Monday, March 16, 2009

Religión y mujer

No deja de ser llamativo y hasta paradójico que las religiones “se lleven muy mal” con las mujeres, que son “su público más fiel” tanto en la transmisión de la fe, como en que son las “mejores valedoras” de la creencia a la que pertenecen. Esto lo afirma Juan José Tamayo, director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones.

Remitiéndonos a las tres religiones monoteístas, en cualquiera de ellas es notorio observar que están excluidas de los puestos de responsabilidad, y mientras la experiencia del varón sirve como “experiencia canónica y ejemplar”, por el contrario, según Tamayo, se relega “al papel de fanática” a la mujer que tiene una vivencia sobrenatural.

Todos hemos asistido a la labor silenciosa que habitualmente desarrollan mujeres, la mayoría de ellas de cierta edad, en los templos católicos a esas horas en que no hay servicio de culto. Encienden o apagan cirios, ordenan cosas, doblan paños, colocan sillas, sacan brillo, etcétera. Se mueven por el templo con sigilo, con afán y con una entrega devota, piadosa o casi mística a las labores que llevan a cabo. Además, en su anhelo, se obligan en el servicio al párroco de turno, usualmente son ellas las que ordenan y cuidan el vestuario que viste el sacerdote en sus oficios. Son, asimismo, las que pasan el cestillo para obtener el donativo de los fieles, y, a veces, llegan a leer la epístola. Sin embargo, están excluidas de los puestos de responsabilidad, salvo en el caso de que sean Abadesas, Madres Superioras o cargos por el estilo. Añádase a todo lo anterior la conocida labor catequética de las mujeres católicas.

La mujer no sale bien parada en los escritos y discursos de los llamados valedores y padres de la Iglesia católica. Así, el sociólogo Gómez Marín nos recuerda que desde el mismo Pablo, que no se compadecía en absoluto de la mujer, pasando por San Agustín, que la consideraba como un ser inferior; el dominico Tomás de Aquino, para quien la mujer era poco menos que “un defecto de la naturaleza, una especie de homínido defectuosos y mutilado”; para el inefable Ambrosio que era “fuerte en el vicio y dañina para el varón”; Juan Crisóstomo que en algún momento sostuvo que habría sido hecha para la lujuria del hombre, y hasta el mismo Tertuliano dijo, en fin, que era “la puerta del diablo”, la mujer ha tenido una imagen perversa.

A este respecto, ¿qué papel desempeña la mujer en la religión islámica? Ante todo, habría que hacer constar que a cambio del ‘aplastamiento’ de los creyentes ante Alá, éstos obtienen como recompensa en la esfera pública su superioridad sobre quienes no lo son y en la privada, el dominio de los hombres sobre las mujeres. A decir verdad, esta dominación siempre ha sido rechazada por los “apologistas de un feminismo coránico”, como recuerda A. Elorza. Pero el reconocimiento del estatus jurídico de ellas y su protección, eran una cosa, según Elorza, para la sociedad árabe del sigloVII y otra es la fijación de unas relaciones de dependencia que han perdurado hasta nuestros días.

Precisamente, en nuestra ciudad, en el Centro de Profesores y Recursos (CPR) va a tener lugar la primera fase de un curso destinado a profesores de religión Islámica, titulado “El Hadiz en las nuevas programaciones de Religión Islámica”. Acaso, el amable lector no esté familiarizado con el concepto de “Hadiz” en esa religión. Los ‘hadices’ son “dichos y hechos de Mahoma que por su ejemplaridad se constituyen en orientaciones pormenorizadas para la conducta de los creyentes, formando en su conjunto como tradición con el Corán el núcleo de la ley divina o sharía”. Los hadices han de pasar por ciertos filtros, que haya fiabilidad en la cadena de transmisores, para ser aceptados como verdaderos. Pues bien, la mujer no sólo no sale bien parada en estos hadices, sino que se la considera un ser inferior. Para no ser exhaustivos, he aquí una muestra de ellos: “Osama informa que el Profeta ha dicho: Me puse a la puerta del Infierno y encontré que la mayoría de sus habitantes eran mujeres”. “Osama ben Zayn informa que el Profeta ha dicho: No he dejado tras de mí otra fuente de sedición peor que las mujeres para los hombres”.

“Omar ben al-Jattab informó que el Profeta dijo: A un hombre no debe preguntársele porque ha pegado a su mujer”. “Dihyan bin Jalifah al-Kalbi dijo que el Profeta le había dicho: Y ordena a tu mujer que lleve debajo otra ropa y que no enseñe las formas”.

La pregunta es pertinente: ¿estos profesores de religión Islámica van a enseñar en las escuelas estos hadices? Así no es de extrañar la islamización que está sufriendo nuestra ciudad a ojos vistas ante la indiferencia de quienes deberían dar un toque de atención a los que están decididos a que la mujer musulmana siga en su minoría de edad. Por otra parte, es vergonzoso no ya que un Centro de Profesores (¡de directora filosocialista!) programe un curso de religión, cualquiera que sea ésta, sino que los hadices constituyan el núcleo de la programación de la religión Islamica. ¿Por qué no se han tomado la molestia en el CEP de enterarse de qué van los hadices? ¿No se les caerá la cara de vergüenza? Evidentemente, las religiones no se compadecen en absoluto de las mujeres. Y unas menos que otras. Cierto.

Autor: L.G. Alvarez
Fuente: Elfarodigital.es