Thursday, April 9, 2009

Mitos y verdades de Jesús: la muerte sin testigos

El acontecimiento más detallado de los evangelios es el de la pasión y crucifixión, pero los discípulos no estuvieron allí. ¿Cómo se escribió algo que nadie vio?

¿De dónde surge la reconstrucción de los acontecimientos, las conversaciones mantenidas con Pilato, el Sumo Sacerdote de Israel Caifás, y hasta los diálogos con los ladrones?

Los expertos coinciden en que la composición de la pasión y muerte ofrecen una mirada con el enfoque de las comunidades cristianas que dejaron de ver a Jesús como hombre y lo convirtieron en Dios. El libro de J.A. Pagola explica que el evangelio de Mateo está plagado de menciones proféticas del Antiguo Testamento, introducidas con el fin de dar cuenta de que todo lo que esperaba Israel se había hecho realidad en ese hombre condenado a la cruz.

Cada evangelio ofrece su versión de la pasión. Por ejemplo, la última cena no pudo ser la típica cena pascual, porque los relatos hablan de la ejecución en Jerusalén el día anterior a la Pascua judía, y los escritos no precisan ningún dato concreto de la celebración tradicional, por lo que de haber existido este hecho, no fue con motivo de la Pascua, sino un encuentro con sus discípulos.

Los primeros cristianos, a medida que la imagen de Jesús se iba convirtiendo en Dios, comenzaron a recrear los momentos de la pasión y los detalles de los que no hubo testigos.

¿Por qué condenan a muerte a Jesús?

La tradición nos dice que fue por la blasfemia de considerarse el Hijo de Dios, el Rey de los Judíos y el Mesías, sin embargo, las razones no parecen suficientes. Hay un dato más mundano: en el pueblo judío surgieron muchos líderes con planes de rebelión ante el dominio de Roma. Estas revueltas terminaban siempre de la misma manera:;con la condena a muerte de los cabecillas y en lugares públicos y concurridos para que los hechos sirvieran de lección.

En el año 45, Teudas era un líder que fue condenado a muerte por orden del gobernador Fado. En el 55, un profeta popular conocido como el Egipcio fue asesinado junto a sus seguidores por órdenes de Félix. Era un hecho muy común y la mejor manera de atemorizar al pueblo. Por lo tanto, un movimiento nuevo que pusiera en duda la autoridad de Roma y, sobre todo, de los sumos sacerdotes de Israel, era motivo suficiente para una condena a muerte. Algunos investigadores creen que la anécdota del templo en la que Jesús la emprende a palos contra los puestos de venta, pudo ser la razón que motivó su detención y posterior ejecución.

Las imágenes que impuso la tradición muestran a un Jesús ensangrentado, de mirada triste, cargando una cruz. La crucifixión tenía una técnica muy mecanizada y era uno de los castigos que el Imperio romano adoptó de los cartagineses: torturar a un condenado y clavarlo en una cruz, en un lugar concurrido para que sirva de escarnio hacia quienes piensen en desafíar la autoridad de Roma. El Gólgota es un monte a las afueras de Jerusalén, sobre un camino muy transitado. La crucifixión muestra a un hombre cargando un ‘patibulum’, el madero horizontal, custodiado por unos cuatro soldados. Las ejecuciones suelen incluir a varios condenados.

La muerte de un crucificado es lenta y se produce por asfixia, ya que el paso de las horas agota y entumece los músculos, al no poder sostenerse el peso del cuerpo, los pulmones pierden la capacidad de incorporar oxígeno. La agonía puede durar días, por eso era frecuente romper los huesos de las piernas de los condenados, para que al quedar suspendidos de los brazos, sin apoyo, la muerte sobreviniera rápidamente.

Otro detalle es que las crucifixiones no se ejecutaban a gran altura. La representación típica de Jesús en la cruz lo muestra con los pies por encima de la cabeza de un adulto de pie, por el contrario, la altura no estaba más allá de los 40 centímetros del suelo. Cuando el condenado moría, su cuerpo era alimento de las aves de rapiña y de los perros salvajes y los restos eran retirados días después para ser tirados en fosas comunes.

