Friday, January 9, 2009

Los ateos deciden salir del armario

“Estamos sorprendidos por el impacto de la campaña, y eso demuestra que era necesaria”. Así se expresa Joan Carles Marset, vicepresidente de Ateus de Catalunya, la entidad que ha decidido importar a España la campaña atea en los autobuses de Londres promovida por el científico darwinista Richard Dawkins y la Asociación Británica Humanista.

La guerra de los autobuses ha servido ya para que los ateos y sus reivindicaciones se hagan visibles, y la primera de ellas es participar en la redacción de la reforma de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa que prepara el Gobierno.

Más de tres millones y medio de personas, el 7,6% de la población, son ateas en España, según el Publiscopio del pasado diciembre. Pero el propio nombre de la ley que regula las creencias ciudadanas ya excluye a los no creyentes: Ley Orgánica de Libertad Religiosa. “¿Y los no creyentes? ¿No tenemos derecho a que se nos tenga en cuenta?”, argumenta Albert Vilanova, portavoz de la plataforma Apostasia.es, que en dos años y medio de funcionamiento ha recibido 120.000 visitas.

La reforma de la ley, que data de 1980, es un compromiso electoral del PSOE. Fuentes del Gobierno aseguran que la adaptación de esa norma a la realidad social actual se hará efectiva en los próximos seis meses.

Victorino Mayoral, presidente de la Fundación CIVES, afirma que la reforma no será ajustada si es negociada a dos bandas entre el Gobierno y la Iglesia católica. Fuentes del Gobierno consultadas por este diario se limitaron a comentar que los actores que participarán en la discusión de la nueva ley aún no están definidos.
Goteo de afiliados

Desde que se hizo público que copiarían la campaña londinense para llevar publicidad en los autobuses, la decena de asociaciones ateas registradas en España han recibido un modesto goteo de llamadas de personas que quieren afiliarse. De momento los promotores ya han anunciado que los 8000 euros recaudados en las últimas semanas servirán para llevar su campaña no sólo a Barcelona donde comienza el próximo lunes, y Madrid se ha cerrado un acuerdo y se estrenarán el día 26, sino también a Valencia, Bilbao, Sevilla y Zaragoza.

Pero los militantes ateos en nuestro país son sólo un millar, una cifra muy alejada de los 3507994 personas que rechazan la creencia de Dios. A esta cifra podrían añadirse otros 4,1 millones de agnósticos, personas que se declaran no creyentes pero que no descartan la existencia de Dios.

“Hemos detectado, con estadísticas oficiales en mano, que existe miedo a declararse ateo”, afirma Marset. “El anonimato favorece que la gente afirme sus convicciones reales. En las entrevistas por Internet hay más del doble de ateos que en las entrevistas personales”, explica. “Existe miedo social a declararse ateo, no olvidemos que venimos de una época en que ser ateo significaba ser un proscrito”, concluye Marset.

Rémora del franquismo

“Existe una criminalización que viene de la época del franquismo”, declara Luis Vega, presidente de la Asociación Madrileña de Ateos y Librepensadores. “Por suerte, los jóvenes no tienen este problema”, añade. En efecto, en 1994, el 22% de los jóvenes de entre 15 y 24 años se declaraba agnóstico, ateo o indiferente. El porcentaje ronda hoy el 50%, según varias encuestas.

Paco Miñarro, de la Fundación Internacional de Ateos, ofrece otra interpretación: “El ateísmo es una cosa muy personal y la gente no quiere hacerla pública”, dice, y añade que muchos sólo se manifiestan cuando se sienten ofendidas. “Por eso estamos encantados con Rouco Varela y Antonio Cañizares”, ironiza.

Tampoco ha ayudado la escasa coordinación existente en el colectivo ateísta, al que algunos de sus representantes definen “como una manada de gatos”. “Por nuestras convicciones, no somos dogmáticos y a veces no tenemos mucho en común al margen de no creer en Dios”, explica Marset.

Las distintas opiniones de los movimientos de ateos se han hecho patentes al elegir el lema que llevarán los autobuses, “Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta de la vida“. La Fundación Internacional de Ateos defiende que este eslogan es “blando” y que “se podría haber ido mucho más lejos”. Su portavoz cree que la palabra probablemente tiene unas connotaciones irónicas y ácidas que se pierden en español.

La sorda batalla de los ateos por conseguir ser socialmente visibles ha contado con la inestimable ayuda de los movimientos laicistas, con quienes mantienen diferencias pero también un objetivo compartido: “Nosotros no queremos una sociedad atea, eso sería una dictadura, sino un Estado laico”, aclara Luis Vega.

Y si en algo están de acuerdo la Conferencia Episcopal Española (CEE) y las asociaciones de laicos es en que ambos se sienten maltratados por el Gobierno. El portavoz de la CEE, Juan Antonio Martínez Camino, lo llama “cristofobia”. Las asociaciones laicas y ateas lo llaman marginación.

La apostasía, en el aire

Los ateos confían en que la nueva ley garantice un derecho que la Justicia ya ha rechazado. Se refieren al derecho a apostatar. Una sentencia del Tribunal Supremo invalidó en octubre otra anterior de la Audiencia Nacional que obligaba al arzobispado de Valencia a borrar de un libro de bautismo a Manel Blat, un apóstata.

Hasta entonces 650 solicitudes se habían tramitado con éxito a través de la Agencia de Protección de Datos. Ahora los afectados se plantean recurrir al Tribunal Constitucional.

De momento, los ateos se conforman con que sus autobuses circulen por distintas ciudades españolas llevando el mensaje de que no creer en Dios es un derecho.

Fuentes: Público.es
Bajo licencia creative Commons

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