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Amigos y Enemigos

Tuesday, September 15, 2009

Cuando, la sinrazón de las creencias, sustituye al corazón, o a la lógica de la razón, se está realizando cualquier cosa, menos un acto de amor. Sólo a través del amor se alcanza el paraíso, no sufriendo, ni haciendo sufrir. Lo que no desees para ti, no lo desees para otros.

No puede amar a su pueblo quien lo precipita en el sufrimiento. Los líderes políticos que quieren dejar huella en la historia, harán más daño cuanto menor sea su inteligencia y mayor su capacidad de odiar. Se puede luchar por lo que se ama, sin odiar a quien no deseamos como amigo. Aunque tienda a ser pacifista, el pacifismo que yo puedo entender, habría de ser, más que un cobarde cerrar de ojos, un valiente cerrar de puños ante los violentos y abrir los brazos ante los mansos. Aplastar al más débil es simplemente cobardía, y, a veces, depredación. Nada admirable.

Excusar en colegas la trasgresión de normas éticas, exigible a cualquier ciudadano, menos a ellos, no es honrado. Si la religión más elevada es el cultivo de la verdad, la altura religiosa de la política, está a ras del suelo. Nadie la desprestigia tanto, como los que se mueven en ella. Los propios políticos son sus peores enemigos. No tienen la quietud necesaria. Parece como si contempláramos el espectáculo de una jauría, que creyese tener al país como presa propiciatoria.

La historia es tan complicada, que, a veces, pierde uno la razón de los hechos. Pero, una vez consumados, permanecen. La historia común hispano - yanqui está llena de encontronazos, más que de encuentros. Ahora, al parecer, volvemos a ser amigos. Los presidentes norteamericanos suelen ser grandes seguidores de la Biblia. Bush la citaba, constantemente. No sé si como inspiración, o justificación. La Biblia puede ser bastante tajante, dando órdenes sangrantes. Los numerosos mandatos de escabechinas sobre el enemigo, son inclementes. Donde no hay lugar para rivales, émulos o competidores, sólo caben los enemigos. Quien no se atenga a las propias reglas, debe desaparecer. Aprender a vender mentiras, diciendo medias verdades, es el verdadero arte de los hipócritas.

La imparcialidad no es el fuerte de los hombres religiosos. Su parcial ceguera religiosa, que les impide ver lo que no les conviene, está totalmente generalizada entre los hombres de fe. Donde toda lógica se estrella contra el firme muro de las creencias. La experiencia repetida, continúa sirviendo para traspasar conocimientos, pero no sabiduría.

El mundo de las creencias, si es dirigido por personas excluyentes, puede ser el arma más destructiva de que jamás disponga la Humanidad. No se mata con bombas, sino con ideas. Las ideas que las ponen en movimiento.

Los políticos sensatos que aún nos queden, han de ser, en primer lugar, respetuosos con el ser humano, luego con las ideas. La felicidad humana tiene que ser más valorada que el sacrificio de los pueblos, en el altar de las ideas inconmovibles. No nacimos para ser mártires.