Tuesday, March 31, 2009

Intolerancia vaticana

El observador de la Santa Sede ante la ONU, Silvano Tomasi, denuncia ante el Consejo de Derechos Humanos de dicha organización la intolerancia contra los cristianos. Es la consabida apreciación exacerbada del Vaticano, vociferada a los cuatro vientos, pero sin concreción material.

Lo que, sin embargo, sí quedó suficientemente acreditado ante la ONU fue la intolerancia de la Santa Sede hacia los homosexuales, pues votó en contra de la propuesta de despenalización de la homosexualidad en el mismo Consejo de Derechos Humanos ante el que hoy se queja. Es una desvergüenza que el Estado del Vaticano haya ratificado sólo el 10% de las convenciones internacionales sobre derechos humanos y, aun así, acuda ante su Consejo en la ONU.

Se queja también Tomasi de que algunos países profundizan en políticas laicas para reducir el papel de la religión en la vida pública. Una vez más, constatamos que el Vaticano no ha hecho la transición del Antiguo Régimen al Estado constitucional. Llevan dos siglos de retraso. Pide también Tomasi que los Estados revisen su legislación para ver si cumplen con el principio de libertad religiosa. Los Estados parece que cumplen con dicho principio. El problema es que el Vaticano no lo digiere, pues supone reducción de prebendas.

Fuente: ElPais.com

Richard Dawkins: “Si la gente se toma en serio las palabras del Papa, éste sería responsable de la muerte de miles de personas”

El científico Richard Dawkins criticó hoy las palabras del papa Benedicto XVI en su viaje a Africa al decir que el preservativo no sólo no era la solución al sida sino que además agrava el problema y se preguntó si el pontífice “o bien es estúpido, o es ignorante o es corto” pues ¿sobre la base de qué creencia alguien podría decir que los condones agravan el problema del sida?”, cuestionó. De hecho, “si la gente se toma en serio las palabras del Papa, eso representará que en sus manos tendrá la responsabilidad de la muerte de miles de personas, puede ser que de millones”, alertó.

Etólogo, teórico de la evolución y divulgador científico, Dawkins, que se declara a sí mismo ateo, humanista y escéptico, y destaca su apoyo a la campaña ‘Probablemente Dios no existe’ en los autobuses de Londres, se pronunció en estos términos durante una rueda de prensa ofrecida poco antes de ser investido ‘doctor honoris causa’ por la Universitat de València (UV).

En su opinión, la razón que puede llevar a algunas personas a respetar las palabras del Papa es “por respetar los temas religiosos, sin tener en cuenta si tiene o no experiencia en el tema”. En este sentido, lamentó que “la sociedad acepta que podamos hablar de absolutamente todo abiertamente, excepto de religión” y acusó a la iglesia de poner “murallas a su alrededor” durante siglos mientras, “por otra parte, permitía que se insultara todo lo demás”. “Eso es una doble moral que no podemos seguir tolerando”, sentenció.

Así, la campaña de publicidad en los autobuses ‘Probablemente Dios no existe’ “en parte fue un poco de diversión”, y de hecho, fue apoyada por grupos cristianos, comentó. Por el contario, quienes la tachan de “blasfemia”, aplican “dos niveles diferentes” de moral, consideró el profesor.

No obstante, respecto al ‘contraataque’ de algunos grupos religiosos con campañas en favor de Dios, señaló que “todos tenemos libertad de expresión, de modo que si la gente quiere poner anuncios en los autobuses a favor o en contra de Dios son libres de hacerlo”.

Es más, continuó Dawkins, “está bien que la gente piense por si misma” porque “cuanto más piense la gente por si misma, menos probabilidades hay de creer en Dios” auguró. Tanto es así, que se mostró partidario de que se estudien “todas” las religiones en las escuelas como “parte de la historia”, aunque matizó que no le parece bien es que se diga que un niño “pertenece” a una religión, ya sea budista, musulmana o católica. “Se debería llamar un niño marxista o posmodernista”, apostilló.

