Saturday, April 11, 2009

Organziaciones rechazan la campaña sobre difamación de las religiones

Más de 180 organizaciones de derechos de todo el mundo se unieron para oponerse a una campaña de “difamación de religiones” en la ONU, montada por estados islámicos, que convertiría la crítica a la religión en un crimen en las resoluciones, declaraciones y conferencias mundiales de la ONU.

Recientemente, Pakistán, a nombre de la Organización de la Conferencia Islámica (OIC), presentó una resolución para “combatir la difamación de las religiones” en la sesión actual del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Aunque el texto se refiere frecuentemente a proteger a todas las religiones, la única religión que se especificaba como atacada es el islam. La resolución de someterá a votación el último día de la sesión, el 27 de marzo.

La OIC, una organización intergubernamental que abarca 57 estados en lo que la población es en su mayoría o en grado importante musulmana, arreció su lucha para que el concepto de que la difamación religiosa se agregue a las resoluciones de la ONU tras los ataques del 11 de septiembre. La presión de proteger las religiones de la difamación ha estado creciendo, especialmente desde la polémica de las caricaturas danesas en 2005.

Varios miembros de IFEX, como Freedom House (Casa de la Libertad), que coorganizó la declaración conjunta, han hecho campaña contra la creciente tendencia de usar las leyes de difamación religiosa para limitar la libertad de palabra.

Argumentan que los creyentes religiosos tienen el derecho de no ser sometidos a discriminación debido a sus creencias y que como tales están protegidos por el derecho internacional. Pero no pueden esperar que su religión esté libre de toda crítica.

Además, dicen los 186 signatarios, las resoluciones “se pueden usar en algunos países para silenciar e intimidar a los activistas de derechos humanos, los disidentes religiosos y otras voces independientes”, así como para legitimar leyes arcaicas contra la blasfemia, que siguen en los códigos de muchos estados miembro de la UE.

Los signatarios expresaron que el concepto de la difamación de religiones, que dicen que no tiene base en el derecho nacional o internacional, resucitará en otros lugares, incluyendo la conferencia mundial de seguimiento de contra el racismo, apodada Durbán II, que se celebrará en Ginebra en abril.

Los 186 grupos están pidiendo a todos los gobiernos que se opongan a la resolución en el Consejo de Derechos Humanos esta semana, así como a cualquier resultado en la conferencia de revisión Durbán que apoye directa o indirectamente la campaña de difamación de las religiones “a expensas de libertades básicas y derechos humanos individuales”.

Fuente: elmercuriodigital.es

Ciencia y religión

Barack Obama, presidente de los Estados Unidos, ha desbloqueado la investigación con células madres, prohibida hace años por su antecesor Bush, que adujo para ello razones éticas y religiosas (¿qué es la conciencia para algunos?). Obama rompe en añicos el trágico sometimiento de la ciencia a la religión. El nuevo presidente se enfrenta así al mundo religioso, y sobre todo a la Iglesia Católica, que ya ha rechazado su actitud haciendo caer sobre su postura las más destructivas maldiciones. La Iglesia Católica ha sido siempre contraria a la investigación científica, incluso cuando esa investigación pueda eliminar enfermedades terribles que hoy padecemos y que podrían ser erradicadas. La religión católica siempre ha tenido miedo a la ciencia. Ha preferido hacer del dolor y la muerte un elemento expiatorio incomprensible, antihumano y blasfemo. Lo misterioso es el núcleo central de todas las religiones, pero resulta inaceptable cuando proviene de la Iglesia católica, que se proclama fruto de una revelación y hace de Jesús una epifanía. El hombre no tiene que aspirar a ser como Dios (concepción griega) porque Dios ha decidido ser como el hombre (visión cristiana).

El hombre sostiene en sus manos la finitud ontológica de sí mismo. La ciencia ahonda en la humanidad y va siendo noticia luminosa para la propia humanidad. Por ella va conformando su libertad frente al mundo, su dignidad, su grandeza. Frenar la ciencia es oponerse al porvenir humano y a la búsqueda de un mundo mejor.

La Iglesia tiene miedo al avance científico que deshoja el misterio. La evolución darwiniana sitúa el relato de la creación en su auténtica dimensión. Pero las mitras se mueven más cómodas en la ignorancia. Dominan mejor las conciencias. La opacidad y lo inexplicable son el caldo de cultivo de la jerarquía dominante en la Iglesia católica. Lo milagroso es más rentable, económicamente incluso, que un manojo de estrellas en las manos.

La Iglesia se ha nutrido del oscurantismo durante siglos, y en el oscurantismo se han basado dogmas inapelables, inmutables, impuestos a la intimidad, hasta hacer de la fe del carbonero un modelo de humanidad desprestigiada, apóstata de sus facultades mentales, incompatible con la libertad creadora y fecunda. Se ensalza la fe que abandona la búsqueda y se desprecia la roturación de caminos que llevan a campo abierto, a cumbres anchas y humanizantes. La grandeza del hombre se logra siempre (piensa la Iglesia) en detrimento de la grandeza de Dios, pero dicha visión entraña un absoluto desprecio de Dios y del hombre.

