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Poder Excesivo

Monday, November 30, 2009

Las organizaciones de creencias, de cualquier tendencia, de cualquier país, son, siempre, las máximas detentoras de poder. Nadie logra situarse por encima de las creencias. Ese es el máximo poder de lo ancestral. Su efectividad reside en el manejo de saber inculcar fe en lo imposible. Valerse del misterio, del temor a la incertidumbre, al no saber. El poder excesivo, es autodestructivo. Los dirigentes visionarios, no saben de realidades, sino de quimeras, hasta que la realidad los aplasta.

Parece como si, la especialidad de algunas organizaciones de creencias, fuese la sublimación de la hipocresía y la fantasía mentirosa. Piden, por ejemplo, respetar la vida, sí. Pero eso se refiere, preferentemente, a la vida de los creyentes propios. Los demás, los infieles, si son hostiles, sobran. En el mundo de la fantasía, donde se mueven magias, creencias, afectos y religiones, sus verdades se crean de la nada: divagaciones, cavilaciones, intuiciones, inspiraciones, revelaciones. Recovecos del pensamiento humano.

A partir de ahí, la lógica se transforma en algo maleable. Todo se convierte en posible, con la ayuda de las musas. Cambia la apariencia, para que todo pueda seguir igual en el fondo, sin demasiado escándalo. Lavado de cara y maquillaje nuevo. En los escenarios de las últimas contiendas, a lo ancho del mundo, seguimos viendo las mismas siglas comerciales. Las hay especializadas. Como algunas petroleras. Norteamérica está viviendo, en la actualidad, una época paralela a la que vivió el imperio español en el siglo XVI. O el imperio británico, algo después. Expansión, aparentemente imparable, aumento de gastos militares, realmente irrefrenables, e imposición de ideas propias a los pueblos sometidos. Ese ritmo, y esas pautas, son insostenibles, cuando cambian los ciclos económicos. A largo plazo, el país resulta desangrado. En vidas y capitales.

Aparte, se adquiere el estado anímico de sospecha constante hacia lo que pueda venir del exterior, lo que desarrollará una afirmación, aún más cerrada, de los valores patrios tradicionales y una impermeabilización hacia las ideas y costumbres externas.