CELULAS MADRE

Preguntado sobre si considera que la iglesia está impidiendo los avances científicos, el profesor confesó estar “muy contento” con la decisión del nuevo presidente de los Estados Unidos, Barak Obama, de levantar la prohibición de investigar con células madre. Se trata, dijo, de un tema “de gran importancia médica”, cuyas objeciones vienen del “típico pensamiento teológico que carece de lógica”, que cree que esta investigación “podría llevar al aborto”, y que “la vida humana comienza en el mismo momento de la concepción”. Sin embargo, para Dawkins, “lo importante es cuando los humanos son capaces de comenzar a sufrir”.

El divulgador científico apuntó que no hay tiempo que perder en la superstición, al tiempo que puso de manifiesto que está “demostrado que en todas las partes del mundo donde hay educación las cosas va mejor, mientras las cosas van peor en aquellos lugares donde la educación científica está prohibida, sobretodo para las mujeres”, que además son las que educan a sus hijos, incidió. Por ello, confesó que su “gran esperanza” es que la educación aumente.

En cuanto a la aceptación de las teorías darwinistas por parte de la Iglesia, Dawkins consideró que “el papa Juan Pablo II parecía ser sincero en su apoyo a las teorías de la evolución, pero el papa Benedicto XVI no parece tan honesto”, lamentó. A su juicio, “el Vaticano actual no parece tan entusiasta al apoyar el darwinismo pero no le queda más remedio que hacerlo, no hay otra vía”, indicó.

LA “GRAN CATASTROFE” DEL CAMBIO CLIMATICO

Por otra parte, el profesor se refirió al cambio climático para advertir de que “puede ser una gran catástrofe y una consecuencia podría ser la extinción masiva”. Así, a pesar de que confió en que no sea tan grave como la extinción de especies que tuvo lugar hace 65 millones de años, esto “no es razón para que no nos demos prisa en intentar frenarla”, advirtió.

De hecho, mostró su esperanza en que en este siglo se pueda hacer un “balance completo de la vida de todas las criaturas vivientes”, así como alcanzar una “explicación biológica y neurológica del misterio de la consciencia humana”.

Para el Richard Dawkins, la ciencia es “útil, poética, inspiradora” y “ayuda a crecer”. Por ello, consideró que “una de las cosas más importantes del papel de los científicos es comunicar la ciencia a un público tan amplio como sea posible y, para ello, se deben usar palabras que todo el mundo entienda. Seguramente esto será positivo porque así estas personas podrá empezar a pensar por si mismas”, aseveró.

Fuente: lasprovincias.es

Sunday, March 29, 2009

El error Ratzinger se agiganta

No se apaga el tam tam de los tambores. Tras su periplo africano y la encendida polémica sobre el sida y los preservativos, afirmar que Joseph Ratzinger es un papa cada vez más cuestionado es una obviedad. Fuera de la Iglesia, no cesan las críticas y los ataques. En Francia y Alemania, las encuestas entre católicos registran ya la palabra “dimisión”, y Gobiernos, ciudadanos y ONG dejan ver su abierto descontento. Dentro del Vaticano, las cosas están igual. O peor. El Papa alemán fue elegido por los cardenales por su alta inteligencia. Pero, como dice el veterano vaticanista y escritor Giancarlo Zizola, “estos primeros cuatro años de papado sugieren que, por mucho que su inteligencia sea finísima, no le llega para gobernar la Iglesia”.

“Ratzinger es un prisionero de la curia, vive en una especie de Aviñón en patria, alejado de los episcopados nacionales, sin más apoyo que el de su pequeña camarilla”, explica Zizola, autor del libro Santità e potere. Dal Concilio a Benedetto XVI. El Vaticano visto dal interno. Filippo di Giacomo, sacerdote y periodista, 11 años de misionero en el Congo, hoy juez vicario en Roma, cree que la crisis que vive el Vaticano “refleja una enfermedad crónica desde hace siete siglos: su sistema de Gobierno no funciona ni es colegial”. “La curia moderna es una maquinaria gigantesca, inoperante e inútil. Hay 35 cardenales en Roma. Están divididos en grupos, enfrentados, y se dedican a conspirar y a cooptar afines por los pasillos”, señala Di Giacomo.

Se trata de una batalla en toda regla, en la que los bandos se mezclan y se confunden. La revuelta estalló con el perdón a los obispos lefebvrianos. Un grupo amplio de obispos y teólogos moderados y conciliares (alemanes, franceses y latinoamericanos, sobre todo), hartos de no ser tenidos en cuenta, hizo ver su descontento al Papa. En respuesta, éste reprendió a la curia por no actuar de forma “colegiada y ejemplar”.

