Wednesday, July 23, 2008

Nueva profesión: Farmacéuticos de religión católica

Hay un colectivo de ciudadanos y profesionales que cumple de forma rigurosa los preceptos de la santa madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana, o eso dicen.

Veamos algunos de los mandatos católicos que ese colectivo cumple a machamartillo, o eso dicen:

* Los varones y féminas de ese colectivo sólo copulan a fin de procrear, pues practicar sexo por placer es pecado, según ha insistido reiteradamente la Iglesia;

* Ninguno/a de los/as miembros/as de esas familias ha incurrido en la aberración del aborto, ¡aunque la embarazada lo esté a causa de una violación!, así lo establece la Iglesia, que niega el derecho al aborto sea cual sea la causa de esa necesidad;

* Cuando las hembras de ese colectivo paren lo hacen con dolor, ¡sin epidural!, pues dios –según la Iglesia– dijo parirás con dolor; de modo que las católicas consecuentes, fieles a su credo, respetan la condena divina y paren sufriendo;

* Los/as miembros/as de ese colectivo repudian a los drogopendientes y cuando alguno/a de sus miembros/as persite en semejante vicio es relegado/a socialmente y en el ámbito familiar, no en vano drogarse es pecado mortal (Ratzinger dixit);

* Todos/as los/as miembros/as de ese colectivo han renunciado –¡se supone!– a tener más dinero del necesario para vivir con dignidad, tal como ha instado el Papa a sus seguidores al calificar de pecado mortal el enriquecimiento personal.

Amén del largo etcétera de mandamientos, dogmas y exigencias que prescribe la Iglesia Católica.

¿Quiénes son esos nuevos ejemplos de fe católica?: Se trata de los afiliados/as a la Asociación Española de Farmacéuticos(as) Católicos(as), cuyos/as miembros/as alegan motivos de conciencia o morales para negarse, ¡lógicamente!, a vender preservativos y anticonceptivos.

Esa actidud exige que la Administración responda con rigor equiparable y deje de proteger el mercado laboral y comercial de le expendeduría de medicamentos.

El nacional-catolicismo tiene derecho de pernada

Si los farmacéuticos –sean católicos, musulmanes, judíos, budistas, evangelistas o agnósticos– tienen derecho a anteponer sus criterios personales a los de una licencia pública regulada, relegando a segundo plano los derechos del paciente y del consumdir, cae de cajón que el Estado debería dejar de proteger administrativamente el ejercicio de esa profesión y liberalizar la apertura de farmacias para, en todo caso, establecer concesiones repartidas geográficamente en puntos estratégicos que garanticen el servicio, ¡pues ahora no está garantizado en todos sus aspectos!

Urge razonar:

Si los farmacéuticos/as católicos/as tienen derecho a supeditar los deberes del servicio a sus criterios religiosos, ¿qué hará el Estado cuando el concesionario de un servicio público de religión islamista prohíba la entrada en su local a las mujeres que no porten velo o burka?, ¿o acaso la única religión legítima, legal y con derecho de pernada es la católica?

Treinta años después de ser aprobada la Constitución, los maniqueísmos, absurdos e irracionalidades del nacional-catolicismo gozan de excelente salud legal… ¡y legislativa!

Fuente: Im-Pulso

La vital importancia del adoctrinamiento religioso temprano

Quiero hablar un aspecto de la religión tan importante como es el adoctrinamiento desde la más tierna infancia. Es vital el comenzar dicho adoctrinamiento cuando la mente del sujeto carece de capacidad de crítica, produciéndose un efecto inmunizador que mantendrá a salvo la fe ante el posterior desarrollo de dicha capacidad. Es la mejor forma se evita el habitual efecto perturbador que ejerce la razón sobre la fe. Usando el admirable símil pastoril, podríamos comparar a aquellos que maduran intelectualmente sin recibir adoctrinamiento alguno con los animales salvajes que nunca conocieron pastor ni dueño y resultan sumamente difíciles de domesticar. En etología esto se llama “impronta” y no se me ocurre mejor forma de definirlo.

Los efectos así obtenidos, acostumbran a marcar de forma indeleble el cerebro convenientemente adoctrinado de manera que en la inmensa mayoría de los casos el sujeto sucumbirá su efecto aborregante, formando parte del rebaño hasta el final de sus días sin que ni siquiera llegue a plantearse la causa de su militancia. Es gente que me siente al margen de todo razocinio, porque así fueron enseñados desde que nacieron.

