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Justicia contra venganza

Monday, November 16, 2009

La ley de la venganza, el talión milenario, perjudica más a quien la aplica, que a sus víctimas, porque sigue alimentando odios primitivos. Ninguna guerra es justa. Aún menos, las heredadas. Quien las gana es, invariablemente, el mayor verdugo.

Los pueblos que se sienten obligados a heredar la venganza, no vivirán nunca en paz. Siempre serán nómadas, huyendo de sí mismos, de las consecuencias de sus propias acciones. Queriendo imponer justicia, su propia justicia, se sienten justos ante Dios y los suyos, pero no hacen sino acrecentar el número de sus enemigos. Los principios exclusivos, de quienes pretenden creerse los únicos hijos de Dios, cohesionan, posiblemente, a un pueblo, pero también contribuyen a separarlo del resto de la Humanidad.

Quien no quiere ver, se tapa los ojos. Quizá tema verse reflejado en las pupilas de sus víctimas, o prefiera quedarse ciego. El ‘ojo por ojo y diente por diente’ ya era ley en Mesopotamia, el actual Irak, mil años antes de Moisés, que se las apropió. Hammurabi y Nabucodonosor siguen estando en las raíces de las leyes bíblicas. El despojo y destrucción de miles de textos en el Museo de Babilonia, durante su ocupación por las tropas de Bush, puede que tuviera una raíz piadosa: Los miles de tablillas desaparecidas, no contarán más a la posteridad, cómo fue la gestación de las ideas que cambiaron el futuro de la Humanidad. Durante la época babilónica del pueblo hebreo.

El derecho consuetudinario de los pueblos, siempre tiene sus raíces en los posos restantes de las distintas religiones, que tuvieron asiento en su territorio. Las costumbres de la comunidad actual, guardan las huellas de su pasado. Por tanto, influyen en las leyes posteriores.

Entre los musulmanes, el Corán incluso perdona la venganza, promoviéndola. ’Dios auxilia a quien castiga, del mismo modo que fue castigado, si luego es oprimido. Dios es absolvente. Venganzas sobre venganzas. La sangre no se lava con más sangre. Ha quedado demasiado claro, desde el principio, que, sólo una gran maquinaria de propaganda ha podido intentar hacernos ver como nobles, los más bajos instintos de apropiación indebida de un país.

Las cosas no suceden por casualidad, sino por causalidad. Acción y reacción son consecuentes. No puede pedir paz quien no perdona, y sólo ve justicia en la venganza. No pretendamos ser amados por quienes nos temen. Los buenos sentimientos existen, con independencia de las creencias. La guerra por los territorios palestinos se ha montado como un negocio. He ahí el error de partida, básico. Con el suelo empapado en sangre, no se puede proponer negocios. Todos están manchados. Lo malo es que la historia sólo avanza en una sola dirección, el futuro.

No podemos arrastrar el pasado que nos interese, hacia el futuro, pretendiendo que todos olviden nuestros errores. Somos un todo inseparable, que se complementa. El futuro es siempre una consecuencia del presente. Para nosotros y para los demás. Somos parte de la Naturaleza, del Cosmos. Y, éste, no tiene marcha atrás.