal y como parece obrarse durante la celebración de la eucaristía, sino el que el curilla tragoncete dió casi el doble de índice alcohólico de lo permitido en Italia, y que no correspondería de ningún modo a los cuatro chupitos reglamentarios (uno por misa), sino más bien a una ingesta bastante más sobradita y concienzuda… digamos similar a como si se hubiera detenido el hombre, entre misa y misa, a tomar algún tentempié adicional en alguno de los baretos de carretera cercanos a su parroquia.

En fin, pasemos sobre el asunto de puntillas, aunque hilando fino se le pueda sacar más provecho, y roguemos al jefe superior de tráfico italiano que devuelva al cura los puntos perdidos sin más inconvenientes. Y que el ensotanado de ahora en adelante celebre sus misas con zumito de arándanos, que para el caso…

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Fuente: ¡Existen los fantasmas!