Sunday, April 26, 2009

Creencias y prácticas religiosas en España

Parece ser que en nuestro país existe una gran mayoría de personas que practican la fe católica. Así ha sido en el pasado y seguramente así seguirá siendo en un futuro no muy lejano. Y es que a pesar de que exista la libertad religiosa, el entorno y la educación parecen determinantes a la hora de predecir si una persona será religiosa o no, y qué fe religiosa será la suya. Así que se podría decir que la libertad se ve condicionada por el entorno, en forma de influencia social. Eres libre, pero te enseñaremos a seguir nuestras ideas religiosas, sería la conclusión.

Esta idea de la influencia de la educación sobre las ideas religiosas no es algo nuevo. Es algo de hecho bastante evidente, que en aquellos países con una mayoría religiosa clara de una determinada condición, es más probable que alguien siga dicha condición. Es la influencia del entorno. Ya lo decía estupendamente Richard Dawkins…

Pero vamos a los datos, ¿es esto cierto? Realmente tiene la educación cierta influencia en nuestras creencias religiosas. Según un estudio publicado en la revista de sociología del CSIC el año pasado, parece ser que sí. Al menos eso se comentaba en dicho documento. Además dicho estudio se ha hecho para la población española. Podemos consultarlo aquí. En concreto un párrafo de gran interés sobre este tema es el siguiente, extraído de la página 39…

“Brañas Garza y Neuman (2006) muestran que, en la misma base de datos, sólo el 8 % de los sujetos educados como católicos dicen, en la mayoría de edad, no creer en nada, mientras que un 2 % se declara ateo, es decir, que el 90 % sigue siendo católico. Sólo el 5 por mil (12 individuos) cambian a otra religión. En suma hay evidencia notable de que el cambio de religión es poco frecuente.”

Hay que tener en cuenta que este tipo de estudios sociológicos se basan la mayoría en encuestas, en las que se pretende medir las diferentes variables mediante escalas tipo likert, por lo que al final los datos que se consiguen se basan en lo que “la gente cuenta”. Pero bueno, no deja de ser interesante que toda esa gente “diga que sigue la fe católica”.

Otras conclusiones del estudio son que las mujeres muestran un índice mayor de creencias religiosas en nuestro país, así que si no eres religioso y eres chico, mala noticia supongo. Sobre todo si uno espera casarse y lee esto…

“Nuestros datos dicen que los casados son más religiosos (en las dos dimensiones) y lo son todavía más si están casados con católicos. Nótese que, en el caso de los españoles, el 90 % de los casados lo están con católicos.”

También se comenta que en las zonas urbanas se cree menos y que aquellos con mayor nivel educativo creen menos. Para leer las conclusiones al completo se pueden encontrar en el estudio enlazado arriba. Para más detalles siempre se puede leer uno el artículo completo, que no es muy largo y está interesante.

Una cosa curiosa para terminar. Las creencias religiosas a lo largo de la vida siguen una gráfica con forma de U. Cuando se es joven se cree más y cuando uno se va haciendo mayor se vuelve a creer. Ver página 41 del estudio.

En fin, sé que éste es un tema polémico en cierta medida, ya que a veces la curiosidad científica sobre aspectos de nuestro comportamiento como es la práctica de la religión, puede ser vista por muchos como un ataque. Espero que no sea vista esta entrada en este sentido, y que no se me lapide en los comentarios. Sólo pretendo mostrar una visión crítica sobre el tema, en función de las evidencias disponibles. Espero que nadie se sienta ofendido, pues no es la intención de esta entrada ofender.

Fuente: Psicoteca
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La ONU ¿a favor de los fundamentalismos?

En un artículo de El País del pasado día 19, Soledad Gallego-Díaz se adentra en un asunto controvertido pero de gran trascendencia social y política para las democracias del mundo. La autora reseña el debate que comenzó el día 20, en la sede de la O.N.U., sobre un informe del senegalés Doudu Diène que pretende “alertar” sobre lo que denomina “difamación de las religiones” y lo que considera la “expansión de una cultura contraria a la religión”.

La Organización de Naciones Unidas es un Organismo Internacional que, fundado en 1945, implica a 192 Estados miembros en una cooperación para preservar a la humanidad de la guerra, promover el progreso social, mantener la paz y la seguridad internacional, y llevar a cabo la búsqueda conjunta y pacífica de soluciones a los problemas y conflictos globales. Uno de sus mayores logros y, a la vez, su más ambicioso objetivo es, en teoría, promulgar y garantizar el cumplimiento universal de la Carta Magna de los derechos humanos.

Artículos 18 y 19 de los Derechos Humanos

El artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (proclamada en resolución de Asamblea general de la ONU el 10 de diciembre de 1948) garantiza el derecho universal a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; y el artículo siguiente, el 19, garantiza, a su vez, la libertad de opinión y de expresión, como un ideal común, que todos los pueblos y naciones deben esforzarse por conseguir “por el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias”, a fin de que “el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”. (Estas últimas son palabras literales del preámbulo de la Declaración).

¿Vetar los derechos humanos?

Resulta, cuanto menos, asombroso que el máximo organismo internacional que supuestamente vela por el reconocimiento de esos derechos inalienables contemple un debate cuyo objetivo es, con evidencia, recortar esos derechos, amordazar libertades supremas y proteger a las religiones que, por cierto, suelen ser las grandes “expertas” en, además de difamar a los que no comparten sus postulados, alienar a los ciudadanos de los derechos por los que la ONU debería velar.

