Friday, February 27, 2009

Las religiones no conversan entre si, ¿eso es normal?

Cada vez que escribo ciertas lineas en este blog, lo hago con el fin de promover muchos valores, principalmente el valor del dialogo, la cordialidad y la comprensión. ¿Que ocurre con las religiones que no son capaces de sentarse a conversar? Ud, señor creyente en dios, creyente cualquier religión, no le parece un exabrupto que las religiones (agencias de promoción de las ideas sobre dioses) no puedan sentarse a compartir, a conversar o simplemente compararse unos a los otros…

Yo particularmente estoy en desacuerdo con todo aquel que se niegue a una buena conversación, como negar ese don tan impresionante que tenemos para comunicarnos y entendernos, que ilógica son esas religiones! Como van a negarse entre ellas mismas la posibilidad de escavar sus cimientos, sus bases ideológicas… eso es irracional, todo ser consciente sabe que es necesario revisar, auto evaluarse constantemente, comparar, evaluar, comunicar y difundir nuestros valores es una forma de reforzarlos o rechazarlos, cada vez que emitimos una palabra fundamentada en nuestros valores, las mismas se ponen a prueba ante la moral y la ética de los emisores…

Entonces porque la iglesia, no se atreve a discutir sus bases, porque ese miedo, porque ese silencio…

Les diré el porque… porque sus argumentos no son verídicos, no son lógicos, no son nada pero nada convincentes.

Fuente: El Ateo Venezolano

Thursday, February 26, 2009

La Iglesia católica pierde adeptos y se enfrenta a una grave crisis por el distanciamiento del clero con los fieles

La Iglesia católica atraviesa por una severa crisis, que no se veía en los últimos 400 años, afirmó el antropólogo de las religiones Elio Masferrer Kan, y aseguró que a la Iglesia ya no le quedó otra opción más que reconocer ese trance, como lo hizo el representante del Papa en México, Christopher Pierre, quien admitió —el viernes pasado— la grave crisis al interior del catolicismo.

“Sí hay momentos de crisis, hay personas que dejan la Iglesia; hay personas que piensan que ahora pertenecer a la Iglesia o practicar su fe dentro de la Iglesia católica no le corresponde, eso ciertamente son momentos difíciles para la Iglesia”, aceptó el nuncio apostólico francés, Christopher Pierre.

En entrevista, Elio Masferrer, presidente de la Asociación Latinoamericana para el Estudio de las Religiones, refirió que la jerarquía católica está alejada cada vez más de la realidad cotidiana.

Ejemplificó que la crisis que vive la Iglesia católica se refleja en las estadísticas: “la mitad de mexicanos que se declaran católicos ya no les interesa socializar con la Iglesia; la gente cada vez se bautiza menos y se casa menos por la Iglesia”.

También explicó que ha disminuido la gente que hace la primera comunión, “eso quiere decir que si disminuye la primera comunión, los padres de familia no desean socializar a sus hijos con el catolicismo”.

El catedrático e investigador de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), puntualizó que en el 2005, se registraron alrededor de 2.5 millones de nacimientos, y hubo un millón 250 mil primeras comuniones, “prácticamente la mitad de los que nacieron se vincularon con la Iglesia, la otra mitad no”.

Masferrer dijo que eso quiere decir que las familias mexicanas no están muy interesadas en socializar a sus hijos dentro del catolicismo (…) por eso, a la Iglesia católica le urge impartir educación religiosa en las escuelas, porque ya no son las familias las encargadas de socializar”.

Añadió que en el mismo tenor de retroceso están los bautizos, pues sólo recibe ese sacramento el 74.5 por ciento de los que nacen en México.

De acuerdo al anuario estadístico del Vaticano —el último dato estadístico disponible— en todo el mundo se registraron 16 millones 900 nueve mil bautizos, y en el año anterior hubo 17 millones 23 mil.

Apuntó que encuestas del propio Vaticano refieren que en México hay un sacerdote por cada seis mil 500 feligreses, mientras la media mundial es un sacerdote cada dos mil 50 fieles.

“A la Iglesia ya no le checan los números; se está dando cuenta de la crisis por la que atraviesa”, expresó el experto en el tema.

