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Preguntas sin Respuestas

Sunday, November 29, 2009

El cuestionamiento sistemático es básico, a la hora de no querer convertirnos en piedras. Sin embargo, estar momificado de antemano, parece ser el condicionamiento inconfesado que todos los textos fundacionales religiosos exigen a sus seguidores. Los principios religiosos siempre contienen la orden de obediencia ciega, sin permitir cuestionarse lo ordenado. Supuestamente, en el propio interés del crédulo obediente. La legitimidad siempre se le supone al mandamás, sin excepción, un hombre. Pero, quien no investiga, no conoce. El ignorante siempre es más manejable que el sabio. Quienes mandan, consideran nocivo todo lo que sea pensamiento libre. El adoctrinamiento dogmático no sólo castra al hombre, a la mujer intenta convertirla en una disminuida psíquica, mutilando su capacidad de análisis. La cúpula del poder doctrinal, pretende monopolizar la potestad de tener iniciativas y pensamientos innovadores.

Derechos que se niegan al resto. En ese sistema, el mayor mérito es la obediencia al superior jerárquico. Religiosos y militares observan el mismo principio doctrinal: la obediencia ciega.

El camino a seguir, siempre nos viene marcado por quienes nos precedieron. No podemos partir de cero, pero deberíamos poder dudar, Sin cuestionamientos y riesgos, no hay avances.

Se coartan los avances de la ciencia y de los conocimientos en general. Ejemplos hay muchos. La misma existencia histórica del Índice vaticano, muestra que en él están incluidos gran parte de los mejores libros, jamás publicados, que osaron ir algo más allá de los límites fijados. Hablasen de filosofía, literatura, derechos humanos, ciencias…

La armonía nos dará la paz. No la acumulación de poder, bienes y arsenales. Somos, en todo, una parte de la Naturaleza, y, parcialmente, una excrecencia de nosotros mismos. Es decir, la evolución del género humano se desarrolla totalmente dentro de la Naturaleza, pero el Hombre está adquiriendo el poder de seleccionar, voluntariamente, la dirección que dicha evolución pueda tomar. Somos creadores. En principio, cada individuo influye en su vida, dentro de unos límites fijados por sus posibilidades. Posteriormente, puede influir en otros, es decir, en su comunidad. A su vez, los sistemas políticos, filosóficos o religiosos, se van alterando, en función de los cambios habidos en la sociedad, en la familia, y, finalmente, en el humano. No somos estatuas de sal, ni lo seremos. La Naturaleza nos iguala a todos. Las organizaciones religiosas siempre han tendido a la acumulación de poderes usurpados.

La derivación más clara fue la identificación del poder religioso con el temporal. Era el poder de lo esotérico. La astronomía, la meteorología, la geología, la sicología, la química, se enseñaban sólo a personas escogidas, que debían jurar mantener sus conocimientos en secreto, bajo amenaza de muerte, por traición. Así se explica el que Moisés, por su educación entre sacerdotes cortesanos egipcios, conociera perfectamente las fechas regulares de las inundaciones del Nilo. Los soldados que lo persiguieron, no habían sido informados de ello. Lo que condujo a su ahogamiento, bajo las aguas desbordadas del Nilo, no en el Mar Rojo. El secreto es el poder de los tiranos.