Las ejecuciones en Judea eran ordenadas por la autoridad romana, en este caso, Poncio Pilato (hace algunos años se descubrió un edificio en el que su nombre estaba inscripto). El nuevo Testamento hace hincapié en la presión de las autoridades judías para que Jesús sea ejecutado. Esta versión se atribuye también al temor de las primeras comunidades cristianas, que para evitar persecuciones de los romanos, remarcaron la responsabilidad de los judíos en la muerte de Jesús.

A partir de las fuentes (evangelios canónicos, apócrifos y otros datos) la muerte de Jesús habría sido el 7 de abril del año 30, a los 36 años de edad (recordar que está reconocido el error del calendario gregoriano).

Nada se sabe qué pasó con el cuerpo, una vez que había muerto. Sus discípulos habían huido por temor a ser capturados y condenados. Los evangelios hablan de un hombre que pidió autorización para retirar el cuerpo y enterrarlo en un sepulcro nuevo, pero siendo la víspera de Pascua, una celebración tan importante, parece difícil que la burocracia de aquellos tiempos actuara con tanta celeridad para permitir el acceso a un condenado a muerte.

La evidencia de estos acontecimientos es difícil de contrastar, los datos son mínimos. En 1990 se descubrió en Jerusalén el osario que supuestamente pertenecería al Sumo Sacerdote Caifás, mencionado como el principal impulsor de la condena a muerte de Jesús. Ya dijimos que las evidencias sobre Pilato fueron descubiertas en excavaciones donde su nombre aparecía inscripto en un edificio.

La recreación de la crucifxión es un relato adornado por escribas que fueron incorporando los hechos a medida que el nombre de Jesús, un hombre que había cautivado como un profeta y líder espiritual, se fue convirtiendo en “el Hijo de Dios” o “Dios encarnado”.

Fuente: CadenaSer

Los templarios y la sábana santa: el Vaticano contra el análisis del carbono 14

El análisis del radiocarbono fechó hace veintiún años la sábana santa “entre 1260 y 1390 (±10 años), con una fiabilidad del 95%”. Demostró, por tanto, que la pieza no pudo envolver el cuerpo de Jesús de Nazaret en el siglo I. Sin embargo, Barbara Frale, historiadora que trabaja en los Archivos Secretos Vaticanos, aseguraba el domingo en L’Osservatore Romano que los templarios se hicieron con la tela de lino durante el saqueo de Constantinopla, en 1204, y luego la mantuvieron oculta y veneraron en secreto durante más de cien años hasta su reaparición en Lirey (Francia) a mediados del siglo XIV.

El anuncio de Frale, bendecido por el órgano oficial de la Santa Sede y convenientemente hecho en Semana Santa, va a ser seguramente aprovechado para reabrir la polémica en torno a la datación científica del sudario de Turín, ya que la fecha que da la estudiosa para su obtención por los templarios es anterior a la calculada mediante el carbono 14 por tres laboratorios de Estados Unidos, Reino Unido y Suiza en 1988. Es muy posible que en las próximas semanas asistamos a la resurrección mediática de la autenticidad de la sábana santa, aunque nada haya cambiado desde que hace veintiún años el Vaticano admitió que la tela databa de la Edad Media. No ha trascendido qué pruebas tiene Frale para decir lo que dice; pero lo que está claro es que la reliquia que se exhibe en Turín data de mediados del siglo XIII, como muy pronto, así que en principio no pudo estar en Constantinopla en 1204.

Artículo completo en: Magonia

Otra vez tenemos ministros por la gracia de Dios

Los nuevos miembros del Gabinete de José Luis Rodríguez Zapatero acaban de prometer sus cargos ante un crucifijo y una Biblia. Otra vez, la presencia de símbolos cristianos en una toma de posesión ministerial viola el derecho a la libertad de conciencia de muchos españoles con la complicidad del presidente del Gobierno y del Jefe del Estado. ¿Llegará algún día el cambio de verdad? ¿Se cumplirá algún día el principio constitucional de aconfesionalidad del Estado?

Fuente: Magonia