Enfatizó que en Perú, el último censo de población, arrojó que sólo el 75 por ciento de los peruanos es católico. Y en Bolivia, donde el presidente Evo Morales, quitó el catolicismo como religión de Estado, el 53 por ciento de los bolivianos se declaró católico.

RETROCESO. En México —recordó Elio Masferrer—, de acuerdo a encuestas en la materia, alrededor del 80 por ciento de los mexicanos se declara católico; el cinco por ciento se dice no creyente, y el resto son: evangélicos, pentecostales o de otras religiones.

Agregó que estadísticas del Instituto Nacional de la Juventud, establecen que en el rango de 25 a 29 años, sólo el 40.9 por ciento se declara practicante del catolicismo, “eso quiere decir que el 59 por ciento o es católico no practicante o es evangélico o ateo”.

Por otra parte, el especialista en la materia añadió que si se comparan los datos de los casamientos religiosos con los civiles —en 2005— sólo pasó por un matrimonio religioso el 53 por ciento. “Entonces, realmente hay una crisis estructural en la Iglesia”, puntualizó.

Aseguró que la Iglesia católica pierde feligreses por todas partes “aunque traten de ocultarlo”.

“Los feligreses se dan cuenta de que no son tomados en cuenta por las autoridades eclesiásticas; saben que la jerarquía se codea más con gente de poder, como la clase política”, subrayó.

“El problema que la gente ve no es que Onésimo se abrace con Labastida o que el presidente del Episcopado Aguiar Retes se reúna con Calderón, lo que la gente ve es que esa jerarquía está totalmente alejada de la realidad cotidiana, de los problemas que tienen”.

Señaló que los feligreses no se sienten acompañados de sus sacerdotes u obispos.

PAPA AMBIGUO. Elio Masferrer Kan alertó que también se está gestando una crisis coyuntural. Recordó que en la últimas semanas el Papa Benedicto XVI ha tenido “desatinos” en algunas declaraciones sobre el Islam, y recientemente la polémica sobre el retiro de la excomunión a obispos que afirmaron la inexistencia del holocausto.

“El Papa ha tenido un comportamiento ambiguo (…) con ello, se pone en duda la calidad del Papa como representante de Cristo en la Tierra y el mandato de Pedro y que los obispos son descendientes de los apóstoles”, sostuvo el catedrático.

Benedicto está creando una situación cismática, de ruptura porque al rescatar a los lefebristas (obispos que negaron el holocausto y que rompieron con la Iglesia Romana) “se echa al plato al Vaticano II, pero si deja afuera al Vaticano II pone en duda su propia legitimidad”.

“El Papa tiene un comportamiento ambiguo en unos casos y en otros hace exactamente lo que menos se imaginaría que haría un Papa. Definitivamente un Papa que no defiende al Concilio Vaticano II tiene que convocar a otro Concilio (…) si rompe con el Vaticano II, rompe incluso con el criterio de descendencia apostólica”, finalizó el especialista en la materia.

Fuente: Redes Cristianas

Tuesday, February 24, 2009

El teólogo Hans Küng advierte que la Iglesia puede convertirse en una secta

l polémico teólogo católico, Hans Küng, alertó hoy del riesgo de que la iglesia católica se convierta en una secta y denunció las posiciones conservadoras del Papa Benedicto XVI así como su decisión de rehabilitar a cuatro obispos que niegan el Holocausto. “La Iglesia corre el riesgo de convertirse en una secta. Muchos católicos no esperan nada de este Papa. Y eso es muy doloroso”, afirma el teólogo alemán en una entrevista que hoy recoge el diario vespertino “Le Monde”.

Según Küng, lo primero que tendría que hacer el Pontífice es reconocer que la iglesia católica atraviesa una “crisis profunda” y, después, podría hacer “gestos”, como corregir la encíclica que prohíbe todo tipo de contracepción, y podría decir mañana mismo: “Derogo la ley del celibato para los curas”.

En su opinión, el Papa es “mucho más poderoso” que el presidente de Estados Unidos porque no tiene que rendir cuentas ante un Tribunal Supremo.

