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Adoctrinando

Sunday, January 31, 2010

Quienes se consideran dueños del alma de sus adoctrinados, no quisieran compartirla con otros. No hay libre albedrío sin libertad previa, una base económica y cohesión social bien arraigada. En los grupos de fanáticos, por encima de los discípulos, siempre hay maestros. Consideran que no se perjudica a un sacrificado, por enviarlo al reino de los cielos. Pues, quien muera luchando en defensa de sus creencias, conquista la posición de mártir. Las ovejas no pueden ser guiadas más que por ellos, sus pastores.

Lo que es moral o amoral para el hombre de la calle, tiene distintos valores, de puertas adentro. Donde la sumisión es total ante los adoctrinadores. Mientras haya doctrina que enseñar, habrá maestros que la divulguen entre sus discípulos. Permanece la obra, no el obrero. ¿Siguen siendo mártires quienes mueren matando? Este adoctrinamiento, puede conducir a cimentar el fascismo más feroz. A quienes se llaman idealistas, se les puede y debe exigir que procuren conquistar el derecho a poner en práctica sus ideales, sin, para ello, matar o reprimir a nadie. Fomentar la capacidad crítica de los individuos, sería la mejor ayuda que podría prestarse a su desarrollo humano. Las mentes adoctrinadas pierden la facultad de ejercer el libre albedrío. Los monstruos carniceros, deben quedar relegados a las cavernas.

Con iguales elementos que las abejas fabrican su miel, componen el veneno, para cargar su aguijón. Vida y muerte. Es posible que debamos aprender a separar ciencia y creencia, para buscar aprendizaje en lo pequeño, más que en lo grande, que nos sobrepasa. Los secretos de la vida están más en lo pequeño, dentro de nuestro alcance. Avanzar es posterior. Antiguamente, los conocimientos, ya fuesen científicos o mágicos, debían permanecer en secreto. Sólo las autoridades superiores tenían la potestad de recabar explicaciones sobre la solución de algún problema. Esta práctica fue común en las antiguas civilizaciones.

Siendo el origen de enormes pérdidas de conocimientos. Los conocimientos se percibían de los maestros, bajo estricto juramento de silencio. La base de la preeminencia era, la ocultación de lo aprendido. La divulgación de lo secreto, se penaba con la muerte. Así, el secretismo de las sociedades excluyentes, provocó el estancamiento de los conocimientos humanos. Que eran tratados como secretos estancos, privilegio de cada profesión, con disciplinas cerradas, de estudios aislados y exclusivos. Con esa mentalidad, preservar la ignorancia ajena, llega a ser más importante que cultivar el aprendizaje propio.

Si no queremos retroceder a un mundo cada vez más lleno de tiranos e intolerantes, debemos convertir en un deber la comunicación de nuestros conocimientos. Para no trocar la sociedad humana en un mundo de compartimientos estancos. Aprender y enseñar, deben ser actividades generosamente complementarias.
En la Historia, de los traidores se olvida todo, excepto su traición. Europa, como centro emisor de bienestar y cultura, existe. Sólo hace falta pegar más firmemente los trozos en que la Historia nos ha dividido. La unidad europea debe permanecer como valor prioritario de nuestra esencia.

Creación y Creencias

Wednesday, January 27, 2010

Los fanáticos, de cualquier creencia, son la negación de la vida. Actúan como predadores, exterminadores de todo aquello que no consideren su igual. Quien proceda, en sus acciones, dando prioridad a las creencias, antes que al razonamiento, no puede sorprenderse si encuentra dificultades en la realización de sus proyectos. La vida es un encadenamiento de hechos lógicos.

Los razonadores crean, los creyentes, ignoran. Para ser querido, se ha de amar. Quien albergue odios, rencores, envidias, no puede ser feliz. Las mismas ondas que emitimos, las recibimos rebotadas desde nuestro entorno. Las teorías, para demostrar su validez práctica, han de ser usadas. El proceso histórico es el que demuestra a dónde llevan. Si se tiene el poder y los medios suficientes para imponer la paz, no debería hacerse a través de la guerra. Creando odios, donde sólo existía indiferencia. Quien no pueda deshacerse de sus rencores en soledad, consigo mismo, no debería asumir una responsabilidad que le permita rociar con su bilis a toda la Humanidad.

Quienes temen al Dios juzgador que conciben, no pueden amarlo. Para ellos, es más un lejano juez, propenso a la destrucción, que un padre creador. Casa uno lleva dentro al dios que le corresponde. El cielo es de los creyentes. De quienes creen en él. Igual que el infierno. Quien crea que se lo merece, lo tendrá. Lo creamos los humanos, en nuestra mente. Aquello en que se cree, se realiza. Por eso los creyentes son, también, temerosos. Pretender gobernar el mundo con sentimientos viscerales y egoístas, crearía un futuro lleno de rencores.