Zizola recuerda que Wojtyla intentó obviar una fractura que ya existía a base de carisma y comunicación. Su papado creció con la televisión y se convirtió en una especie de Show de Truman, la primera encíclica catódica: le vimos envejecer, derribar el muro de Berlín, sufrir atentados, viajar, besar los suelos del planeta varias veces, agonizar en directo. Pero tampoco él fue capaz de reformar el sistema de gobierno. “Prefirió escaparse de Roma y tapar la crisis de la Iglesia y el vacío de gobierno”, dice Zizola.

Mientras Wojtyla viajaba, Ratzinger estudia y escribe. Mucho más aislado y a la defensiva, el Papa soporta mal que le lleven la contraria. Su carta a los obispos reveló que le disgusta sobre todo el desamor, la intriga, “el odio y la hostilidad”. Su texto dibuja a una curia conspiradora, que aspira a mandar tanto o más que él, que mueve los hilos en la sombra, que filtra noticias, escondiendo la mano, para hacerse valer. La peculiar sensibilidad de Ratzinger es una parte del problema. ¿Se trata de un “pastor alemán” como tituló Il Manifesto cuando fue nombrado, o “un cordero en medio de los lobos”, según la expresión del Evangelio de Mateo?

Di Giacomo despachó con él a menudo cuando dirigía la Congregación para la Doctrina de la Fe: “Le puedes decir cualquier cosa, siempre que no subas la voz. Si la elevabas medio tono, ponía su extraña sonrisa, cerraba el cuaderno y se marchaba. Delante de él no se puede ofender a nadie. Es un democristiano bávaro, y los democristianos bávaros son raros. Pueden tener ideas avanzadas, pero si los demás no les siguen, se asustan y frenan. Ratzinger es cualquier cosa menos un aventurero. Por eso se fue de la Universidad de Tubinga el día que se encontró a los estudiantes protestando tirados en el suelo. Es un monje, y nadie le ha dicho a tiempo que el mundo mediático no es un aula universitaria”.

En un texto publicado por la revista religiosa Il Regno, Zizola ha recordado que en 1965 el obispo brasileño Helder Camara anunció al mundo durante el concilio la reforma de la monarquía pontificia, creando un senado compuesto por cardenales, patriarcas y obispos, elegidos por las conferencias episcopales, para ayudar al Papa en el gobierno y convocar cada 10 años un concilio ecuménico.

La reforma nunca se hizo. La curia, la corte púrpura, ese ente invisible y lujosamente vestido, cuyo poder sobrevive a los papas, jamás aceptó la democratización. Hoy, dentro de la curia, nadie se fía de nadie. Por un lado están los influyentes hombres “del servicio”, como se autodenominan los diplomáticos de la secretaría de Estado que dirige Tarcisio Bertone, el único que despacha a diario con Ratzinger; por otro, los intelectuales orgánicos (periodistas, profesores, juristas, rectores…), unos papistas y muchos no; y luego está la variopinta macedonia cardenalicia y episcopal que dirige los dicasterios: nueve congregaciones, 11 consejos pontificios, tres tribunales, tres oficinas. “En los dicasterios están los casos piadosos”, dice Filippo di Giacomo.”Desde Pablo VI, el Papa que internacionalizó la curia y la llenó de excelencia con los mejores cerebros de ese tiempo, la decadencia del equipo de gobierno ha sido imparable. Wojtyla llegó a Roma en 1978 lleno de odio contra la curia, porque nadie escuchaba a los obispos del este de Europa, y se trajo a todos los fracasados, a los que no servían a las diócesis”, cuenta Di Giacomo. “López Trujillo, Castrillón Hoyos, Martínez Somalo, Martino, Barragán, Milingo… Gente insignificante. Luego hizo obispo a su secretario, y le dijo: ‘A estas bestias trátales tú”.