En el caso de Benedicto XVI, Küng considera que es un hombre que siempre ha vivido en el medio eclesiástico, que ha viajado muy poco y ha permanecido encerrado y alejado de las críticas en el Vaticano, lugar que comparó con el Kremlin.

El teólogo considera además que el Papa “tiene una posición ambigua sobre los textos del Concilio (Vaticano II) porque no se siente cómodo con la modernidad y la reforma”.

También le parece “escandaloso” que, coincidiendo con el 50 aniversario del lanzamiento del Concilio por el Papa Juan XXIII, el Pontífice actual haya decidido revocar la excomunión a personas opuestas a ese Concilio.

Küng se refiere al negacionista Richard Williamson y otros tres obispos seguidores del cismático ultraconservador Marcel Lefebvre, a quienes Benedicto XVI levantó recientemente la excomunión que pesaba sobre ellos desde hacía 20 años.

Esa decisión del Papa, añadió, no responde a “un fallo de comunicación o de táctica, sino que constituye un error del Gobierno del Vaticano”.

Fue el Vaticano el que le quitó a Küng la autorización para enseñar teología católica en 1980 después de que éste cuestionase el dogma de la infalibilidad papal.

Desde entonces, Küng, que ha permanecido dentro de la iglesia católica aunque suspendido como teólogo católico y como sacerdote, está dedicado a fomentar el diálogo entre las religiones.

Fuente: EFE

Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos

-Los creacionistas repiten una y otra vez que no hay pruebas de la evolución.

-El antievolucionismo está en la calle, pero no tiene ningún impacto en el mundo científico. No hay ningún agujero en la teoría de la evolución. Está más comprobada que la teoría heliocéntrica, que dice que la Tierra gira alrededor del Sol y no al revés, o que la teoría atómica, según la cual la materia está hecha de átomos. Sólo hay dos científicos que escriben a favor del diseño inteligente, Michael Behe, un bioquímico de la Universidad Lehigh que escribe falacias, y William Dembski, quien tiene formación matemática y dice que el cálculo de probabilidades hace que la evolución sea imposible sin un diseñador. Yo he escrito en algún sitio que no discuto con Dembski porque no existe.

-¡Cómo!

-La probabilidad de que William Dembski exista es más pequeña todavía que la probabilidad de que exista una de las proteínas que él dice que son imposibles sin un diseñador. A lo largo de su vida, un hombre produce billones de espermatozoides, todos genéticamente distintos. Una mujer produce, por su parte, unos quinientos huevos durante su vida. La probabilidad de que el espermatozoide que diera lugar a Dembski fecundara el huevo que diera lugar a Dembski es un número muy pequeño, el equivalente uno entre varios billones -el espermatozoide Dembski- multiplicado por uno entre quinientos -el óvulo de Dembski-. Si retrocedes hasta sus abuelos, la probabilidad de que exista Dembski se convierte en uno dividido por un uno seguido de sesenta o setenta ceros, y va reduciéndose con cada generación. Así que Dembski no existe y, por tanto, no hay que perder tiempo discutiendo con él.

Francisco J. Ayala, biólogo, en una estupenda entrevista de Luis Alfonso Gámez en Magonia a cuenta del 200 aniversario de Darwin.

Fuente: Escolar.net

La Iglesia católica de Benedicto XVI da un histórico paso atrás

“¿Fue la declaración del Pontífice, del 31 de octubre de 1992, una disculpa formal de la Iglesia? En absoluto, dijo el cardenal, haciendo un movimiento con la mano, fue meramente un reconocimiento formal de error. Yo no entendí cuál era la diferencia entre ambas, pero continué. ¿Podría Ud. imaginarse a la Iglesia teniendo alguna vez que decir algo más acerca del caso Galileo? ¿Por qué?, replicó retóricamente el cardenal. Ya está hecho, finito.”

De una entrevista al cardenal Paul Poupard, hecha en abril de 1993 por John Reston Jr., escritor y biógrafo de Galileo.

En una conferencia de prensa del día 30 de enero recién pasado, Monseñor Gianfranco Ravasi, presidente del Consejo Pontificio para la Cultura, declaró, ante la sorpresa del mundo, que la estatua de Galileo que, según se anunció el año pasado, sería erigida en los jardines vaticanos, ya no se instalaría allí, ni en parte alguna del Estado Pontificio.

