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Huellas Universales

Friday, November 6, 2009

Todos somos portadores de una verdad, nuestra verdad. El pensamiento forma a la persona.
El punto de partida es indiferente. Si seguimos un buen camino, llegaremos a una buena meta. Sólo variará la distancia recorrida.

Las filosofías recomiendan, nunca reglan o dogmatizan. Oigamos la voz del corazón, la voz interior, que nos indica nuestro camino correcto. Tengamos claro que, aunque los placeres puedan venir de fuera, la felicidad siempre surge del interior.

Toda existencia humana, tiene su fundamento en la mente. Según el hombre vaya construyendo su intelecto, así será su vida. Los pensamientos positivos, creativos, cimentadores, crearán una mentalidad expansiva, activa. Si nos ocupamos en pensamientos de odio, destructivos, ellos mismos nos anularán. Somos un producto de nuestro cerebro.

La diferencia de Buda con los fundadores religiosos, estriba en su falta de amenazas para quienes no cumplan sus recomendaciones. No se consideró, nunca, alguien especial, o transmisor de palabras divinas. En su enseñanza, se elude la mención de castigos eternos, que adornan casi cada página de los textos sagrados. Buda era filósofo, no teócrata.

Se ha de rechazar la violencia y pensamientos violentos, que generan odios. Procurar estimular la compasión, la amabilidad, el afecto, la amistad, la buena voluntad, para llenar el mundo con sus radiaciones.

Cuando hablamos del budismo, debemos tener en cuenta que Buda no fijó normas religiosas. El Budismo no es una religión. Es una filosofía, sin dios, ni dioses. Otra cosa son las desviaciones posteriores y actuales.

La tradición budista clásica, cultiva la actitud de no obligar al practicante a seguir determinadas reglas de vida, si no es ese su deseo. Orienta, no obliga. Esto incluye la permeabilidad entre la sociedad seglar y la monástica. Tanto un seglar puede pasar a formar parte de una comunidad budista, como un monje puede abandonar el retiro y reincorporarse a la vida civil. Es, sencillamente, cambiar el estilo de vida. Se ha de actuar, también con uno mismo, sin imposiciones extremas. Enderezar la rama, sin destruirla.

La mayor ganancia es la salud. La mayor riqueza, el vivir contento. El mejor pariente, un buen amigo. La dicha infinita, el Nirvana, la nada.

Dada la libertad individual a la que anima el Budismo, no es irregular o infrecuente, encontrar personas que, practicando la filosofía budista, sean miembros activos de otras corrientes, religiosas o filosóficas. En Oriente, puede decirse que es la regla, más que la excepción. El Sintoísmo, el Universismo, o el Hinduismo, no ejercen oposición formal alguna al Budismo. A su vez, éste permite que, el individuo con buenas intenciones, se mueva en libertad, dentro de sus creencias personales. Disipa la rigidez del dogma.

Otra cosa son, las organizaciones, que, habiendo absorbido algunos principios budistas, y anunciándose como tales, han derivado en puras jerarquías de poder, alrededor de un núcleo de creencias ancestrales, con un leve barniz exterior de Budismo, que les presta credibilidad. Podríamos decir que el Lamaísmo tibetano es su más conocido representante. Eso no es Budismo.