Wednesday, April 29, 2009

Si eres ateo, demuéstrame que Dios no existe.

Para no creer en Dios no es necesario probar que no existe. Basta con cuestionar su existencia. La obligación de probar algo es de quien lo afirma, no de quien lo pone en duda.

Si yo digo “existe un hombre con barba y pelo blancos, vestido de rojo, que vive en el polo norte y trae regalos a los niños por navidad”, soy yo quien debe probar que esa generosa criatura existe, y no mi interlocutor quien debe probar la no existencia de este ser.

Eso es lo que los creyentes nunca han hecho, a pesar de creer en un ser aun más absurdo e inverosimil.

Para que se entienda mejor el argumento: Imaginense que apostamos 100 euros, a ver quien ha pescado el pez más grande.

Ustedes me enseñan una foto de su última pesca, y yo les muestro un dibujo a lápiz con un pez más grande que el suyo.

¿Se fiarían de mi, o me obligarían a demostrar que ese pez existe?

Fuente: Los Hombres de Negro
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Sunday, April 26, 2009

Creencias y prácticas religiosas en España

Parece ser que en nuestro país existe una gran mayoría de personas que practican la fe católica. Así ha sido en el pasado y seguramente así seguirá siendo en un futuro no muy lejano. Y es que a pesar de que exista la libertad religiosa, el entorno y la educación parecen determinantes a la hora de predecir si una persona será religiosa o no, y qué fe religiosa será la suya. Así que se podría decir que la libertad se ve condicionada por el entorno, en forma de influencia social. Eres libre, pero te enseñaremos a seguir nuestras ideas religiosas, sería la conclusión.

Esta idea de la influencia de la educación sobre las ideas religiosas no es algo nuevo. Es algo de hecho bastante evidente, que en aquellos países con una mayoría religiosa clara de una determinada condición, es más probable que alguien siga dicha condición. Es la influencia del entorno. Ya lo decía estupendamente Richard Dawkins…

Pero vamos a los datos, ¿es esto cierto? Realmente tiene la educación cierta influencia en nuestras creencias religiosas. Según un estudio publicado en la revista de sociología del CSIC el año pasado, parece ser que sí. Al menos eso se comentaba en dicho documento. Además dicho estudio se ha hecho para la población española. Podemos consultarlo aquí. En concreto un párrafo de gran interés sobre este tema es el siguiente, extraído de la página 39…

“Brañas Garza y Neuman (2006) muestran que, en la misma base de datos, sólo el 8 % de los sujetos educados como católicos dicen, en la mayoría de edad, no creer en nada, mientras que un 2 % se declara ateo, es decir, que el 90 % sigue siendo católico. Sólo el 5 por mil (12 individuos) cambian a otra religión. En suma hay evidencia notable de que el cambio de religión es poco frecuente.”

Hay que tener en cuenta que este tipo de estudios sociológicos se basan la mayoría en encuestas, en las que se pretende medir las diferentes variables mediante escalas tipo likert, por lo que al final los datos que se consiguen se basan en lo que “la gente cuenta”. Pero bueno, no deja de ser interesante que toda esa gente “diga que sigue la fe católica”.

Otras conclusiones del estudio son que las mujeres muestran un índice mayor de creencias religiosas en nuestro país, así que si no eres religioso y eres chico, mala noticia supongo. Sobre todo si uno espera casarse y lee esto…

“Nuestros datos dicen que los casados son más religiosos (en las dos dimensiones) y lo son todavía más si están casados con católicos. Nótese que, en el caso de los españoles, el 90 % de los casados lo están con católicos.”

También se comenta que en las zonas urbanas se cree menos y que aquellos con mayor nivel educativo creen menos. Para leer las conclusiones al completo se pueden encontrar en el estudio enlazado arriba. Para más detalles siempre se puede leer uno el artículo completo, que no es muy largo y está interesante.

Una cosa curiosa para terminar. Las creencias religiosas a lo largo de la vida siguen una gráfica con forma de U. Cuando se es joven se cree más y cuando uno se va haciendo mayor se vuelve a creer. Ver página 41 del estudio.

En fin, sé que éste es un tema polémico en cierta medida, ya que a veces la curiosidad científica sobre aspectos de nuestro comportamiento como es la práctica de la religión, puede ser vista por muchos como un ataque. Espero que no sea vista esta entrada en este sentido, y que no se me lapide en los comentarios. Sólo pretendo mostrar una visión crítica sobre el tema, en función de las evidencias disponibles. Espero que nadie se sienta ofendido, pues no es la intención de esta entrada ofender.