“Efectivamente, [declaró el representante de la Iglesia], existía un proyecto de estatua, pero finalmente se decidió archivarlo. Los fondos [originalmente destinados para esto] servirán [ahora] para financiar institutos que se dedican al estudio de la ciencia y la filosofía”, comentó.

Pero, ¿por qué la Iglesia de Benedicto XVI decidió “archivar” un proyecto que fue anunciado en el 2008, con bombos y platillos, como una demostración de la positiva actitud de Roma hacia Galileo, y hacia la ciencia en general? Esta es, por cierto una pregunta cuya verdadera respuesta probablemente nunca lleguemos a conocer, pero que induce a pensar que, como es habitual, aquí hay algo que se quiere ocultar,(1) y que muy posiblemente debe apuntar en la dirección del viejo conflicto interno a la Iglesia entre sus sectores más retardatarios, y aquellos que tiene posiciones algo menos conservadoras, respecto de las más importantes cuestiones doctrinales, teológicas, filosóficos, o éticas, así como aquellas que se refieren a la actitud y posicionamiento de esta institución frente a la ciencia, la tecnología y a la modernidad en su conjunto.

La historia del conflicto entre la Iglesia católica, Galileo, y la ciencia moderna, es un drama fascinante y de gran complejidad, que cubre ya más de tres siglos y medio, lo que la hace inabarcable en el limitado espacio de un artículo. Sin embargo, es posible formarse una idea aproximada de la esencia de este conflicto, a partir del examen de lo que constituyen sus tres episodios más recientes, todos los cuales tuvieron lugar en los últimos 64 años, es decir, durante la vida de este autor. Al examinar estos tres episodios se hará manifiesto un “patrón”, que como lo mostraremos aquí , bajo sus diferentes formas, no ha hecho más que repetirse en éste como en otros períodos históricos anteriores.

Sin duda que el más importante y significativo de estos episodios lo constituye la así denominada “rehabilitación” de Galileo, que encontró su cierre oficial en las hoy célebres conclusiones del “Informe Final”, leídas por el cardenal Paul Poupard ante la Academia Pontificia de Ciencias el día 31 de octubre de 1992, en el Vaticano. Este episodio fue presentado como la culminación de 13 años de estudios, que habrían encontrado su expresión escrita final en un documento de 1380 palabras (en su versión inglesa) en el que la Iglesia aparecía haciendo 4 grandes afirmaciones:

1. Que se habría reexaminado el caso Galileo y por lo tanto el proceso; 2 que se había reconocido, con más de tres siglos y medio de retraso, su responsabilidad en la injusta persecución, censura de sus obras y condena del gran científico toscano; 3. Que la Iglesia había pedido disculpas públicamente, y 4. que ella había modificado su posición, actitud y conducta ante la ciencia.

Pero si se somete el “Informe Final” a una lectura y examen críticos se llega a conclusiones completamente diferentes:

1. Que en realidad la Iglesia no llegó a revisar, o a reexaminar, el proceso instruido por la Inquisición romana en contra del científico italiano en 1633 , aunque desde el anuncio papal de que se crearía una Comisión Interdisciplinaria para estudiar el caso (3 de junio de 1981) se declaró que se tenía la intención de hacerlo; 2. Que tampoco llegó la Iglesia a disculparse ante el mundo por su conducta represiva y autoritaria hacia el gran físico y astrónomo, aunque todo el mundo quedó convencido de que, efectivamente, así lo había hecho. 3. Que Galileo no fue efectivamente “rehabilitado”, ni invalidada su condena; aunque gracias a la astucia de la Iglesia y la falta de sentido critico de la prensa de la época , en especial la de los países católicos, se nos engañó, haciéndonos creer que así había ocurrido. 4. Todo lo que la Iglesia llegó a reconocer en esta oportunidad fue un cualificado “reconocimiento formal de error”, consistente en declarar que los jueces de la Inquisición se equivocaron en 1633, al no haber sabido distinguir entre los dogmas de la fe y las explicaciones de la cosmología geocéntrica.(2)

Como es manifiesto, la Iglesia no modificó sustancialmente entonces, ni posteriormente, su actitud hacia la ciencia, como por lo demás lo vendrán a confirma, una vez más, sus recientes declaraciones en torno a la cancelación del proyecto de erigir una estatua de Galileo en los jardines vaticanos, que nos motivaron a escribir este comentario.