La Iglesia ha renunciado secularmente a su proximidad con el mundo. Prefiere situar su reino fuera de él. Pero el hombre no tiene otro espacio para su realización. O la Iglesia se hace carne y habita entre nosotros, o el hombre seguirá su quehacer secularizando el camino, fecundando el misterio y alumbrando horizontes abiertos de esperanza.

Fuente: elcomerciodigital.com

Un delito inaceptable

Sin proponérselo, una trascendental resolución del Consejo de Derechos Humanos (CDH) de la ONU pone sobre la alfombra de la Semana Santa el espinoso tema de la religión y la libertad de pensamiento. Por presión de los países islámicos del CDH, este organismo aprobó el 26 de marzo un documento que “repudia la violencia y los ataques físicos y psicológicos contra las personas, en función de su religión o creencias”. ¿Quién podría oponerse a tan noble condena, acorde con la libertad de conciencia que consagra la Declaración de Derechos Humanos?

Sin embargo, tras la frondosa retórica burocrática suelen agazaparse dañinas amenazas. Así ocurre con esta resolución, fruto de una prolongada acción fundamentalista contra la que vienen advirtiendo numerosos defensores de la libertad de expresión. El propósito de fondo es trasladar la ley moral mahometana (sharia) a la órbita de la ONU o, como denuncia una ONG, la consagración de que todo ataque al islam es “una grave afrenta contra la dignidad humana” y un atentado contra la libertad religiosa. El pretexto de la resolución son las críticas que han sufrido en Occidente algunos gobiernos y creyentes mahometanos, en particular los más fanáticos, tras los atentados del 11 de septiembre del 2001. Los regímenes teocráticos aspiran a que la resolución impulse la consagración de la “difamación religiosa” como delito.

Aprobada por la mayoría que tiene en el CDH la Conferencia Islámica, y con la abstención de casi todos los delegados latinoamericanos, la declaración favorece indirectamente a las demás religiones, pues entroniza el castigo de cuanto ellas consideren ofensivo. En cambio, siembra la alarma en entidades protectoras de derechos humanos y motivó a Barack Obama a anunciar que buscará un puesto en el Consejo, del que está ausente. Casi 200 ONG de más de 50 países -entre ellas el Pen Club, la Freedom House y agremiaciones de periodistas- se oponen al inaceptable pronunciamiento, “grave amenaza para la libertad de expresión”. Varias publicaciones europeas y norteamericanas denuncian este avance de las fuerzas retardatarias en la ONU y afirman que viola libertades consagradas en la Declaración de Derechos Humanos.

Tienen razón. Resultan muy respetables los sentimientos religiosos, pero la fe de los creyentes no es más que una opinión metafísica que por ningún motivo debe ostentar categoría superior a otras ideas. Sería insensato tipificar como delito la execración de un sistema político o una concepción científica; así mismo, parece inaceptable reprimir penalmente las críticas contra una religión, como se pretende.

En los países teocráticos, la discrepancia con el Dios oficial se reprime con castigos físicos, cárceles o aun la muerte. Lamentablemente, otras naciones, de estirpe laica, han elevado la crítica religiosa a la categoría de delito. No nos referimos a la injuria, la violencia antirreligiosa o el racismo, que merecen castigo, sino a opiniones que atacan la fe ajena. En Canadá, por ejemplo, un denuesto contra una religión puede ser ilegal. Sin ir muy lejos, en Colombia el Código Penal contiene un artículo que habría provocado delirio en la Conferencia Islámica. Es el 203, que consagra como delito el “agravio” a cultos religiosos, sus símbolos o sus miembros. Según se entienda, esta norma, que quiso esgrimirse ya en un fracasado intento de censura de prensa, considera delincuente a quien ofenda los sentimientos religioso de otro. Logra así criminalizar la “difamación religiosa”, esperpento jurídico que anticipa la peligrosa resolución de la CDH, deshonra el espíritu liberal de nuestra Constitución y atenta contra la libertad de expresión de la Carta de la ONU.

La dignidad y el vigor de una religión deben emanar de ella misma, de sus planteamientos y su coherencia, no de los gendarmes que la escolten.

Fuente: ELTIEMPO.COM (Colombia)

Religión y sociedad laica

En España va habiendo, cada vez más, inmigrantes de otras religiones. Desde siempre hemos estado acostumbrados a que hubiese sólo la católica. Los colegios públicos se van llenando de sus hijos. Cada uno exige que se respeten sus pequeñas “manías” particulares.

En el comedor escolar no puedes poner cerdo a los musulmanes porque es un grave pecado, a los hindúes es la vaca o ternera lo que no puedes ponerle, a los testigos de Jehová es la sangre y sus derivados, para los yazidíes es la lechuga el gran pecado, los católicos los viernes de cuaresma… Un lío de mil demonios. De momento se queda en eso, quizá más adelante lleguen los choques y los problemas. Nos acordamos entonces de la norma en la escuela pública laica en Francia y otros países: no a los signos externos religiosos ostensibles.