Quien, teniendo el poder y los medios suficientes para imponer la paz, quiera hacerlo a través de la violencia, para demostrar su fuerza, creará odios, donde, posiblemente, sólo existiera indiferencia, o rivalidad. Para ser querido, se ha de amar. Los hombres religiosos que utilizan la religión para medrar en política, contradicen sus principios. A no ser que consideren la religión como una forma de hacer política. Lo estamos viendo, fehacientemente, en Iraq, Irán, y todo Oriente Medio. Pero es también una forma de alcanzar puestos de poder. Todos los contendientes usan su propia religión, para cohesionar a los suyos, como un arma más contra los que son diferentes. Cuando, de lo que realmente se trata, es de ganar territorios y privilegios ambicionados. Los hipócritas conocen el valor de sus armas.

El monoteísmo, en cualquiera de sus variantes, produce el mayor porcentaje de intolerantes. Reales o de conveniencia. Pretendiendo forzar reglas propias en vidas ajenas. Cuando, nadie es respetable por encima de nadie. Es decir, todos deben merecer el mismo respeto, crean lo que crean. Las guerras contra los herejes, durante la Edad Moderna, no son hechos muy distintos, ni distantes en su génesis. El resultado era la incautación de sus bienes y la expulsión del territorio. Como solución, buscada, aunque nunca declarada, de la aplicación de la intolerancia. Tales hechos se basan, jurídicamente, en querer forzar reglas propias en vidas ajenas.

Amor, Realidades, Sueños

Tuesday, January 26, 2010

Venganza, más que amor, es el motivo que impulsa a la Humanidad. Egoísmo y no generosidad. Queremos proteger lo nuestro, aunque sea quemando lo ajeno. Amor, es necesario, y no terror. El amor construye. El terror aniquila. Creer, creer, siempre creer, para conservar y repetir el pasado. Es lo que nuestros instructores nos piden. Pero, necesitamos amor; amar y amarnos, para construir el futuro. No odios enquistados. Recordar las hogueras medievales y el olor a carne humana quemada, por los verdugos inquisidores de turno, es lo que nos hace falta, para reconocer el camino recorrido.. Perdonar, sin olvidar. Conscientemente racionales. Quienes quisieran borrarnos la racionalidad de nuestros cerebros, pretenden hacernos regresar en la evolución humana, unos cuantos millones de años.

Jugar a construir el futuro, sobre bases inventadas, fuera de la realidad, es lo que nos hace estar, siempre, en el aire. Quien ama, también odia. ¿Qué regalaremos esta vez a nuestro antiguo enemigo interesado? Quien quiera ser amado, debe saber cultivar, y dar, amor. Torturando y humillando a los pueblos, no se conquista su amor. Sólo se los engaña. La bondad es, siempre, fruto del amor. No del temor ni del odio. El futuro nos pertenece a todos, no sólo a los poderosos. Ante lo diferente nos sentimos inseguros. Se busca lo que convenga, en el momento deseado. Ayudando a un ser humano, se ayuda a toda la Humanidad. El sincretismo actual es perfecto, no sienten la necesidad de cambiar.

Quien lo crease todo, debería tener el mismo amor a toda su creación. Si es que los hombres religiosos tuviesen razón en sus creencias tendenciosas. Quienes rijan la administración de un pueblo, han de amarlo, al menos tanto como se aman a sí mismos, obrando en consecuencia; dándole a su población lo mejor de ellos mismos. Al final, estar y sentirse bien, es cuestión de amor. De los salvapatrias, líbranos Señor. Sus palabras me suenan tan huecas como el retumbar de los tambores. Pero mueven multitudes y son peligrosos A los fanáticos, les falla la lógica. Ellos solos se excluyen del mundo real, construyendo fantasías.

Si, quienes dicen moverse por amor al prójimo, pretenden la búsqueda del camino hacia la perfección, el mejor indicador a seguir los conduciría a su mente. Donde encontrarán la parte de Universo que contenemos. Desde allí nos podemos expandir, hasta confundirnos con el Todo. La diferencia entre caridad y amor, no es evidente, pero sí esencial. La caridad da a otro lo propio. El amor es un regalo a uno mismo; porque el ‘otro’ forma parte de uno. Quien odia al diferente, en cambio, hasta sus amores los tiñe de odio.

Lo que es moral o amoral para el hombre de la calle, tiene distintos valores, de puertas adentro. La hipocresía y el cinismo deberían ser pecados capitales, como lo es su madre, la falsedad. Las doctrinas totalitarias, no han dejado nunca una herencia de respeto y protección del individuo, sino la consagración de la prioridad comunitaria ante éste.