El segundo episodio, escasamente conocido en el mundo de habla hispana, al que nos referiremos aquí, es lo que se ha denominado como “el escándalo Paschini”, que en sus aspectos esenciales consiste en lo siguiente: al acercarse la fecha de conmemoración de los trescientos años de la muerte de Galileo, ocurrida en 1642, la Pontificia Academia de Ciencias del Vaticano decidió comisionar a Monseñor Pío Paschini (1878-1962), para que escribiera un libro sobre el gran científico toscano. En 1944, después de dos años de intenso trabajo, el laborioso Paschini dio término a su obra, en dos volúmenes, a la que tituló: Vita e opera di Galileo Galilei, que sometió al organismo censor de la Iglesia con el fin de obtener su autorización oficial de publicación.(3) Para completa sorpresa de su autor, luego de ser examinada por “árbitros” de la Pontificia Academia de Ciencias, del Observatorio Astronómico vaticano, y por cierto, del Santo Oficio (actualmente denominado Congregación para la Doctrina de la Fe), la erudita obra de Paschini fue rechazada, por ser considerada como “non oportuna”, y como no recomendable, nada menos que por ser muy favorable a Galileo, y demasiado crítica de la conducta de la Iglesia, en especial del papel jugado por los jesuitas en el “affair”.

Luego de varios intentos frustrados de conseguir que la Iglesia le autorizara su libro, Monseñor Paschini fallece en 1962, sin haber conseguido su publicación. Dos años más tarde, al cumplirse tres siglos del nacimiento de Galileo, y 20 años después de haber sido escrita, la Iglesia, a las puertas del Concilio Vaticano Segundo, decide, finalmente, poner aquella obra al alcance del público, bajo el patrocinio oficial de la Pontificia Academia de Ciencias. Con este fin se encargará su publicación al cura jesuita Edmont Lamalle, con lo que los sectores más conservadores de la Iglesia pondrían en juego una carta de triunfo que ocultaban bajo la manga.

Será sólo recién entre 1979 y 1980 que el manuscrito original de la Vita e opere di Galileo Galilei, podrá ser leído, y cotejado, por los especialistas, con la versión editada por Lamalle en 1964, descubriéndose que esta última presentaba tal cantidad de enmiendas, cambios y correcciones, que constituía, en realidad, una flagrante adulteración de lo escrito por su autor. Como lo describiera el influyente historiador inglés de la ciencia, Richard Blackwell: “Al manuscrito [original] se le hicieron varios cientos de modificaciones, tanto en el cuerpo de la obra como en sus notas, las que iban desde sustituciones relativamente triviales de una sola palabra, hasta reversiones completas del sentido del texto. Pasajes enteros fueron eliminados, otros agregados, y otros reemplazados; el enfoque interpretativo general del libro fue revertido [por Lamalle] a una visión que era menos favorable a Galileo y más favorable a la Iglesia y a los jesuitas… Esta no solo fue una adulteración en gran escala de la obra de Paschini… sino simplemente una falsificación”. (4)

Pero como si esto fuera poco, el cura a cargo de la publicación no sólo se limitó a desvirtuar y adulterar el espíritu y la letra del libro de Paschini, sino que además intentó ocultar los propósitos censores y la magnitud de su intervención en el texto de los originales del libro. Tal como se constata al leer la nota introductoria, escrita por el propio Lamalle, donde éste declara con todo desparpajo que los cambios introducidos, así en el texto como en las notas del libro, habrían sido “deliberadamente muy moderados, limitándose a algunas correcciones que nos parecieron necesarias, y una puesta al día de carácter menor de su bibliografía”. (5)

No se necesita ser especialmente astuto para comprender que el cura Lamalle no falsificó, desvirtuó y censuró el libro de Monseñor Paschini, por simple capricho o celo personal, sino cumpliendo órdenes expresas de sus superiores jerárquicos, como necesariamente ha de ocurrir en toda institución autoritaria y verticalista. El hecho mismo de que nadie dentro de la Iglesia haya denunciado, ni menos castigado, al falsificador, está demostrando que la deleznable conducta del jesuita Lamalle no fue consecuencia de una opinión u hostilidad puramente personal suya, sino el resultado del antigalileísmo sistémico de dicha institución.