La más adecuado es que los ritos religiosos sean practicados por cada uno en su casa y por cada comunidad en su templo, como en los países avanzados. Pero en España , mucha gente gusta de practicar la religión en la calle, a la vista de todos. Ocasionando molestias a los demás: el tráfico, el aparcamiento, la grúa que te lleva el coche… Más que religión, ésto es exhibición.

Imagínate la que se nos puede estar preparando: por una calle los unos con las cruces y los santos; por la otra calle los otros dándose con las espadas en las cabezas ensangrentadas gritando Alá es el más grande; los otros que no, que el más grande es el suyo,… por otra calle… Esto podría terminar como el rosario de la aurora. Dios (el que sea) nos coja confesados.

Al igual que sale a la calle un desfile de carnaval o un desfile de moros y cristianos puede salir este otro tipo de desfile. Cada fiesta con su disfraz. Si se le enfoca así, como espectáculo, como exhibición, desacralizado, tiene el mismo derecho a utilizar la calle que el carnaval. No debería haber inconveniente. La calle es de todos y está para las fiestas.

Lo malo es que a menudo nos encontramos con gente que se hacen los serios y los trascendentes, exigiendo que todos en la calle guarden silencio a su paso,… intentándonos convencer con rostros serios y graves que eso es devoción y no sé qué historias más. Si uno se lo toma así, es mejor que se quede en su templo y practique su religión allí

En los años de posguerra, si algún transeúnte o espectador, sonreía, reía o se consideraba que había guardado una actitud poco respetuosa en la calle al pasar la procesión, se exponía a una multa, cuando no se le propinaba una buena paliza en el cuartel.

La religión suele carecer de sentido del humor. En España, hasta hace poco, no hemos sabido celebrar una fiesta como no fuera sacando los santos a la calle.

La España de charanga y pandereta, devota de Frascuelo y de María que escribiera el poeta. Ello denota la dependencia que había de la Iglesia y de los curas.

Autor: José Boj Quesada

Fuente: lasprovincias.es

Un niño de 11 años se suicida porque sus compañeros en la escuela se mofaban de el, usando la religión como excusa

Un niño de 11 años se suicida porque sus compañeros en la escuela se mofaban — usando la religión como excusa — por una percibida orientación homosexual. Un hombre abiertamente gay se convierte en el primero en ser consagrado obispo de una denominación religiosa. Ese es el poder la religión. Puede ser utilizado para bien o para mal. En momentos en que se celebra la Semana Santa para los cristianos, la Pascua Judía, Milad un Nabi para los musulmanes, la conmemoración de Magha Puja para los budistas, entre otras celebraciones de diversas religiones, tenemos que reflexionar sobre el poder que la fe tiene para destruir o construir.

La homofobia está arraigada en muchas religiones y es usada diariamente para justificar el prejuicio en contra de las personas lesbianas, gays, bisexuales y transgéneros (LGBT). Estos niños que amenazaron, hostigaron y humillaron a Carl Walker, no nacieron con ese prejuicio en sus mentes y mucho menos en sus corazones. Lo aprendieron de sus familiares adultos, de sus iglesias, de la sociedad. Los prejuicios no nacen con el ser humano, se aprenden. Hace sólo unos días, este estudiante del sexto grado, Carl, se suicidó colgándose con un cable. A diario, sus compañeros de escuela usaban la reli- gión como la excusa para degradarlo, por una percibida orientación homosexual.

Afortunadamente, hay muchas personas de fe que están haciendo la diferencia, viviendo su fe en amor. El obispo episcopal de la diócesis de Nueva Hampshire, Gene Robinson es una de esas personas, que han perseverado en su fe para mover a sus denominaciones de vuelta a su base de amor e inclusión.

Recibió amenazas de muerte y tuvo que usar un chaleco a prueba de balas el día de su consagración como obispo pero perseveró. Aún cuando la controversia —traída por sectores fundamentalistas— sobre su ordenación amenaza con dividir la fe Anglicana, él sabe que está en el lado correcto de la historia y se muestra confiado en que al final del camino, su iglesia no tan sólo abrazará su ordenación, sino que abrirá las puertas abiertas de par en par para las personas LGBT, pues sabe que el amor siempre triunfa.

Aprovechemos esta semana para reflexionar sobre el rol de la religión en nuestras vidas y sobre la sociedad que queremos ser. Preguntémonos: ¿Vamos a permitir que aquellos que quieren un encuentro con su religión lo hagan y puedan vivir su vida abiertamente dentro de su fe? ¿Vamos a permitir que las religiones reconozcan la humanidad de las personas lesbianas, gays, bisexuales y transgéneros?

En fin, ¿vamos a repetir la triste historia de los innumerables sucesos en que la religión fue usada para perseguir, humillar y violentar a seres humanos o vamos a usar el poder de la religión para el bien, para construir, para amar?

Yo apuesto al amor, yo apuesto a la humanidad. Por el bien de todos, sigamos ese mandamiento, esa máxima humana: amemos al prójimo como a ti mismo. Es lo menos que podemos hacer.

Noticia completa en: impre.com