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Necesidad de Saber

Sunday, February 21, 2010

Al no permitir dudar, el pensamiento dogmático se convierte en el triunfo del no pensar. Parálisis del intelecto. Lo contrario de la esencia humana, que requiere evolución, desarrollo, concreción de las ideas.

Creer es el estado más primitivo del pensamiento humano. Los principios morales y sociales, que obligan a actuar de una determinada forma, crean más deberes que afectos. Lo que pudo presentarse como deber cumplido, se convierte en trabajo, impuesto para respetar las reglas establecidas.

El peligro de los grandes conflictos actuales es, que están dirigidos por hombres de fe. Creyentes de su propia verdad. Por tanto, negadores de la verdad ajena. Quien decide excluir del paraíso a quienes no tengan sus mismas creencias, es un sectario. Los odios de quienes se creen buenos, son más intensos, duraderos y destructivos. Porque, sus dirigentes, les hacen creer que sólo ellos luchan en el lado del Bien. Lo exterior es maldad. Realmente, la propia verdad, que surge de nuestro interior, es la válida para cada individuo.

Cualquier rama científica, que aporte conocimientos nuevos, está cambiando la vida del humano. Por muy alejadas que estas aportaciones parezcan, del día a día cotidiano. En ciencia no hay nada intocable. Todo se revisa, constantemente. En ella, las verdades no son eternas, tienen siempre algo de provisional. Se mantienen como certezas, hasta que se encuentra algo mejor. El conocimiento se revisa.

Los depredadores por designación divina, procuran sentirse como administradores de Dios sobre la Tierra. A quienes toda propiedad les fue dada por el Creador. Según sus cultivadas convicciones. Resulta, al menos, retorcida, la interpretación real que los hombres de fe hacen de sus oportunas convicciones. Utilizan el credo como si fuera el título de propiedad de cuanto se pone a su alcance. Debería enseñarse más ciencia en las escuelas, desde una edad temprana, para que los espíritus infantiles lograran anclarse en el discurso de la razón. Si no, viviremos pronto en un mundo irracional de dispersas fantasías místicas, que buscan sólo el predominio de un número limitado de líderes carismáticos, sobre millones de ingenuos creyentes. La fe es manipulable. La creencia es el triunfo del no pensar.

No siempre la madurez acerca a la sabiduría. Es más común la consolidación de mentes dispuestas a creer que ya saben cuanto necesitan. Las posiciones dogmáticas sobran. Son causa de casi todos los conflictos insolubles. Los soldados, para luchar con espíritu de victoria, necesitan tener convicciones, sentir dentro la justicia de los fines que defienden y creer que no luchan contra sus hermanos, favoreciendo a extraños.

Los políticos no son nada, sin el pueblo que los sostiene. Las ideas pueden estar dormidas, inactivas, hasta que despiertan, manifestándose. Ciencia y creencias pueden coexistir, siempre que no se pretenda destruir la ciencia, por temor a perder poder y hegemonía de las creencias. Los científicos no buscan enemigos, sólo ampliar sus conocimientos, para el beneficio de todos. El cultivo de las creencias suele conducir al incremento de la ignorancia.

El bien común no debe implicar la anulación de los derechos individuales. El Bien y el Mal no son valores absolutos, ni pertenecen a nadie. Las mismas acciones, al ser puestas en marcha en ocasiones diferentes, o por personas distintas, no suelen tener el mismo efecto, ni estar motivadas por los mismos sentimientos.

Moralmente, cuenta más la intención que el resultado. Pero, en la vida real, ¿cómo podemos penetrar en la conciencia de la gente? La libertad no es un hecho, sino un sentimiento. Quien tenga su pensamiento condicionado, no es libre. Y, ¿quién no está condicionado? Cuando la razón se pone en marcha, el conocimiento se amplía. Constantemente. La razón siempre está en movimiento. Revisando, completando, recolocando los conocimientos de cada uno, para que todo encuentre su lugar adecuado. Hay que temer a los manipuladores de la mentira. A quienes se presentan, falsamente, como dueños de la verdad, para obtener ventajas. Donde reina la hipocresía, todos pretenden ser amantes de la verdad. Si los aceptas, sin razonar, a partir de ese momento, verdad y mentira serán la misma cosa: simples instrumentos de poder. Mezclados, de forma tal, que te será difícil librarte de la maraña en que se han convertido simples hechos, reinterpretados fantasiosamente por miles de mentes, oscurecidas por la ignorancia.

Quienes viven del respeto ajeno, han de presentarse como intachables. Y eso raramente existe. Si el individuo perfecto existiera, habría cesado la evolución. Es más común que, los pretendidamente intachables, vivan inmersos en el mundo de la hipocresía. Para zanjar diferencias, siempre se puede hablar.

No es justo usar la libertad de expresión, por consenso democrático, para imponer pensamientos únicos, rígidos y controlados, conducentes a la dictadura de los ya poderosos. La mayor parte de las ideologías institucionalizadas, que implican el uso de valores morales, caen en la manipulación de tales valores, para asignarles intenciones benéficas o maléficas, según convenga al juzgador.

La esencia puede permanecer, mientras las circunstancias cambian. A veces, las razones que más se ocultan, son las que afloran con mayor nitidez. La hipocresía en la intención, puede ser más punible que el hecho en sí. Nunca el temor fue creativo. La creación es función del amor. Las sociedades cambian cuando se alteran sus creencias. Cuando uno se cree escogido por los dioses, para cambiar las creencias del mundo, debería visitar a un siquiatra, antes de ponerse en marcha. La tragedia del mundo actual, es que hay demasiados gobiernos en manos de fanáticos. No se razona, sencillamente se trata de anular la creencia diferente. Faltan científicos razonadores, con poder en los puestos de mando y sobran hombres de fe. Sin mentir, no dicen la verdad, la ocultan; son los hipócritas. Entre la verdad y la mentira se encuentra la hipocresía. Participa de sus colaterales, sin igualarse a ninguna de ellas. Su característica es ser, siempre, algo distinto de lo que aparenta. Las leyes, las costumbres, las enseñanzas, la sociedad, en suma, cambian cuando se alteran las creencias.