Pero lo mas significativo es que hasta el momento la Vita e opere di Galileo Galilei, en su texto original, no adulterado, no ha sido nunca publicada por la Iglesia. He aquí, entonces, que la historia de la publicación de un libro especialmente encargado por aquella, destinado a mostrar su buena disposición actual hacia el gran científico y su obra, ha venido a confirmar, una vez más el mal disimulado rechazo e intolerancia hacia Galileo de los sectores más conservadores de esta milenaria institución.

El tercer y más reciente episodio, al que nos hemos referido inicialmente, es el triunfal anuncio de principios del año pasado de que se levantaría una estatua a Galileo, “de mármol y de tamaño natural en los jardines vaticanos, muy cerca de la Casina del Papa Pío IV”; que contrasta con las escuetas declaraciones de hace unos días de que tal proyecto ha sido “archivado”, porque, evidentemente, y aunque no se lo confiese, la Iglesia de Benedicto XVI ha cambiado de parecer respecto de aquel gesto sumamente tardío hacia el hombre y la obra del gran científico.

En realidad, este hecho no debiera sorprendernos, porque durante el actual pontificado se han venido manifestando, de diversas formas y en diferentes contextos, un retorno de la Iglesia a posiciones que parecían superadas (por lo menos en el plano discursivo), en lo referente a la teoría darwinista, a la cosmología del Big Bang, y al heliocentrismo galileano. Pero, además, como lo muestran con gran claridad los dos primeros episodios descritos brevemente más arriba, por mucho tiempo en la Iglesia católica se viene manifestando una suerte de tensión interna entre sus sectores minoritarios más progresistas y sus sectores dominantes más conservadores. De allí que, como lo mostramos más arriba, se haya puesto en evidencia idéntico patrón, tanto en el así llamado “Escándalo Paschini” como en el ejercicio de engaño y relaciones públicas tendenciosamente denominado “rehabilitación de Galileo”. En ambos casos la proximidad de alguna importante fecha histórica de la ciencia moderna puso en movimiento a los sectores más abiertos y progresistas de la intelectualidad de la Iglesia, que buscan ponerla al día en lo que dice relación con su posicionamiento ante la ciencia y la modernidad. Pero como es habitual, ante aquellos intentos de reacomodación y aggiornamento, se movilizaron de inmediato las viejas fuerzas conservadoras y fundamentalistas de la Iglesia, que ven todo cambio como una amenaza, real o potencial, a su concepción medieval del mundo, de la filosofía y de la ciencia, a la que todavía se aferran como a su última tabla de salvación histórica, en un mundo occidental casi enteramente secular, penetrado hasta la raíz por la ciencia, la técnica y las preocupaciones materiales de la existencia.

Pero, a nuestro juicio, la conclusión más importante que puede extraerse del examen de los tres episodios aquí referidos es que en cada uno de ellos la doble y contradictoria conducta de la Iglesia ha venido a confirmar precisamente aquello que ella ha venido negando por largo tiempo, esto es, que haya existido en Occidente, a partir del siglo XVII, un verdadero conflicto entra la religión y la ciencia, o para decirlo del un modo más preciso, un conflicto entre la Iglesia católica y la ciencia moderna. Puesto que si este conflicto no hubiera existido, constituiría un misterio inexplicable que más de tres siglos y medio después de la condena de Galileo, dicha institución continúe luchando contra su fantasma, ya sea que esta batalla adopte la forma de un pronunciamiento público, la de la publicación de un libro conmemorativo, o del levantamiento de una estatua en los jardines vaticanos.