¿Podrá este Papa más tímido aún apaciguar a ese rebaño de “gálatas que muerden y devoran”? Según Zizola, “el Papa trabajó durante el Concilio en la frontera de la renovación y sabe que el gran problema es la nula participación de los obispos en el gobierno de la Iglesia. Algunos cardenales recuerdan que los obispos eran consultados más a menudo en la época de Pío XII, antes del Concilio, que actualmente”.

Cerca del Papa, coinciden Zizola y Di Giacomo, está el desierto. Cuatro monjas estadounidenses que dirigen el departamento informático y evitan que los hackers entren en la web. Su secretario, el guapo, alto y bávaro Georg Genswein, considerado un cero a la izquierda -”Es un cretino”, afirma sin tapujos un miembro de la curia-. El portavoz, el amable jesuita Federico Lombardi, y sus dos ayudantes, que no dan abasto a apagar fuegos, y que según se dice serán sustituidos en junio.

Los hombres de confianza son aún menos. El cardenal alemán Lehman, que culpó del desastre Williamson a los mensajeros; Bertone, el secretario de Estado, que también dejará su sitio pronto por edad. Antonio Cañizares, prefecto de la estratégica, según la visión de Ratzinger, Congregación para el culto divino. Y el lituano Audrys Juozas Backis, que suena para sustituir a Bertone. Demasiado poco para un hombre de 81 años con una enorme carga de trabajo. “El grado de complejidad del cargo, con 1.100 millones de católicos, 6.000 obispos en activo, relaciones ecuménicas e interreligiosas, viajes, encíclicas, y relaciones de Estado, es insostenible para un hombre solo, inteligente como Ratzinger o carismático como Wojtyla”, dice Zizola.

Por eso hay muchos obispos en guerra. Mientras Ratzinger salta de un pantano a otro, la iglesia moderada, progresista y conciliar no aguanta más. Según Zizola, el poder del Opus Dei, como en tiempos de Wojtyla y Navarro Valls, sigue siendo enorme. Di Giacomo no cree que sea tanto. Pero la máquina de enredar está en marcha. Con el perdón a los lefebvrianos, el Papa ha despreciado a las corrientes de signo opuesto, especialmente a la Teología de la Liberación, que él mismo frenó hace 25 años. Al fondo, se habla ya de un posible sustituto, el cardenal hondureño Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga. Pero eso lo decidirá la curia.

Fuente: ElPais.com

Friday, March 27, 2009

Campaña de los autobuses ateos en Alemania

En breve, algunos autobuses de Berlín, Munich y Colonia llevarán los siguientes textos: “(Con una probabilidad que roza la seguridad) Dios no existe” y, bajo ese texto, tres variantes: “una vida plena no necesita un credo/una fe”, “los valores son algo humano, depende de nosotros” y “la educación/ilustración significa tomar responsabilidades”. La noticia en inglés, aquí:

http://www.buskampagne.de/

Cuánto cuesta a los españoles salvar a los linces y cuánto les cuesta mantener a los curas

Mantener a los curas

En el año 2006 se pactó un nuevo modelo de financiación entre el gobierno español de Zapatero y la Conferencia Episcopal, mediante el cual se elevaba el porcentaje del Impuesto de la Renta de las Personas Físicas (IRPF) del 0,52% al 0,7%. A resultas de este acuerdo, en los Presupuestos Generales del Estado para 2008 aprobados por la Ley 51/2007, de 26 de diciembre de, el Estado entregará, mensualmente, a la Iglesia Católica 12.751.072,79 euros.

Es decir, un total de 153.012.873,48 euros o, para entendernos, unos 25.000 millones de pesetas anuales. Todo ello sin contar el sueldo de los profesores de religión en las escuelas públicas o las subvenciones y ayudas a los colegios concertados católicos, y otras entidades dependientes de la Iglesia como Cáritas.

Salvar de la extinción a los linces

El programa europeo Life Naturaleza 2005, para la Conservación y Reintroducción del Lince Ibérico en Andalucía dispone de un presupuesto total de 25.971.489 euros.

Este programa tiene una vigencia desde el año 2005 hasta el 2011, por lo que el presupuesto hay que repartirlo en seis años, de esta forma el programa de protección del Lince Ibérico cuesta cada año a la Unión Europea la suma de 4.328.581,5 euros, unas 720.215.360 pesetas anuales. España todavía hoy recibe más fondos de la UE que ingresos hace a la Hacienda Europea. Coste de este programa para los españoles: 0 euros 0 pesetas.

