Sunday, July 13, 2008

No se puede mezclar ciencia y religión

Es posible estar hablando durante más de dos horas de fósiles, esponjas y organismos unicelulares sin que el aula se quede vacía? Lo es cuando el conferenciante se llama Jose Luis Sanz. Este catedrático de paleontología de la Universidad Autónoma de Madrid ha demostrado su talento como divulgador en más de media docena de libros, la mayoría de los cuales dedicados a uno de sus temas favoritos, los dinosaurios. El pasado viernes volvió a demostrar su talento para hacer atractiva la ciencia en su intervención en los Cursos de Verano de la Universidad Complutense, en El Escorial (Madrid).

Su conferencia se titula ‘Fósiles, Cultura e Historia de la Vida’. ¿Cree que la gente percibe la importancia de los fósiles dentro de la cultura en general?

No, yo no estoy tan seguro. Por eso tengo tendencia a insistir un poco en el asunto. La paleontología es una ciencia básica, pero sí ha hecho aportaciones al perfil intelectual del hombre moderno que significan cambios muy notables, sobre todo en lo que se refiere a cómo nos vemos dentro de la naturaleza, e incluso a cómo nos vemos dentro de nosotros mismos. Básicamente la función social de la paleontología es satisfacer la curiosidad del hombre hacia la vida en el pasado. Y puedes remontarte a los tiempos que quieras, a un ciudadano romano que en sus viñedos se encuentra una almeja fósil y piensa en qué demonios puede ser… La paleontología despeja esas incertidumbres y da una explicación científica y racional.

¿No es también uno de los mejores ejemplos históricos de la lucha del conocimiento científico contra el fanatismo?

Es cierto; la paleontología permite superar conceptos no científicos, procedentes de la mitología o de la interpretación de la cosmología de cualquier religión al uso. En este sentido hay un caso muy conocido, que es el del obispo anglicano James Usher, que en el siglo XVII dijo que la Tierra había sido creada hace unos 6.000 años, basándose únicamente en las Sagradas Escrituras. Las Sagradas Escrituras, obviamente, son un libro religioso. Yo, por supuesto, respeto las creencias de cualquiera, pero una cosa es la ciencia y otra cosa es la religión, y no se pueden mezclar, por lo menos en lo que se refiere a la interpretación de fenómenos naturales. Otra cosa distinta es que uno crea en la intervención de un ser ultranatural en toda la concepción histórica del mundo. No obstante, ese ser ultranatural no es demostrable desde el punto de vista científico; así que por lo tanto, tenemos que mantenerlo al margen.

Sin embargo, ideas como las del obispo Usher siguen vigentes hoy día, y además, cada vez con más fuerza.

Sí, de hecho, hay una corriente que en realidad nació en el siglo XIX, que es ésta del diseño inteligente. Insisto: una cosa son las creencias religiosas y otra cosa es el conocimiento científico basado en evidencias con hipótesis contrastables.

Entrevista completa en: Público.es