Sunday, September 20, 2009

Eliminación del Estado confesional en Costa Rica

Tanto el presidente Óscar Arias como los cuatro candidatos mejor perfilados para el próximo período, se pronunciaron en favor de eliminar el Estado confesional. Uno de los candidatos dijo apoyar la separación de Iglesia y Estado, pero propuso, sin embargo, autorizar que los empresarios puedan asignar un porcentaje del impuesto sobre la renta a su religión preferida. Esto revela una visión distorsionada del papel del Estado. En principio, no se puede regalar lo que a uno no le pertenece. El impuesto que una empresa genera pertenece al Estado, al pueblo, a todos los ciudadanos y contribuyentes y no puede convertirse en un obsequio a la religión que profese el dueño de una compañía.

Los empresarios, no la empresa, son libres de donar para sostén de su iglesia, un porcentaje o el total de sus utilidades si gustan, después de honrar sus impuestos. Esta es la forma más sana y transparente de contribuir con la religión. Las religiones deben ser sostenidas por sus miembros, por sus seguidores. No es saludable involucrar Estado y religión, como dijo Jesús. Eso es precisamente lo que la reforma trata de enmendar.

Punto sensible. La eliminación del vínculo, al suprimir también la obligación de que el Estado contribuya al mantenimiento económico de la Iglesia, pareciera ser el punto más sensible y doloroso de esta cirugía.

Costa Rica es de los últimos países de Occidente que mantienen el anacronismo de un Estado confesional. Para la Iglesia sostenerlo es una causa perdida y está resignada a aceptar su eliminación. Hasta Benedicto XVI, el papa, ha expresado que el Estado laico es perfectamente compatible con la religión. Lo esencial de esta reforma es que eliminará una grave injusticia para miles de ciudadanos creyentes de otras religiones, obligados constitucionalmente a que sus impuestos se utilicen para sostener solo a una de ellas. Y también para los no creyentes en ninguna.

Respecto al juramento, impedir la mención de Dios sería un error tan grave como obligar a invocarlo. La discusión se resuelve estableciendo con igual validez la libertad de escoger entre jurar por Dios o por su honor, como hicieron otros países. La libertad de conciencia y de actuar según ella es siempre la mejor solución.

Fuente: NACION.com

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