Fuente: forolaRepublica.es

La élite científica desautoriza a sus colegas antiabortistas

La Declaración de Madrid firmada por 2000 académicos, que pretende fundamentar su rechazo a la reforma del aborto en “los conocimientos más actuales de genética, embriología y biología celular”, no ha gustado lo más mínimo a los principales expertos en esas disciplinas. Aprecian en este asunto una “creciente utilización ideológica y partidista de la ciencia”, y desautorizan a sus colegas por disfrazar como argumentos científicos lo que sólo puede pertenecer al “ámbito de las creencias personales, ideológicas o religiosas”.

El contramanifiesto se titula En contra de la utilización ideológica de los hechos científicos, y va firmado por un premio Príncipe de Asturias, Ginés Morata; tres premios nacionales de investigación o medicina Jesús Ávila, Carlos Belmonte y Carlos López Otín; tres directores de grandes institutos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Ferrando Hiraldo, Vicente Larraga y Juan Lerma; el presidente de la Sociedad Española de Neurociencias, Roberto Gallego, y otros siete investigadores de prestigio.

“Consideramos importante”, afirman estos expertos, “evitar que se confunda a la sociedad contaminando problemas de carácter social, y por lo tanto de convivencia, con argumentos a los que la ciencia no otorga legitimidad”. También recuerdan a sus colegas que las leyes las aprueba el Parlamento.

2000 adhesiones

La Declaración de Madrid se presentó la semana pasada con las firmas de un millar de biólogos, pediatras, juristas, psiquiatras y ginecólogos. Sus principales promotores científicos son los catedráticos Nicolás Jouve, Luis Franco Vera y César Nombela, que presidió el CSIC de 1996 a 2000. Jouve calcula que el manifiesto ha recibido ya unas 2.000 adhesiones. “La sociedad se ha vuelto a sensibilizar en defensa de la vida”, ha dicho.

El Manifiesto de Madrid no va dirigido exactamente contra la reforma legal que se discute ahora -la sustitución de una ley de supuestos por una de plazos-, puesto que sus autores dicen actuar “en defensa de la vida humana en su etapa inicial, embrionaria y fetal”. Al margen de esta cuestión, sus apelaciones a supuestos argumentos científicos son permanentes.

“Existe sobrada evidencia científica de que la vida empieza en el momento de la fecundación”, dice el manifiesto; “los conocimientos más actuales así lo demuestran”. Uno de esos conocimientos es: “La genética señala que la fecundación es el momento en que se constituye la identidad genética singular”. Otro es: “La embriología describe el desarrollo y revela cómo se desenvuelve sin solución de continuidad”.

Pero los datos científicos disponibles sobre las etapas del desarrollo embrionario “son hechos objetivables, cuya interpretación y difusión han de estar exentas de influencias ideológicas o creencias religiosas”, les responde la élite de esas disciplinas. “El momento en que puede considerarse humano un ser no puede establecerse mediante criterios científicos; el conocimiento científico no puede afirmar o negar si esas características confieren al embrión la condición de ser humano. Esto entra en el ámbito de las creencias personales, ideológicas o religiosas”.

Los catedráticos antiabortistas reclaman “una correcta interpretación de los datos de la ciencia en relación con la vida humana”, y citan entre ellos: “Un aborto no es sólo la ‘interrupción voluntaria del embarazo’, sino un acto simple y cruel de ‘interrupción de una vida humana”.

También dicen: “El aborto es un drama con dos víctimas: una muere y la otra sobrevive y sufre a diario las consecuencias de una decisión dramática e irreparable”. Y: “Una sociedad indiferente a la matanza de cerca de 120.000 bebés al año es una sociedad fracasada y enferma”.

El contramanifiesto responde: “Los científicos, como el resto de los ciudadanos, tenemos la libertad de adoptar posturas personales frente a cualquier iniciativa legislativa, en función de nuestras ideas y creencias. Pero consideramos importante evitar que se confunda a la sociedad contaminando problemas de carácter social con argumentos a los que la ciencia no otorga legitimidad”.

Por el momento, estos deben considerarse los “conocimientos más actuales”.

Fuente: ElPais.com