Saturday, December 25, 2010

STERM-Intersindical rechaza la injerencia del jefe de la iglesia católica en los asuntos de Estado y denuncia su visión medieval de la vida de las mujeres

Benedicto XVI, en otro más de sus discursos dogmáticos, ha atacado derechos reconocidos por la Constitución Española afirmando que es inconveniente legislar sobre temas relacionados con la libertad de las mujeres para gestar o los derechos sociales de los homosexuales. Además, la declaración malintencionada de que en España existe hoy un “laicismo agresivo” al que ha relacionado con el anticlericalismo de la II República, es un disparate histórico sólo comparable con el despropósito político que persigue.

El Papa debería preguntarse si el anticlericalismo del que acusa a la sociedad española no tendrá que ver con la represión que ha ejercido la iglesia católica en la historia de nuestro país y en la conciencia de sus ciudadanos y ciudadanas. En lugar de pedir perdón por el apoyo que la iglesia católica dio a la dictadura franquista se atreve a darnos lecciones de moralidad y a tratar de dirigir de nuevo las conciencias de la mayoría de la ciudadanía que en nuestro país ya no es católica (no llega al 50% los que se declaran como tal). Nos preguntamos cómo es posible que un hombre del S. XXI no defienda la separación total de la iglesia y el Estado, más aún cuando muchísimos católicos lo hacen. Esta conducta es absolutamente antidemocrática e intolerable, especialmente si se piensa en la cantidad de dinero que el Estado español proporciona a la iglesia católica siendo como es un estado llamado “aconfesional”. ¿Es necesario que el Estado gaste tanto de los recursos públicos que deben sostener nuestro precario sistema del bienestar en mantener una iglesia católica que se dedica con este dinero a atacar e insultar a la sociedad española y a sus instituciones?

En cuanto a su opinión sobre las mujeres no es ninguna novedad. Todo el mundo sabe que la iglesia católica es la más antidemocrática de las organizaciones y trata a las mujeres como subordinadas cuando constituyen el 80% de esa institución. Si las mujeres abandonaran la iglesia esa organización desaparecería o quedaría reducida a lo marginal. La conducta misógina de la jerarquía eclesiástica siempre ha sido paradigmática.

Lo que ha puesto de manifiesto Benedicto XVI en esta visita, pagada por todos los españoles, es que la iglesia católica no puede aceptar la pérdida del poder y la influencia que ha ejercido sobre el ámbito político en nuestro país desde tiempos inmemoriales. Quizá haya que recordarle a “su santidad” que ya no tiene capacidad alguna de “sublevar” al católico pueblo español contra la democracia y la libertad, pues los valores democráticos de la ciudadanía española en pleno siglo XXI están muy por encima de cualquier manipulación histórica e ideológica.

Alicia Poza. Portavoz STERM-INTERSINDICAL

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