Notas:

1. Desde la prensa italiana trascendieron dos pseudo-explicaciones que, evidentemente, se cancelan mutuamente: 1. que la Sociedad aeroespacial Finmmecannica, que iba a financiar la estatua y su instalación, “canceló el proyecto”. Pero no se nos explica por qué habría ocurrido esto. 2. según el periódico Il Giornale, la idea de desechar la iniciativa de erigir una estatua de Galileo, se debería a que ella “podría trastornar el paisaje de los jardines de la Casina de Pío IV”. Pero ni siquiera se indica la fuente de esta curiosa opinión, que pareciera provenir de personeros de la propia Iglesia.

2. Para un análisis completo del “Informe Final”, puede verse: Hermes H. Benítez, “El mito de la rehabilitación de Galileo”, HOJA INFORMATIVA DE GALILEO, No. 32, Octubre de 2005.

3. De acuerdo con el derecho canónico (canon 246), todos los pronunciamientos de ortodoxia católica caen bajo la jurisdicción del Santo Oficio (la antigua Inquisición romana). En cuanto a la censura, el canon 1386.1 establece que a ningún miembro de la curia le será permitido publicar un libro, editarlo o colaborar en un periódico, revista, magazine o reseña, sin el permiso del Obispo local.

4. Richard Blackwell, “Could there be another Galileo case?”, en THE CAMBRIDGE COMPANION TO GALILEO, Peter Machamer (editor), Cambridge: Cambridge University Press, 1998, pág. 363.

5. Richard Blackwell, Op. Cit, pág. 364.

Fuente: piensaChile

Monday, February 23, 2009

Dios habita en el cerebro

El Dios de Abraham era justo, inapelable, incorruptible, trascendente, omnisciente, omnipotente, omnipresente y omnibenevolente. El cristianismo antiguo se centró en la pericoresis o fusión de tres personas en una sola entidad divina. Para la vía negativa de Maimónides sólo nos es dado discutir sobre lo que Dios no es. El Todo de los herméticos es más complicado que la suma de cuanto existe, y el Buda puso el énfasis en la liberación del sufrimiento en la tierra. Vista así, la religión tiene poco de universal.

Pero los experimentos han hecho aflorar una capa subyacente más simple. Por ejemplo, los psicólogos cuentan a grupos de voluntarios una historia en la que Dios atiende a cinco problemas a la vez. Los creyentes de cualquier confesión monoteísta aceptan la narración con naturalidad, puesto que Dios tiene sobrados poderes cognitivos para ello. Pero si se les pide recordar la historia un rato después, casi todos cuentan que Dios atiende los cinco problemas uno por uno: su subconsciente ha humanizado al omnipotente Dios de la doctrina.

La investigación reciente en psicología cognitiva, neurobiología y antropología cultural ha revelado que la mayoría de los creyentes, sea cual sea su culto, tienen interiorizado un modelo extremadamente antropocéntrico de Dios. No sólo posee una figura humana, sino que utiliza los mismos procesos de percepción, razonamiento y motivación que las personas. Las creencias explícitas sobre la divinidad son muy distintas entre religiones, pero los supuestos tácitos son casi idénticos en la mayoría de las personas.

La característica central de cualquier religión es un núcleo de creencias sobre agentes no físicos. Este tipo de “conceptos sobrenaturales” -que también aparecen en la fantasía, los sueños y las supersticiones- está muy condicionado por nuestro conocimiento del mundo real. Un espíritu es un tipo de persona, sólo que atraviesa paredes. Dios comparte esas limitaciones dentro de la cabeza de los creyentes.

Más en general, las creencias subconscientes de la gente religiosa de cualquier credo son extraordinariamente parecidas: los agentes sobrenaturales ejercen una vigilancia permanente del comportamiento moral de la persona, con acceso instantáneo a sus pensamientos y deseos más íntimos. Los creyentes de cualquier culto también albergan creencias sobre la existencia y las propiedades de esos agentes sobrenaturales, y suelen guardar símbolos o amuletos que los representan, y celebrar rituales en su nombre. Cada grupo social suele atribuir a esos agentes su sistema moral, y su propia cohesión social.

Los científicos cognitivos han reunido muchas evidencias de que esta especie de religión natural se enraíza en cualidades humanas universales -como la capacidad para simular relaciones con personajes ficticios- que no son específicas de la experiencia religiosa, sino una consecuencia de tener el cerebro más desarrollado, y las estructuras sociales más complejas y estables, que han evolucionado en ninguna especie animal de este planeta.

