Go to content Go to menu

Fidelidad y Lealtad

Sunday, June 6, 2010

Nada de lo que existió, dejó de existir. El pasado está incurso en el presente. Quedan sus consecuencias, insertas y preservadas en lo existente. No se conserva la unidad en su esencia, sino en su presencia, distribuida en infinitas derivaciones.

Quien se entrega a los dogmas, es que ha dejado de razonar. Entre fidelidad y búsqueda de la verdad, escogió la fidelidad. Sin aceptar la posibilidad de equivocarse, porque se imagina guiado por fuerzas supremas. Cuando aún se está accediendo a las primeras páginas de las ciencias, no se puede certificar como innegable el contenido del último capítulo, Sobre todo, porque la capacidad total de las ciencias es inabarcable, para una sola mente humana. Mientras exista la Humanidad, seguirá aprendiendo. Hace falta que no olvidemos los principios de nuestro conocimiento, para relacionarlos con los fines.

La lealtad es algo más que la fidelidad. Se puede ser fiel y desleal, porque, a veces, la lealtad excesiva a otros, nos hace olvidarnos de la lealtad que nos debemos a nosotros mismos. La lealtad, mal entendida, conduce más al error y la desviación que la fidelidad al espíritu. Cumplir un compromiso, no es velar por su óptima ejecución, sino atenerse a lo obligado. Los criados son fieles, los amigos, leales. Para ser fiel y leal, se necesita sentirse amigo, al servicio de la amistad. No es lo mismo ejecutar un mandato, que cumplirlo fielmente, por lealtad. Mejorando lo deseado. A otros, no se puede pedir fidelidad, sí lealtad. Todo pensamiento expresado, cambia su sentido y valor, al trasladarse de mente. El sedimento distinto en cada mente, permite valorar la misma idea de forma diferente.

Las luchas con uno mismo, para cumplir ideas de otros, suelen conducir a desviaciones erróneas. No hay que levantar monumentos a las batallas, sino a los pacificadores. Las grandes victorias no son sino matanzas del contrario. Siembras de odios que florecerán algún día. Las reglas morales tienen, todas, un componente social. No se puede estar invocando derechos divinos exclusivos, y pretender, al tiempo, ser parte del mundo actual, regido por la razón y la ciencia. La Humanidad evoluciona. Es lógico que sus principios cambien. La adaptación y desarrollo son esenciales para la pervivencia. Quien crea que ya llegó a la perfección, es el peor enemigo de sí mismo. Se niega a evolucionar.

Cuando las utopías pueden realizarse, se convierten en bellas realidades imperfectas. Mientras sólo eran utopías, tenían el atractivo de lo ideal. Lo conseguido nunca es perfecto. Los fanatismos son crueles. Lo fanático excluye lo diferente. Y, más pronto, si lo excluido demuestra ser mejor. Si algo hay irracional en la sociedad humana, son las creencias excluyentes.

Las leyes no pueden ser irracionales. En ellas ha de excluirse la perfección. Una ley demasiado tendente a la perfección, se convierte en una trampa sin salida. Los humanos no somos perfectos, somos… humanos. Los principios, no pueden ser innegociables. Han de estar hechos a la medida de todos los ciudadanos, creyentes y no creyentes. Las leyes no pueden primar a unos sobre otros. Ante la ley, todos los ciudadanos deben ser considerados iguales. Los derechos que defienda la ley, deben ser universales.