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Culto a la Muerte

Tuesday, February 16, 2010

Quienes pueden pontificar sobre normas de conducta, las adaptan a los tiempos en que vivan. Es injusto plantearse, inhumanamente, que la vida o muerte de pueblos enteros puedan someterse a las expectativas de unas elecciones, de las que puedan salir triunfantes unos u otros. Aunque sea eso lo que suceda realmente. Elegir a un político u otro, siempre cambia el futuro de alguien. Los inflexibles prefieren que la gente muera, antes que cambiar su palabra, o sus designios. Los asuntos de dignidad personal suelen ser decisivos para los políticos. El amor a sí mismos puede más que su amor a la Humanidad. Las preferencias, sobre todo las políticas, suelen funcionar como las obras de teatro; poniendo el decorado apropiado, se monta una escena semejante, con variaciones, para hacer el desarrollo creíble.

En un mundo donde la idea del pacifismo progresa, parece fuera de tiempo la institucionalización de la muerte violenta, como justificable a los ojos de Dios. Quienes trafican con armas, guardan los beneficios, siempre situados a salvo, en la distancia. Parecen creer que todos morirán, menos ellos.

Somos lo que pensamos. Desconfiemos de quienes se proclaman dueños de la verdad. Porque no estarán dispuestos a consentir más verdad que la suya. Una vez cambiado el camino, nadie puede volver a su origen. El agua que salía ayer de una fuente, no es la misma que sale ahora. El mal que se escondía en el proyecto original, no parece el mismo que late en la obra finalizada. El arrepentimiento no influye en el pasado, sólo se traslada al futuro, cuando el mal ya fue hecho. Cualquier creencia es limitadora. No se pueden sobrepasar sus fronteras teóricas, cuando, en la práctica, cada creencia es la obra conjunta y cambiante de los sucesivos continuadores de una idea, heredera de sí misma, que cambia al continuarse. El punto de partida y el camino recorrido, forman parte de la meta.

Cuando el conocimiento se amplía, constantemente, la razón se pone en marcha, para permanecer en movimiento. Revisando, completando, recolocando cada cosa, hasta encontrarle su lugar adecuado. No creo, no puedo creer, en lo inamovible, lo estático, lo perenne, lo eterno. Necesito saber que todo cambia, o, al menos, que todo puede cambiar.

Pienso, discurro, razono, deduzco, y, entonces, cuando creo saber, descubro más dudas, tras las primeras afirmaciones. Nunca se está ante la Verdad Total. Sino ante verdades parciales, que te indican el camino hacia otras porciones de verdad. Deberíamos curarnos de esas pretensiones visionarias, que nos conducen a creer haber alcanzado el núcleo de la Verdad.

Vamos sabiendo más, cada día, sí, pero, cuanto más sabemos, más conscientes somos de lo mucho que ignoramos. Sólo un iluso, o un mentiroso, pueden afirmar conocer la verdad absoluta de algo. Llegamos a intuir pequeñas verdades parciales, que van formando un conjunto, tan inmenso, que ninguna vida bastaría para abarcar su desarrollo. Tras de una verdad, siempre hay otras.