“El pensamiento y el comportamiento religioso pueden considerarse parte de las capacidades naturales humanas, como la música, los sistemas políticos, las relaciones familiares o las coaliciones étnicas”, dice Pascal Boyer, de la Universidad de Washington en Saint Louis. Boyer ha publicado en el último año dos trabajos de referencia sobre la evolución cognitiva de la religión (Nature 455:1038; Annual Review of Anthropology 37:111).

El filósofo Daniel Dennett sostiene que los cerebros animales han evolucionado a través de tres fases. El comportamiento de las criaturas darwinianas está determinado genéticamente. Las criaturas skinnerianas (por el psicólogo conductista norteamericano B. F. Skinner) disponen de una gama de comportamientos, pero despliegan uno u otro al azar. Los humanos somos criaturas popperianas (por el filósofo de la ciencia Karl Popper). Una criatura popperiana hace lo mismo que una criatura skinneriana, pero sólo dentro de su propia cabeza, como una serie de simulaciones mentales.

El ingeniero de la Universidad de Michigan John Holland, padre de los algoritmos genéticos, asegura que “la verdadera esencia de una ventaja competitiva, sea en el ajedrez o en la actividad económica, es el descubrimiento y la ejecución de jugadas en un escenario ficticio”. Y entre las principales jugadas que tenemos que simular los humanos, desde la más tierna edad, están las situaciones sociales ficticias.



“Todos los niños entablan relaciones sociales importantes y duraderas con personajes de ficción, amigos imaginarios, familiares desaparecidos, héroes invisibles, novios figurados…”, dice Boyer. La práctica constante con ese tipo de “agentes no físicos”, de hecho, puede explicar parte de la extraordinaria destreza social de nuestra especie, muy superior a la de los demás primates. Y desde ahí, el científico de Washington sólo ve un pequeño paso hasta otros “agentes no físicNuevamente, estos comportamientos rituales son un tema común en el desarrollo infantil: por ejemplo, cuando un niño sólo puede andar por la acera pisando las baldosas rojas, o tiene que subir el primer peldaño de su portal antes de que se cierre la puerta de la calle. Los niños suelen asociar estos rituales a unas vagas nociones de purificación y protección del peligro. Cuando estos sistemas se pasan de revoluciones, ocurren los trastornos obsesivo-compulsivos.

“Sabemos que el cerebro humano tiene redes de seguridad y precaución dedicadas a prevenir peligros como la predación”, dice Boyer. “Las aserciones religiosas sobre la pureza, la suciedad y el peligro oculto de los demonios al acecho estimulan esos mismos sistemas, y hacen que las precauciones rituales resulten intuitivamente atractivas”.

La crítica científica de la religión se ha centrado hasta ahora en argumentos racionales. El astrofísico Carl Sagan, por ejemplo, escribió: “¿Cómo es que apenas ninguna religión ha mirado a la ciencia y ha concluido: ‘¡Esto es mejor que lo nuestro! El universo es mucho mayor de lo que dijeron nuestros profetas, más sutil y elegante?”.

“Hay quien tiene un concepto tan amplio de Dios que no hay forma de evitar que lo acabe encontrando en cualquier parte”, afirma Steven Weinberg, físico teórico y premio Nobel. “Si quieres decir que Dios es energía, lo puedes hallar en un montón de carbón”.
os” como espíritus, dioses y demonios, “intangibles pero implicados socialmente”.

Los agentes sobrenaturales son a menudo la fuente de la moral para las personas religiosas, y también sus vigilantes omniscientes, esto es, que basta con pensar en algo pecaminoso para que se den por enterados. Ésta es otra de las creencias más generales entre los fieles de cualquier culto.

La psicología experimental indica, sin embargo, que los niños comprenden los imperativos morales básicos, como los relativos al trato justo y al daño a sus semejantes, desde que están en edad preescolar. Eso es antes de que puedan comprender esos conceptos abstractos y con independencia del entorno religioso en que se obtengan los datos. La neurobiología, por otro lado, ha revelado nexos muy relevantes entre los juicios morales y algunas de las emociones humanas más básicas y universales.

Artículo completo en: ElPais.com