Friday, May 29, 2009

El estruendoso silencio de Benedicto XVI

Después de los casos de pedofilia surgidos dentro de la Iglesia católica en EE UU y Australia, Irlanda trata ahora de hacer justicia a los miles de niños que sufrieron abusos a manos de religiosos. Las víctimas no están satisfechas del todo porque no se han hecho públicos los nombres de sus verdugos, y han recordado que siempre encontraron la renuencia de los obispos a reconocer los delitos. Esos obispos que no cumplieron jamás sus obligaciones canónicas (vigilar, intervenir y castigar) fueron recibidos por el Papa en 2006. Ratzinger condenó los abusos e invitó a los prelados a “establecer la verdad”, evitar que se repitieran casos semejantes y “curar a las víctimas”.

La condena debió de servir para siempre, pues desde que se publicó el informe apenas se ha vuelto a oír una palabra del Papa sobre el asunto. Ocasiones no han faltado desde que volvió de Tierra Santa. Pero nada: un recuerdo, una frase de perdón, al menos una referencia indirecta de consuelo.

El estruendoso silencio, roto ayer por Cañizares para atizar más leña al fuego, sorprende en un papa tan instruido en historia de la religión como Ratzinger. En 1545, el catecismo del Concilio de Trento determinó que “ofender la inocencia de los niños” es uno de los cuatro pecados más abyectos que se pueden cometer, uno de los que “claman venganza en nombre de Dios” (los primeros son negar los derechos de Dios, los de la Iglesia y no pagar al obrero lo que se merece).

Noticia completa en: ElPaís.com

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