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Diversidad Justiciera

Saturday, November 7, 2009

El concepto de justicia es elástico, maleable. Impredecible, Para calmar el ánimo, y también para levantarlo. Nunca hubo un acuerdo sobre su equidad. Cuando hablamos de justicia divina, ¿de qué Dios hablamos? ¿De qué concepto de Dios o de dioses? La historia es tan complicada, que, a veces, pierde uno la razón de los hechos. Pero, una vez consumados, permanecen. Casi nunca se acierta juzgando. Donde entran sentimientos y opiniones, a ser parte de los argumentos, coincidimos sólo en apreciar que la Humanidad es una, en su diversidad.

Desde cuándo es legítimo predicar el odio religioso en nombre de Dios? A quienes pretenden gobernar, así en la Tierra como en el Cielo, se les escapa un pequeño detalle, entre tanta inmensidad: La felicidad humana, hoy, aquí y ahora, es, al menos, tan importante como la prometida en el Cielo. Las circunstancias, las personas y las sensibilidades cambian. No somos inmutables. Las leyes, para que no se petrifiquen, deben ir evolucionando con la sociedad. Torturando y humillando a los pueblos no se conquista su bienestar.

El delito de guante blanco parece estar primado en nuestro país de pícaros. Toda trama que se urda con base en un despacho bien montado, por muy evidente que sea, resulta menos castigado que el delito callejero.

Siendo pacifista absoluto, se puede ser tremendamente injusto. Más por omisión que por acción, eso está claro, pero, siempre, la omisión del pacífico beneficia al violento. Cuando alguien es manifiestamente injusto y fanático, ante nuestros ojos, no podemos aducir pacifismo, para no intervenir a favor del violentado.

Las conciencias, en general, no se conmueven por los mismos motivos, en una u otra religión. El sentido de la justicia es menos natural que inducido, por el poso cultural de cada individuo. En los sistemas de creencias asiáticos se da poca, o ninguna, importancia al arrepentimiento. Pues su expresión no modifica el hecho originario. Toda actuación pone en marcha sus consecuencias. Desde su realización. De forma irreversible, eternamente. No cabe arrepentirse de lo actuado.

Ejemplos de lo funesto que resulta el mezclar reglas sociales y políticas, con dogmas religiosos, los vemos todos los días. No hubo ni hay un solo conflicto armado en la Europa contemporánea, que no haya sido alimentado por odios de origen religioso. Los odios de los buenos, de quienes se creen buenos, son los más intensos, duraderos y destructivos. Porque, quienes los dirigen, les hacen creer que luchan en el lado del Bien, de la luz, de la justicia, de Dios. ¿Desde cuándo es legítimo predicar el odio en nombre de Dios? Los monstruos del terror, no nacen por generación espontánea. Son el producto de la bilis acumulada durante decenios de amarguras e injusticias.

El hombre es su propio artífice. En él se halla el origen y la consecuencia. Todo su ser está condicionado, siendo, él mismo, su condicionante. Nuestra obra depende de nuestras normas. La armonía, la paz, podemos encontrarla, si somos, consecuentemente, pacíficos y armoniosos.