Deberes Impuestos

Monday, January 11, 2010

Las ideas deben estar al servicio de los Humanos, no al revés. Cuando la ley es parte del problema, y no la solución, habrá que cambiar la regla.

Ninguna base ética niega el derecho a codecidir, actualmente. En principio, los derechos pertenecen a todos. Aunque las circunstancias, las personas y las sensibilidades cambien. No es bueno cultivar diferencias insalvables. No sabremos nunca si seremos los primeros en necesitar traspasarlas. Las circunstancias, las personas y las sensibilidades evolucionan. El placer es parte de la vida. Los enemigos del placer, están más cerca del reino de los muertos, que gozando la vida. Gozar no es sinónimo de pecar. Sólo mentes retorcidas pueden colocar ambos conceptos en el mismo plano de experiencias. Lo pecaminoso es, en primer lugar, destructivo de algo. De la paz, del amor, de la armonía,…Quien basa el cumplimiento de sus creencias en la negación del placer, está mutilando su alma, cercenándola. Porque, con ello, se niega a sí mismo como persona. Con lo que nunca podrá vivir una vida placentera. Pretender la felicidad en la tierra, es algo legítimo.

No podemos esperar todos a ser felices en el cielo. Tras la muerte, acumulando sacrificios y prohibiciones. Nuestros deberes en la tierra pueden cumplirse con placer, siempre que sean los escogidos por nosotros, cumpliremos mejor nuestra tarea. Es preciso buscar, encontrar y expandir la propia felicidad por el mundo cercano. Repartir felicidad ha de ser un acto gozoso, bienhechor, alegre. La alegría es un don de los dioses, no un pecado. Repartir alegría a nuestro alrededor, es también una búsqueda de la perfección. Y si es inconsciente, mejor. Porque no tenemos que esforzarnos para dar lo que nos sobra. Quien se sintiese sacrificado, limitado, sometido por su entorno, poca felicidad podría repartir a su alrededor. Aparte de que sería menos efectivo en su tarea. Entregarse a una obra, que ha de llenar nuestra vida, ha de hacerse con placer y por placer. Si no fuese así, sería un sacrificio para quien la efectúa. Alguien que, al cumplir un deber, se siente sacrificado, no es la persona idónea para el mismo. Quien se entrega a una tarea, de forma voluntaria, ha de sentirse feliz en la tarea, si no, su obra no será nunca perfecta, disfrutada hasta la perfección. Sino un castigo.

La lucha del mundo contra los dictadores, debe ser por amor a los vivos, por su felicidad. Quien hace infeliz a un pueblo, destruyéndolo, no puede amarlo. Quien muta todo lo que toca en una máquina de exterminio, no merece seguir vivo en la memoria de su pueblo.

Cuando leyes y mandatos, tenidos por divinos, son excusa para la destrucción de otras civilizaciones, con creencias distintas, con dioses diferentes, algo falla. O bien la interpretación del principio, o bien el principio en sí.

Liberación Mental

Friday, January 1, 2010

A más creencias, menos ciencia. Las organizaciones de creencias, son estructuras de poder, básicamente. Los especuladores de ideas, no se conforman con poseer las vidas de quienes se enganchan a sus cebos. Quieren poseer países. Donde puedan sentirse más poderosos.

Si algo debemos tener bien claro, es que no se ha de buscar la verdad en otros, sino en uno mismo. La propia verdad, que surge de nuestro interior, es la válida para cada individuo. El mundo está en nosotros, como nosotros estamos en él.

El progreso científico y económico, la acumulación de bienestar por la Humanidad, comenzó cuando los hombres de ciencia pudieron liberar sus estudios de condicionamientos mágicos, místicos y doctrinales.

Los hombres religiosos tienen, implícitamente, tendencia al conservadurismo. Miran más a la herencia del pasado, que a la innovación futura. La verdad se puede ocultar, pero eso no la cambia. Su esencia permanece.

El derrocamiento de Saddam Husein fue, en sí y por sí, una bendición para Irak. Pero ha sido torpemente devaluado, por la zafiedad de los ocupantes. El pueblo liberado no parece disfrutar mucho con su nueva libertad. Si antes morían de hambre en un país sojuzgado, ahora nadie percibe que les vaya mejor. Sólo podemos estar seguros que, con el bronce de las estatuas derribadas de Saddam Hussein, nadie moldeará figuras de los líderes invasores. Aunque, ahora, se pretenda inculcarles nuevos dogmas, en sustitución de los anteriores. Lo que les crea problemas añadidos de identidad y creencias.

El alma de un pueblo, como la de un individuo, siempre es singular. Allí está naciendo un nuevo mundo, con viejas raíces. La mejor intervención es dejar que nazca libremente, naturalmente. Sin cesáreas ni parteras.

