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Fundamentalismos

Tuesday, September 22, 2009

Toda idea pertenece a una época. Y esta es la nuestra. No volvamos a tiempos de oscuridad. Vivir la mística, conlleva asumir sus defectos. El mayor defecto de cualquier sistema místico es su acriticismo. O, más bien, su aversión hacia todo lo que signifique un análisis crítico del pensamiento. Sin ciencia no hay progreso, sino estancamiento en las convicciones. El hombre, como ser pensante y moral, ha de someterse a sus propias leyes. No puede pretender regir el mundo, forzando la aplicación de códigos hechos a la medida de los dioses.

El saber humano, aún cuando sus fuentes sean diversas, va formando un todo global, que infiltra savia de distintas raíces en las mismas ramas. Ya que todo conocimiento empieza y acaba en la Humanidad. Para la adquisición de nuevos conocimientos, es importante no considerar verdades indiscutibles nuestras ideas y conceptos previos. Nada es estático, nada permanece, todo evoluciona. El cuestionamiento sistemático es básico a la hora de no querer petrificarnos. La religión, en general, pone fronteras, sus límites propios, a casi todo, menos a la credulidad. Ser inamovibles en moral, conocimientos y costumbres, es estar momificado de antemano.

Por otra parte, debemos tener bien claro, que, antes de buscar la verdad en otros, debemos hacerlo en nosotros mismos. La propia verdad, la madurada, la que surge de nuestro interior, es la válida para cada individuo. El mundo está en nosotros, como nosotros estamos en él. Raramente careceremos de conciencia y vida interior.

Si se tuviese conocimiento cierto de que en un país cualquiera el gobierno viola de forma flagrante, intensa, reiterada, grave, los derechos humanos, las organizaciones internacionales adecuadas, en este caso la ONU en pleno, deberían poder tener potestad de intervención, de forma adecuada a la gravedad de las violaciones. Pero, nunca por decisión unilateral de otras naciones coaligadas. Aunque no podemos asistir impasibles a la aniquilación de un pueblo, sólo porque estemos mirando el crimen desde el otro lado de la frontera.