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Mandamientos Elásticos

Tuesday, November 17, 2009

Para aligerar conciencias, se inventaron las declaraciones de guerra. La alquimia palabrera obra milagros. Matar es matar. Aunque no se comprenda, al Mandamiento de “no matarás” se le ha corcusido un remiendo: ‘Matar es justo en casos de guerra, o razones de Estado, como la aplicación de la pena de muerte’. ¡Qué fácil es corregir palabras consideradas divinas! Que se lo expliquen a esas criaturas que salen a la calle, tras los carteles del ‘Sí a la vida’, cuando de lo que se trata es de prohibir el aborto o la clonación terapéutica.

Con la poderosa ayuda del nuevo catecismo católico, cuya redacción en español se confió a una autoridad en la materia, general del ejército, capellán militar y obispo castrense, por añadidura. Así se entiende, aunque no se comprenda. Con buenos emolumentos y sustanciosos concordatos, el trago es menos amargo. Hasta un decálogo menos rígido, puede digerirse.

Ya tenemos incorporado el concepto de ‘guerra santa’ a la doctrina oficial. En un mundo donde empezaba a tener entidad el pacifismo, hijo predilecto de Gandhi, alguien ha creído necesario institucionalizar la muerte violenta, como justificable a los ojos de Dios.

Quienes mueran defendiendo los intereses de la Iglesia son mártires, y, en consecuencia, aspirantes a santos. Los otros, los de enfrente, son sólo ‘las fuerzas del mal’, al servicio del ‘Señor de las Tinieblas’, cuyos muertos ni se nombran, ni se recuerdan, ni se cuentan. Volvemos al concepto primitivo del Santiago Matamoros y al Dios vengativo de los primeros libros de la Biblia. ¿Siguen siendo mártires quienes mueren matando?

Está visto que, para ciertas mentes religiosas, todo lo que tenga que ver con el sexo es peor que pegar tiros a la gente ya crecida. Elevan el placer sensual a la categoría de crimen máximo. ¡Retorcimientos de la mente! Sólo explicables cuando su propia concepción de la vida es una mera negación de ésta, si es que se disfruta viviendo. Donde no hace falta razonar, sólo creer y obedecer. Y eso que estamos en el siglo XXI, no en la Edad Media Europea.

Las persecuciones religiosas contribuyeron a la confusión, en su tiempo, tanto como, las nuevas preferencias de los obcecados actuales, frenan la evolución humana y social en el presente. Es una humillación sádica, peor que las bombas. Se cree porque se quiere creer. No por obligación.
Sin el hombre, lo abstracto no existiría. Una cosa es usar lo existente y otra crearlo, con el pensamiento.