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Realidad Milagrera

Friday, April 2, 2010

Las Creencias son como la realidad del teatro; primero se coloca el decorado adecuado y se inventa la historia, para, después, montar la escena. Así, todo puede resultar casi coherente, al menos, creíble. Para condenarse y condenar, se ha de creer en la validez de la condena.

Las verdades milagreras no son eternas. Ni antes, ni después de considerarlas. Lo son, de forma relativa, respecto del momento en que las consideremos. Pero, nosotros no vivimos una eternidad. Sencillamente, afirmamos la validez relativa de cada cosa, desconociendo su realidad absoluta. Fijar la necesidad obligatoria de creer, de forma absoluta, en la autenticidad de un nuevo dogma, se demora durante siglos.

Hasta comprobar, prácticamente, más su valor adictivo, que su realidad intrínseca.. Se discuten durante generaciones. Y es que, construir un mundo de artificiosas afirmaciones, es complicado. Sus artificieros han de seguir una línea que no contradiga lo ya fijado como conveniente. Al tiempo, ha de ser tan artificiosamente increíble, que haya de forzar, más allá de la lógica, la voluntad de adicción de sus creyentes. Si se considera que es real en el plano de la divinidad, aún cuando sea irreal con altura humana, entonces se clasifica como sublime. Ya que, lo tomado por divino, puede prescindir del sometimiento a la lógica. Si lo aceptamos así, entramos, plenamente, en el campo de la anulación del pensamiento racional, para aceptar, sin dudar, toda fantasía de cualquier creencia. En ese mundo, las ciencias dejan de tener valor y vigencia, Cuando nos introducimos en campos de fantasías; para sobrevivir, hay que olvidar el cultivo de la razón.

En todas las monarquías de la antigüedad, donde se conectaba la realeza directamente con la divinidad, para construir dinastías, los conocimientos científicos esenciales fueron ocultados sistemáticamente. Permaneciendo como dominio privado de la clase sacerdotal, que los administraban para su provecho, ocultándolos, principalmente, al monarca, para acrecentar el valor de su saber. Era el poder de lo esotérico, el conocimiento de lo oculto. Lo cercano a lo milagroso. Cuando nos hacemos preguntas, sobre algo que desconocemos, nuestra inquietud intelectual nos lleva a buscar respuestas. Y esto conduce a dos caminos de solución: La fantasía o la investigación. Si nos servimos de la imaginación pura y la inventiva, crearemos una fábula, más o menos razonada, pero irreal. Estos son los relatos que, sobre el origen del Universo real, y sus dioses de fantasía, encontramos en todos los sistemas de creencias. Tan variados, en sus miles de versiones, como cualquier literatura fantástica.

Cuando, en vez de fantasear, tratamos de investigar y razonar, para llegar a la verdad, estamos creando ciencia. Indudablemente, el camino de la ciencia es más difícil, lento y complicado que el de la fantasía. Cualquier pequeño paso adelante, en el mundo de las ciencias, está cimentado sobre el trabajo arduo de anteriores investigadores del conocimiento. Y la gente milagrera suele tener prisa por afirmar sus ‘verdades reveladas’, a ser posible, acompañadas de trompetas celestiales, rayos y truenos. Lo que no siempre se halla disponible, a mano y demostrable. Es más fácil, fabular.