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Organizaciones de Poder

Thursday, November 5, 2009

Las organizaciones de creencias son el peor enemigo del progreso humano. Eso lo demuestra la historia. Sin duda. Su poder se asienta sobre la ignorancia humana y la credulidad de quien ignora. Su potencial destructivo sobrepasa toda lógica. Precisamente porque está basado en reglas ilógicas: Las creencias. Lo más primitivo del ser humano. Quien ignora, cree.

Las revelaciones nos las inculcamos nosotros. Las buenas ideas vienen, cuando ya hemos partido a su encuentro. El hallazgo nos halla a nosotros, cuando lo esperábamos. A medio camino entre la búsqueda y el encuentro. El trabajo perenne de los administradores de creencias, es impedir el desarrollo y avance del pensamiento humano. En ello les va el poder y la supervivencia. Las creencias son el peor enemigo de las ciencias.

Creencias hay miles, todas las que pueda crear la fantasía humana. Verdad científica una sola. La investigación científica busca la verdad última. A través del conocimiento. Las organizaciones de creencias dogmáticas son, en esencia, organizaciones de poder; de dominio absoluto sobre sus miembros y la sociedad en la que estén inmersas. Los miles de hogueras encendidas durante los siglos de predominio eclesial, en la sociedad europea, desde las que se enviaban al cielo los humos de los heterodoxos convertidos en cenizas, no cesaron en edades lejanas. La última guerra civil española, claramente apoyada y atizada por organizaciones religiosas, no es el último ejemplo de pulso ideológico a la sociedad. Tales paréntesis son capaces de borrar cualquier rastro de progreso. Hemos vivido una Edad Media particular, de medio siglo, en pleno siglo XX. Con quema de bibliotecas incluidas y expulsión de los mejores científicos, para completar el ritual medieval. Todo progreso estorba a las creencias.

Trece mil millones de años es la edad atribuida a las estrellas, según los últimos estudios realizados. ¿Alguien me puede calcular cuánto tiempo es eso? A mí se me escapa. Una creación continuada que sigue su marcha. Transformándose constantemente: Inabarcable.

Si alguien no se hubiese permitido dudar sobre la simpleza de la Creación en siete días, la Astronomía no hubiera avanzado desde los conceptos infantiles de Moisés. Y no es que no hubiese conocimientos más avanzados en su tiempo. Es que se mandaron destruir, reiteradamente, todos los escritos científicos que pudieran hacer dudar de las afirmaciones bíblicas. Las quemas reiteradas de las mejores bibliotecas científicas del mundo, no fue nunca casual. Aunque, casualmente, los incendiarios hayan sido, siempre, creyentes de uno u otro signo. Las quemas de Alejandría, Babilonia, Bagdad, Dresde, Nínive, pretendían borrar la historia de las ciencias.

Los europeos descendemos de euroasiáticos y africanos. A su vez, hemos difundido nuestra sangre por todos los continentes. Así, poco podemos hablar de ‘pureza de sangre’ como se jactaban los inútiles hidalgos. Ignorando que la perfección está en la mezcla. Sin mezclas, sin evolución, estaríamos aún saltando entre ramas de árboles, en el dichoso paraíso de los antropopitecos. La paleo-antropología, cuando se la mezcla con teología, deja de ser ciencia, para convertirse en una insufrible fantasía ilógica.