Fuente: Psicoteca
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La ONU ¿a favor de los fundamentalismos?

En un artículo de El País del pasado día 19, Soledad Gallego-Díaz se adentra en un asunto controvertido pero de gran trascendencia social y política para las democracias del mundo. La autora reseña el debate que comenzó el día 20, en la sede de la O.N.U., sobre un informe del senegalés Doudu Diène que pretende “alertar” sobre lo que denomina “difamación de las religiones” y lo que considera la “expansión de una cultura contraria a la religión”.

La Organización de Naciones Unidas es un Organismo Internacional que, fundado en 1945, implica a 192 Estados miembros en una cooperación para preservar a la humanidad de la guerra, promover el progreso social, mantener la paz y la seguridad internacional, y llevar a cabo la búsqueda conjunta y pacífica de soluciones a los problemas y conflictos globales. Uno de sus mayores logros y, a la vez, su más ambicioso objetivo es, en teoría, promulgar y garantizar el cumplimiento universal de la Carta Magna de los derechos humanos.

Artículos 18 y 19 de los Derechos Humanos

El artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (proclamada en resolución de Asamblea general de la ONU el 10 de diciembre de 1948) garantiza el derecho universal a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; y el artículo siguiente, el 19, garantiza, a su vez, la libertad de opinión y de expresión, como un ideal común, que todos los pueblos y naciones deben esforzarse por conseguir “por el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias”, a fin de que “el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”. (Estas últimas son palabras literales del preámbulo de la Declaración).

¿Vetar los derechos humanos?

Resulta, cuanto menos, asombroso que el máximo organismo internacional que supuestamente vela por el reconocimiento de esos derechos inalienables contemple un debate cuyo objetivo es, con evidencia, recortar esos derechos, amordazar libertades supremas y proteger a las religiones que, por cierto, suelen ser las grandes “expertas” en, además de difamar a los que no comparten sus postulados, alienar a los ciudadanos de los derechos por los que la ONU debería velar.

Las religiones son las que más difaman

Quizás el debate debiera centrarse en alertar sobre la “difamación a la inteligencia humana y a los Derechos Humanos” ante los severos ataques, tanto verbales como políticos, que algunas democracias soportan de las religiones. El caso de España sería muy gráfico y no hay duda de que se podría redactar un informe de muchas páginas conteniendo insultos, difamaciones y despropósitos intolerables contra el Estado de Derecho y contra la voluntad de la ciudadanía por parte de la Iglesia católica.

Ban Ki-moon miembro de la Secta Moon

Quizás no sea casual que el actual Secretario general de la ONU (el coreano Ban Ki-Moon) pertenezca, según múltiples fuentes, a la Iglesia de la Unificación (también denominada Secta Moon), y quizás tampoco sea casual que la Iglesia católica ostente la anacrónica función de “Observador permanente como Estado no miembro” en la ONU, cuando ni siquiera ha firmado la Carta Magna de los Derechos Humanos. La deducción de conclusiones ante este silogismo es muy sencilla.

Neo-medievalismo teocrático

Los gobiernos y los mandatarios de los países que refrendan los Derechos Humanos deberían aliarse contra estas actuaciones que podrían suponer el retroceso de las sociedades hacia nuevas formas de medievalismo teocrático, la vulneración de derechos fundamentales que sustentan la dignidad suprema del ser humano por encima de cualquier ideología o confesión, y el sometimiento de las instituciones públicas a los totalitarismos religiosos. Hay que recordar, por otro lado, que los Derechos Humanos están formulados en defensa de los ciudadanos, y no de ideologías, credos o confesiones, y ambas premisas son, del todo, incompatibles.

Alianza democrática contra las tiranías

Porque nadie deberíamos olvidar que las tiranías, las guerras, las dictaduras y los genocidios vienen, casi siempre, promovidos por las religiones en su afán fundamentalista por imponerse sobre la razón, los derechos humanos y los avances democráticos. Espero y deseo que la fortaleza de los mecanismos democráticos internacionales sea lo suficientemente férrea como para superar este desvarío inaudito que pretende vetar la libertad de expresión y, por tanto, anular uno de los principales derechos humanos. Aunque, como dijo el político inglés John Morley, “nunca se convence a un hombre ni a un pueblo por reducirle al silencio”, y, como dijo Rubén Darío, “la verdad, aunque sea acallada, sigue siendo la verdad.”

