Thursday, May 14, 2009

Teocracia contra democracia

Los ideólogos de la democracia cristiana insisten corrientemente en la “inspiración evangélica” de la democracia, como si esta clase de régimen tan sólo pudiera arraigar dentro de una “nación cristiana”. Se ignora, sin embargo, que las primeras ideas democráticas surgen en naciones paganas no cristianas, como Grecia y Roma, donde aparecen los tribunos populares y el primer reconocimiento de la igualdad entre ciudadanos, según Theodor Mommsen, varios siglos antes de Jesucristo y de Constantino. Pero -lo que resulta menos disculpable- también se pasa por alto la historia más reciente, cuando el “fascismo clerical” tan típico del siglo XX corona un prolongado periodo reaccionario de la Iglesia. Si la época reciente consagra a la “democracia cristiana” es precisamente como una alternativa a los nexos históricos entre el cristianismo y la reacción. No es una extraña alianza: a los tradicionalistas cristianos y los fascistas les vincula un fuerte resentimiento contra las ideas de la Ilustración, el liberalismo, el socialismo ateo…y por supuesto la democracia.

Como escribe Hobsbawm: “En el periodo en que se produjo la caída del liberalismo, la Iglesia se complació en esa caída, con muy raras excepciones”.

El ideal político del cristianismo tradicional nada tiene que ver con la democracia. También en España, desde Suárez y Sepúlveda hasta Cortés, el ideal es una monarquía dirigida por benevolentes príncipes cristianos. Tan es así que es precisa una era de revoluciones catastróficas para profundizar en los regímenes democráticos de carácter liberal (donde la ley religiosa deja progresivamente de fundar a la ley civil). Y -lo que resulta aún más paradójico esta vez para el relato democrático-, a menudo estos regímenes liberales son “impuestos” por minorías revolucionarias y voluntaristas. En realidad, es incluso posible dudar de que la democracia sea una preferencia popular o “natural”.

Artículo completo en: La revolución naturalista