Pese a que ser cierto que hoy en día se está incrementando la cantidad de gente que incurre de forma viciosa en la reflexión y el cuestionamiento de su fe, no es menos cierto que si esa gente no hubiese sido adoctrinada sus razonamientos carecerían de la conveniente subjetividad para tratar el tema. Es por eso que aunque muchas personas critiquen las evidentes contradicciones entre el mensaje y los actos de mi Iglesia, aunque reconozcan infinidad de hechos inmundos y miserables cometidos a lo largo de toda su historia y en la actualidad, nunca llegaran a enjuiciar esos actos con completa objetividad y seguirán mostrándose comprensivos y respetuosos con aquella. Siempre verán a mi institución como algo bueno y respetable, sin plantearse nunca que todo pueda ser una gran farsa, por muchas evidencias con las que se cuente. A lo más que se llega es a cuestionar a aquellos miembros del clero directamente implicados o la línea seguida por su jerarquía. Incluso los más críticos reverencian la autoridad moral de mi institución y la consideran intrínsecamente buena. Es el miedo visceral del cordero criado en cautividad a la verdadera libertad.

De esta forma la iglesia siempre será considerada como buena por mucho mal que haga, el ser creyente será muy respetable, y el término ateo siempre sonará despectivo.

Incluso estos, los minoritarios ateos, conservan muchas veces más restos de impronta de lo que se imaginan.

En tiempos tan difíciles como los actuales, el adoctrinamiento hace que el enjuiciamiento a mi fe nunca llegue a caer en los derroteros de la objetividad que podrían conducir al despreciable laicismo.
Después de todo lo expuesto es lógico que el sacramento del bautismo deba aplicarse con la máxima presteza, para evitar que el sujeto se asilvestre pensando por sí mismo. También resulta completamente comprensible la oposición frontal y furibunda que ejerce mi Iglesia y nuestro séquito de fieles contra amenazas de tal envergadura como la asignatura “educación para la ciudadanía”, que pretende privarnos del privilegio del adoctrinamiento en España. ¡Que viene el Estado laico!.

Fuente: Soy Dios y tengo un Blog

Plegarias no atendidas

En el año 1872, el excéntrico sir [urk=http://es.wikipedia.org/wiki/Francis_Galton]Francis Galton[/url] escogió varias parcelas de terreno y rezó aleatoriamente sobre ellas para ver si las plantas que recibían sus oraciones crecían con mayor fortaleza y rapidez. Ante los desalentadores resultados, el profesor Galton decidió seguir investigando con las personas y realizó algunas mediciones estadísticas en función de las profesiones y las clases sociales de la época.

Atendiendo a la lógica religiosa, aquellas personas más próximas a Dios debían vivir un mayor número de años que aquellos colectivos que tenían menos probabilidades de rezar a diario. Sin embargo, los datos del censo le mostraban todo lo contrario.

Ni los sacerdotes, ni la familia real – presuntamente protegidos por grandes dosis de oración diarias – tenían una media de vida mayor a la de colectivos como los médicos y abogados, sino que vivían menos años. Así pues, tal y como dedujo Galton con cierta ironía, la oración a Dios no parecía tener efecto alguno sobre el crecimiento de las plantas ni sobre la salud de las personas.

La idea de medir la eficacia de las oraciones ha seguido practicándose por científicos de dudosas pretensiones hasta nuestros días. El intento más reciente, y quizá el mejor planificado hasta el momento, fue el experimento realizado en 2006 por el equipo del doctor Herbert Benson, del Centro Médico Beth Israel Deaoness, en Boston (Massachusetts), quien estudió el efecto de las oraciones en 800 pacientes operados de corazón en seis hospitales de Estados Unidos.

Aunque el estudio fue patrocinado por la Fundación John Templeton (que premia sistemáticamente a aquellos científicos que dejan abierta la puerta a la vía de Dios), observaba estrictamente el criterio de doble-ciego por el que ni investigadores ni pacientes conocían qué papel jugaban en el experimento.

Para llevarlo a cabo, el doctor Benson dividió a los pacientes en tres grupos:

1. El grupo de los que recibían oraciones y no lo sabían
2. El de aquellos que no recibían oraciones y no lo sabían
3. Un grupo de pacientes que recibían oraciones y además lo sabían

Tal y como explica Richard Dawkins en El Espejismo de Dios, los resultados fueron inequívocos: no había ninguna diferencia entre aquellos pacientes por los que se había rezado y aquellos otros por los que no. Sin embargo, y como una ironía del destino, sólo habían empeorado los miembros del grupo que sabían que en algún lugar del mundo había alguien rezando por su salud.

En concreto, un 59 por ciento de aquellos pacientes había sufrido complicaciones tras la operación, frente al 51% de los otros dos grupos. Probablemente, el hecho de conocer que alguien andaba rezando por ellos les provocó un estrés adicional que terminó haciéndoles empeorar.

Referencias: Statistical Inquiries Into The Efficacy Of Prayer (Francis Galton), Rezar no sirve para eso (Por la boca muere el pez)

Fuente: Libro de Notas