Las religiones son las que más difaman

Quizás el debate debiera centrarse en alertar sobre la “difamación a la inteligencia humana y a los Derechos Humanos” ante los severos ataques, tanto verbales como políticos, que algunas democracias soportan de las religiones. El caso de España sería muy gráfico y no hay duda de que se podría redactar un informe de muchas páginas conteniendo insultos, difamaciones y despropósitos intolerables contra el Estado de Derecho y contra la voluntad de la ciudadanía por parte de la Iglesia católica.

Ban Ki-moon miembro de la Secta Moon

Quizás no sea casual que el actual Secretario general de la ONU (el coreano Ban Ki-Moon) pertenezca, según múltiples fuentes, a la Iglesia de la Unificación (también denominada Secta Moon), y quizás tampoco sea casual que la Iglesia católica ostente la anacrónica función de “Observador permanente como Estado no miembro” en la ONU, cuando ni siquiera ha firmado la Carta Magna de los Derechos Humanos. La deducción de conclusiones ante este silogismo es muy sencilla.

Neo-medievalismo teocrático

Los gobiernos y los mandatarios de los países que refrendan los Derechos Humanos deberían aliarse contra estas actuaciones que podrían suponer el retroceso de las sociedades hacia nuevas formas de medievalismo teocrático, la vulneración de derechos fundamentales que sustentan la dignidad suprema del ser humano por encima de cualquier ideología o confesión, y el sometimiento de las instituciones públicas a los totalitarismos religiosos. Hay que recordar, por otro lado, que los Derechos Humanos están formulados en defensa de los ciudadanos, y no de ideologías, credos o confesiones, y ambas premisas son, del todo, incompatibles.

Alianza democrática contra las tiranías

Porque nadie deberíamos olvidar que las tiranías, las guerras, las dictaduras y los genocidios vienen, casi siempre, promovidos por las religiones en su afán fundamentalista por imponerse sobre la razón, los derechos humanos y los avances democráticos. Espero y deseo que la fortaleza de los mecanismos democráticos internacionales sea lo suficientemente férrea como para superar este desvarío inaudito que pretende vetar la libertad de expresión y, por tanto, anular uno de los principales derechos humanos. Aunque, como dijo el político inglés John Morley, “nunca se convence a un hombre ni a un pueblo por reducirle al silencio”, y, como dijo Rubén Darío, “la verdad, aunque sea acallada, sigue siendo la verdad.”

(A modo de epílogo me permito dedicar estas palabras y la intención que las motivan a un gran ser humano y gran amigo que acaba de morir y que logró ser, mientras vivió, una persona libre.)

Coral Bravo es Doctora en filología y miembro de Europa Laica

Enlace relacionado: 10 religiones de las que usted nunca conoció de su existencia

Fuente: elplural.com
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La autonomía de lo temporal

En los Estados teocráticos o con fuerte predominio de una religión suele producirse confusión entre religión y derecho, ciencia y moralidad, ética civil y moral religiosa, pecado y delito, legalidad y moralidad, que dificulta o impide la autonomía de lo temporal (política, cultura, ciencia, etcétera) y da lugar a conflictos en la esfera pública. Sobre todo a la hora de legislar sobre cuestiones que las religiones o la religión mayoritaria (con frecuencia protegida por el Estado) consideran parte de la llamada ley natural, de la que se creen las únicas intérpretes autorizadas. Entre esas cuestiones están el origen y el final de la vida, la concepción del matrimonio, las relaciones sexuales y todo lo relacionado con las mujeres y los derechos reproductivos y sexuales. Se exige a los poderes públicos que declaren delitos lo que para las religiones son pecados y que se castigue con penas temporales los comportamientos que para las religiones merecen penas y sanciones religiosas -algunas, eternas-.

Dos ejemplos de esta confusión son la homosexualidad y el aborto. En torno a 90 países imponen multas y recurren a la tortura contra los homosexuales y en ocho países musulmanes se les aplica la pena de muerte. Con motivo del 60 aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, Francia, en representación de la UE, presentó ante la ONU una declaración a favor de la “despenalización universal” de la homosexualidad. Colectivos musulmanes y cristianos progresistas apoyaron dicha declaración. Sin embargo, el Vaticano opuso una fuerte resistencia, lo que suponía legitimar la condena de millones de gays y lesbianas.

En el debate sobre el aborto sucede algo parecido. Los obispos califican el aborto de crimen y de acto terrorista, consideran su aceptación social como “lo más grave” y afirman que ensombrece la democracia. El Código de Derecho Canónico establece la excomunión latae sententiae para quien procura el aborto (canon 1.398). Pues bien, la jerarquía católica quiere que las penas canónicas tengan su correspondencia en la legislación penal. ¡Como en el nacionalcatolicismo!

El problema de fondo radica en que los dirigentes religiosos no aceptan la laicidad del Estado y de sus instituciones, como tampoco la división de poderes, y ellos mismos se erigen en cuarto poder del Estado; reclaman una especie de derecho de veto en el terreno legislativo; quieren seguir siendo los guías morales de la sociedad y, en fin, no reconocen la autonomía de la moral y del derecho. Se ha producido un importante retroceso tanto en el catolicismo, en relación con el Vaticano II, que defendió la secularización y la separación entre Iglesia y Estado, como en la religión musulmana, inmersa en un proceso de islamización de la política, del derecho, de la ética y de la sociedad.

Las autoridades religiosas están en su derecho a intervenir en el debate ético, político y legislativo, pero sin erigirse en instancia última de legalidad, ni en tribunal inapelable de moralidad, ni en fuente inspiradora del derecho.

Autor: Juan José tamayo
Fuente: ElPais.com