Tuesday, March 17, 2009

El ministro de sanidad contra el lince de Rouco

El ministro de Sanidad y Consumo, Bernat Soria, sostiene que la Conferencia Episcopal Española (CEE) sigue “un camino distinto al de la sociedad”, ya que “el debate aborto sí, aborto no ya se tuvo en España hace 20 años”. De este modo contestó Bernat Soria a la campaña de comunicación de la Iglesia ¡Protege mi vida!

El ministro, que hizo estas declaraciones durante la presentación de la Estrategia en Ictus del Sistema Nacional de Salud, indicó que el debate actual se centra en adaptar la legislación al entorno europeo, “para dotarla de leyes similares a las de esos países a los que continuamente decimos que queremos parecernos”.

Asimismo, negó que está reforma vaya a tratar la objeción de conciencia de los médicos a la hora de realizar una interrupción voluntaria del embarazo. “Durante los últimos veinte años no me consta que ningún profesional sanitario haya tenido problemas cuando ha objetado”, señaló.

Previamente el portavoz de la CEE, Juan Antonio Martínez Camino, había presentado la campaña advirtiendo que la vida humana “no debe ser menos protegida que otros bienes” como la flora y la fauna. De hecho la Iglesia ha comparado la protección de los linces con la de los bebés en su campaña.

Por su parte el portavoz del PSOE en el Congreso de los Diputados, José Antonio Alonso, denunció que la Iglesia Católica “quiere encarcelar a las mujeres que tienen que interrumpir voluntariamente su embarazo”, en relación a la campaña lanzada por la CEE.

En declaraciones a TVE Alonso defendió que el PSOE “no quiere meter en la cárcel” a las mujeres que “por circunstancias, muy a menudo dramáticas, tienen que interrumpir voluntariamente su embarazo”.

Por último, el dirigente socialista puntualizó que “a ninguna mujer le gusta abortar, pero por hacerlo no hay que meterlas en la cárcel”.

Fuente: La Sexta

Breve autorretrato de los obispos

Los obispos se retratan por sí solos. Basta un breve repaso a sus últimas ocurrencias para que surja nítida su imagen.

Los mismos tipos que ayer presentaron una campaña publicitaria millonaria (¿serán los únicos que se libran de la crisis?) para engañar a la gente sobre la nueva ley del aborto, bautizaron como “aberración” a Javier, el bebé nacido en Andalucía con cuyo cordón umbilical se pudo salvar a su hermano Andrés de una vida enferma y una muerte temprana. Deben ser los únicos españoles que no se alegraron con ese hito científico y humano.

Son los mismos que ayer, aunque se les preguntó sobre el tema, no lograron articular una frase compasiva para la niña brasileña violada por su padrastro y embarazada de gemelos, a la que la ley, su madre y doctores llenos de humanidad decidieron salvar la vida sometiéndola a una interrupción del embarazo.

Son los mismos obispos que no han criticado a sus homólogos brasileños que se apresuraron a excomulgar a la madre y a los ginecólogos, pero dejaron dentro del seno de la Santa Madre Iglesia al padrastro de la criatura, el violador. Nada les hemos escuchado sobre el lío de su compañero británico ultra, que se niega a reconocer el Holocausto. Claro que tampoco han investigado ni condenado jamás los casos de pederastia entre sus
pastores.

Me consta que su falta de misericordia decepciona a muchos católicos. A los que no lo somos, logra indignarnos. Tanto, que acabamos por derrochar este espacio en hablar de ellos.

Fuente: Público.es
Bajo licencia Creative Commons

Bajarse al moro

Periódicamente se suceden las declaraciones de lídres islámicos reivindicando mayores derechos para sus fieles en occidente mientras en sus propios paíese la libertad religiosa se encuentra cada vez más perseguida. Lo último, este fin de semana en Marruecos…

Cuando éramos pequeños nos enseñaban en la escuela que, al resolver problemas, no podían sumarse peras con manzanas. Ahora, algo más mayores y con otros cuadernos, vemos que peras y manzanas son religiones, y políticas y derechos, y todo se mezclan en los mismos sacos de los hombres de los sacos. Hemos conocido que en la India se oponen a levantar una estatua a Chaplin por ser cristiano, superando así cualquiera de los guiones que el cómico británico hubiera podido imaginar; desde la ribera islámica del mundo se “exige” a occidente que se respeten los derechos de los musulmanes; y Marruecos, por su parte, insta al Gobierno a favorecer la creación de mezquitas dignas ya que las leyes que consagran la libertad de culto y la realidad de los marroquíes no se corresponden… dicen desde el Consejo de la Comunidad Marroquí en el Exterior reunido este fin de semana en Fez.

Pero poco o nada tiene esto que ver con lo que en derecho se denominarían obligaciones sinalagmáticas ya que a tal exigencia no se corresponde la obligación de asumir el mismo compromiso, obviando de esta manera los principios de las matemáticas y del derecho más o menos internacional.

El caso es que nos vuelve a dar la vara, la de medir, pero con distintos raseros precisamente aquí, en España, donde la libertad religiosa es un derecho fundamental de segunda generación pero donde no lo es menos el respeto y la obligación de observar, muy de cerca, casi como miopes, las normas y los tratados internacionales. Y es aquí donde vemos que los mismos países que nos exigen unos comportamientos ellos, a su vez, consideran una ofensa perseguible que se les requiera para lo mismo. Es lo que en la jerga del derecho internacional público se conoce como el principio de falta de reciprocidad, coloquialmente dicho, la ley del embudo.

A fin de cuentos no es únicamente cuestión de religión cuando para una de las partes esta se asimila fatalmente al ordenamiento jurídico nacional siendo imposible distinguir entre religión y derecho. De esta forma las preguntas que se pueden lanzar al aire son tan evidentes como complejas. ¿Cabría exigir, y cómo, a los países islámicos, moderados o bravucones, la misma reciprocidad de tal suerte que cualquier religión tenga plena libertad y no, en el mejor de los casos, una frágil tolerancia? Y, cuestión más espinosa ¿podrían limitarse en occidente los derechos de quienes profesen cualquier religión si en sus países de origen la libertad religiosa se haya restringida cuando no perseguida?

Hasta el momento la respuesta de los países occidentales, y de una forma especialmente llamativa la española, está siendo sencillamente la de no afrontar la cuestión cuando posiblemente ya se ha rebasado, o está a punto de hacerse, la delgada línea que lo convierte en problema. Y mientras, la sensación de buena parte de la opinión pública es preocupante, como de una cierta sensación de avasallamiento que no logran paliar las políticas de buena vecindad y diálogo que, antes al contrario, pareciera como si alimentaran las reclamaciones sobre nuestra forma de ver y entender las relaciones entre lo civil y lo religioso. Equivocadas o no pero al fin y al cabo las que nos hemos querido dar.

Porque es de justicia que dentro de nuestras fronteras quede definitivamente claro el papel de la religión y el Estado pero, ¿a título de qué no se responde con contundencia a esos países que nos exigen unos derechos que ello abiertamente nos niegan? Jurídicamente hablando, claro. O no.

Autor: Reverte
Fuente: Soitu.es
Bajo licencia Creative Commons