Sobran los dogmáticos, de todo signo. Lo que los pueblos liberados necesitan, son legiones de científicos, que enseñen a pensar en libertad. Sin adoctrinamiento alguno. En cambio, se está produciendo una invasión de predicadores, mahometanos y cristianos, que no contribuyen al bienestar y liberación mental del pueblo iraní, sino a incrementar su confusión y crear nuevos conflictos de identidad. En un pueblo que necesita, urgentemente, liberarse de doctrinas autoritarias y el recuerdo de gobiernos dictatoriales. Se ha destruido una dictadura, sin liberar el país de sus consecuencias. El caos no presenta muchas ventajas sobre la dictadura.

Nunca habría revoluciones, si no se frenara la evolución natural del pensamiento. Quien trate de evitar la libertad del pensamiento, es el mayor provocador de explosiones intelectuales. Como las que estamos viviendo actualmente, en el mundo de las religiones, convertido en un hervidero destructivo. Las religiones institucionalizadas, no son proclives a los cambios sociales. Y eso tiene consecuencias.

El alma de un pueblo necesita expandirse. Siempre tiene antecedentes ajenos a los de otros pueblos, que condicionan sus reacciones presentes y futuras. En el continente euroasiático, está naciendo un nuevo mundo que condicionará nuestro futuro. La mejor intervención es dejarlo que nazca. Por sí. Admiremos el proceso, sin intervenir, como contemplamos un bello amanecer, pasmados. Sin ponerle decorados al firmamento, que no los necesita.

Expandirse es el ansia de toda enseñanza, especialmente las dogmáticas. Quienes tratan de inculcar sus dogmas, ya llevan la obediencia implícita en sus enseñanzas. Se trata de conquistar voluntades. Con o sin resistencia. El método es, siempre, una enseñanza de arriba abajo. En la que el maestro enseña, sin aprender del alumno. Este adquiere, como tarea principal, la norma de someterse a la autoridad prevalente de lo enseñado. No caben modificaciones. Los dogmas inculcados son como son. Al discípulo le cabe sólo aceptarlos. Se pretende la transmisión vertical del concepto de obediencia ciega. Contra todo razonamiento. Mientras más enrevesados e improbables sean los dogmas, más obligan al rechazo de la razón. La primera condición es aceptar todo, sin opción de razonar. Es la formación ideal para convertir, a los fieles, en soldados sin cerebro. El concepto de disciplina militar, es un cepo para jóvenes, donde la mente queda atrapada.

Las religiones expansivas, especialidad de las monoteístas, no han tenido nunca inconveniente en seguir los caminos abiertos por sus tropas. Primero hay que debilitar, o exterminar, para luego heredar. Todos los grandes templos históricos, están construidos sobre ruinas de templos anteriores, de creencias precedentes. Los lugares santos se heredan, históricamente. La cerrazón en que viven algunos propagandistas de verdades absolutas, convierte a sus enseñantes en momias. Petrificadas en tiempo de pretérito imperfecto. Naturaleza muerta a la que falta el espíritu vivificador. Son víctimas y verdugos, simultáneamente.

Nuestra historia oficial está demasiado militarizada. Parece como si todo lo importante que hayamos hecho, a través de los siglos, se redujese a batallas, conquistas y luchas. Cualquier estudiante, externo a nosotros, no podrá sentir más que repulsión ante tamaña agresividad patria. Siempre justificada, oficialmente, con la pretendida expansión de nuestras creencias. Pero, no hay libre albedrío, sin libertad previa. Lo que se niega a cualquier creyente de enseñanzas dogmatizadas. Luego, las enseñanzas no son más que un ejercicio hipócrita de amaestramiento de la mente. Camuflado, bajo la capa de enseñanzas celestiales. Creo más en el principio de compartir mis alegrías, que en el de hacer partícipe de mis penas, a quienes me rodean. Dar amor es repartir vida. Pedir sacrificios es compartir muerte.

La inflexibilidad no suele acompañar a los hombres inteligentes. Desde luego, no es la cualidad más valorada en ningún ciudadano normal. Luce mejor entre religiosos y militares. Y estos no son especialistas en producir felicidad, sino inquietudes y temores. Al fanatismo religioso, corresponde la obcecación política. El mecanismo mental de militares y creyentes dogmáticos es bastante similar. Las verdades les vienen dadas, por normas y principios inamovibles.

La mente científico-filosófica, tiene otra estructura: admite cambios en su ordenación. Pues busca más la demostración y aclaración de sus conocimientos, que la afirmación, sin pruebas evidentes, de aquello que viene afirmado por las estructuras superiores del mando.

No por estar más encumbrado se es más razonable, o se está más cerca de la verdad. Lo que sí presupone, como máxima cualidad, es ser hábil trepador.