(A modo de epílogo me permito dedicar estas palabras y la intención que las motivan a un gran ser humano y gran amigo que acaba de morir y que logró ser, mientras vivió, una persona libre.)

Coral Bravo es Doctora en filología y miembro de Europa Laica

Enlace relacionado: 10 religiones de las que usted nunca conoció de su existencia

Fuente: elplural.com
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La autonomía de lo temporal

En los Estados teocráticos o con fuerte predominio de una religión suele producirse confusión entre religión y derecho, ciencia y moralidad, ética civil y moral religiosa, pecado y delito, legalidad y moralidad, que dificulta o impide la autonomía de lo temporal (política, cultura, ciencia, etcétera) y da lugar a conflictos en la esfera pública. Sobre todo a la hora de legislar sobre cuestiones que las religiones o la religión mayoritaria (con frecuencia protegida por el Estado) consideran parte de la llamada ley natural, de la que se creen las únicas intérpretes autorizadas. Entre esas cuestiones están el origen y el final de la vida, la concepción del matrimonio, las relaciones sexuales y todo lo relacionado con las mujeres y los derechos reproductivos y sexuales. Se exige a los poderes públicos que declaren delitos lo que para las religiones son pecados y que se castigue con penas temporales los comportamientos que para las religiones merecen penas y sanciones religiosas -algunas, eternas-.

Dos ejemplos de esta confusión son la homosexualidad y el aborto. En torno a 90 países imponen multas y recurren a la tortura contra los homosexuales y en ocho países musulmanes se les aplica la pena de muerte. Con motivo del 60 aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, Francia, en representación de la UE, presentó ante la ONU una declaración a favor de la “despenalización universal” de la homosexualidad. Colectivos musulmanes y cristianos progresistas apoyaron dicha declaración. Sin embargo, el Vaticano opuso una fuerte resistencia, lo que suponía legitimar la condena de millones de gays y lesbianas.

En el debate sobre el aborto sucede algo parecido. Los obispos califican el aborto de crimen y de acto terrorista, consideran su aceptación social como “lo más grave” y afirman que ensombrece la democracia. El Código de Derecho Canónico establece la excomunión latae sententiae para quien procura el aborto (canon 1.398). Pues bien, la jerarquía católica quiere que las penas canónicas tengan su correspondencia en la legislación penal. ¡Como en el nacionalcatolicismo!

El problema de fondo radica en que los dirigentes religiosos no aceptan la laicidad del Estado y de sus instituciones, como tampoco la división de poderes, y ellos mismos se erigen en cuarto poder del Estado; reclaman una especie de derecho de veto en el terreno legislativo; quieren seguir siendo los guías morales de la sociedad y, en fin, no reconocen la autonomía de la moral y del derecho. Se ha producido un importante retroceso tanto en el catolicismo, en relación con el Vaticano II, que defendió la secularización y la separación entre Iglesia y Estado, como en la religión musulmana, inmersa en un proceso de islamización de la política, del derecho, de la ética y de la sociedad.

Las autoridades religiosas están en su derecho a intervenir en el debate ético, político y legislativo, pero sin erigirse en instancia última de legalidad, ni en tribunal inapelable de moralidad, ni en fuente inspiradora del derecho.

Autor: Juan José tamayo
Fuente: ElPais.com

Saturday, April 25, 2009

Tranquilos: el pecado no es delito

Acostumbrada a contar los años desde la fecha -incierta- del nacimiento de su fundador Jesús, la jerarquía del catolicismo intenta imponer su concepto de familia, matrimonio, filosofía, ciencia y la vida misma. ¿Hacen política los obispos cuando reclaman, además, que el Gobierno legisle siempre de acuerdo con el evangelio cristiano? El cardenal Antonio María Rouco dijo el lunes que eso “no es hacer política en el sentido estricto de la palabra”. Añadió: “Se trata de procurar por medios legítimos el reconocimiento efectivo de aquellos valores éticos que trascienden y preceden la misma acción política”. La tesis de Rouco es que hay “principios prepolíticos”, de obligado cumplimiento. ¿Quién los proclama? Por supuesto, la Iglesia católica. Hasta el Concilio Vaticano II, el Papa, pontífice máximo, se consideraba “autoridad universal y omnicompetente”.

Los obispos actuaron en España como tal hasta 1977. No hubo aspecto de la vida cotidiana en que no impusieran su dictamen, por cortesía del dictador Francisco Franco. El articulado de la ley concordataria con esas prerrogativas se publicó en el BOE en 1953 con este encabezamiento: “En el nombre de la Santísima Trinidad”. Un artículo definía a la Iglesia de Roma como “sociedad perfecta”.

Otro cantar es el empeño eclesiástico de transformar en delito lo que ellos consideran pecado. La ministra de Igualdad, Bibiana Aído, se lo advirtió anteayer a Rouco, horas después de que el prelado de Madrid proclamase que el aborto voluntario ensucia la democracia. “A la Iglesia le corresponde decir qué es pecado, no qué es delito”, dijo.

Así lo ha manifestado el Tribunal Constitucional, en sentencia que recuerda Dionisio Llamazares, ex director general de Asuntos Religiosos y catedrático emérito de Derecho Eclesiástico del Estado en la Complutense de Madrid. “La Constitución impide que los valores o intereses religiosos se erijan en parámetros para medir la legitimidad o justicia de las normas y actos de los poderes públicos. Es lo que inexorablemente se produce cuando se identifican delito y pecado”, afirma.

Los obispos están acostumbrados a intervenir en la vida de los españoles. Viene de antiguo, pero también de anteayer. Llamazares recuerda una cita que “escuece como sal en carne viva”. Se refiere a la Ley de Principios del Movimiento Nacional, vigente hasta 1976: Dice su artículo dos: “La nación española considera como timbre de honor el acatamiento de la ley de Dios, según la doctrina de la Iglesia católica, apostólica y romana, única verdadera y fe inseparable de la conciencia nacional, que inspirará su legislación”.

Artículo completo en: ElPaís.com

Thursday, April 23, 2009

Nace en Cuenca una plataforma que busca una sociedad más laica

Conseguir una sociedad conquense más laica y un Estado verdaderamente laico es el objetivo principal de la Plataforma Laica de Cuenca, recientemente constituida y que ayer se presentaba en nuestra capital.

Una plataforma que ha iniciado su andadura en Cuenca integrada por Ciudadanos por la República, Federación Estatal de Trabajadores de la Enseñanza (FETE-UGT), STE C-LM Intersindical, Federación de Enseñanza de CCOO, Izquierda Unida, Partido Comunista, Área de Juventud de IU Cuenca y Europa Laica.

Su nacimiento, según aseguraba ayer Rosa Zafra, portavoz de dicha plataforma y miembro del STE C-LM, responde “al llamamiento realizado en enero de este año por Europa Laica, a través de un manifiesto en Rivas Vaciamadrid, en el que instaba a las organizaciones sociales y sindicales a reclamar una sociedad con un concepto laicista de la misma mucho más acusado”.

En busca de ese objetivo de hacer de Cuenca una ciudad más laica, desde la plataforma se mostraban conscientes del gran esfuerzo que va a conllevar, si bien dejaban claro que “no vamos a desesperar y trabajaremos para conseguir este fin”, aseveraba Zafra.

Esta plataforma, según indicaba la representante de STE C-LM, “está abierta a otros colectivos, como por ejemplo, asociaciones de padres y madres, asociaciones de vecinos, ecologistas, asociaciones culturales, etc…”

Primeras acciones
Aunque confesaban no tener fijadas en la actualidad unas acciones a corto plazo, sí señalaban que sus primeras estrategias se van a centrar en el campo de la enseñanza. Así, dijeron que reunirán esfuerzos en busca de la retirada de los símbolos religiosos de las aulas, un objetivo que algunas organizaciones sindicales ya se lo habían marcado como meta hace un tiempo.

Y, sin dejar el plano educativo, también pretenden luchar contra el actual criterio en la baremación de los concursos-oposición para el Cuerpo de Maestros y para el Cuerpo de Secundaria, en el que se valora el tiempo de experiencia docente en religión en detrimento del resto de opositores, lo que consideran “anticonstitucional”. En este sentido, Ana Cruz Muñoz no dudaba en calificar de “muy grave” el hecho de que “una persona que va a optar a un puesto público, a través de una oposición, esté premiada por haber impartido clases de religión, que es una cuestión y una crecencia totalmente privada”. Por ello, insistía en afirmar que “vulnera el artículo 14 de la Constitución, el derecho de la igualdad”.

Otros ámbitos de actuación
No obstante, desde la plataforma aseguraban ayer que no sólo se van a centrar en ámbito educativo, sino que van a ir más allá. De hecho, dijeron que en la próxima reunión tratarían qué otras acciones acometer en busca de ese objetivo final: lograr una sociedad conquense más laica y menos ligada al concepto religioso.

Fuente: EL DIA DE CUENCA