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Inteligencias amigas

Friday, July 31, 2009

No es inteligente crearse enemigos, para justificar la propia dureza del ataque a quienes sólo son nuestros oponentes. El principio bíblico de ‘conmigo o contra mí’, es mejor dejarlo para las luchas celestiales. Esas que se libran entre ángeles y diablos. El Bien y el Mal absolutos no se dan en nuestras latitudes.

La Humanidad es más amplia que las fronteras. También fuera de nuestra vista se hallan humanos. Y sus derechos son tan legítimos como los nuestros. La inflexibilidad no suele acompañar a los hombres inteligentes, pero, desde luego, no es la cualidad más valorada de ningún político. Luce mejor entre religiosos y militares. Y estos no son especialistas en producir o buscar felicidad, sino inquietudes y temores. De ellos se sirven los políticos, y viceversa.

No siempre conduce antes a la verdad el pensamiento racional. A veces, la fantasía, ese salto en el vacío, propio de niños, místicos y artistas, roza la realidad a menor distancia que la razón. El pensamiento lineal parte de una realidad aceptada. En la que pudo haber algún error de origen, que se va arrastrando a lo largo de todo el recorrido, deformando la visión final. La fantasía prescinde de la supuesta verdad física y, por tanto, de sus posibles errores.

En el mundo de la fantasía, donde se mueven magias, creencias, afectos y religiones, la verdad se crea de la nada: divagaciones, cavilaciones, intuiciones, sentimientos, inspiraciones, revelaciones. A partir de ahí, la lógica se transforma en algo maleable. Todo se convierte en posible, con la ayuda de las musas, el numen privado y la todopoderosa colaboración de los seres espirituales superiores.

San Pablo, en su Primera Carta a los Corintios, dice:…destruiré la sabiduría de los sabios y anularé la inteligencia de los inteligentes.” “¿Dónde está el sabio?” “¿No convirtió Dios en necedad la sabiduría del mundo?” En afirmaciones evangélicas como éstas se basa la regla impuesta en el Concilio Vaticano I, sobre la prioridad de la fe ante la ciencia. Donde la teología pide preeminencia, no hay lugar para la ciencia. A veces, más que comprender, hay que sentir.

Se vuelve a creer en fuerzas o seres sobrenaturales, que dan suerte o la quitan. Se les atribuyen poderes, inadecuados a la poca inteligencia que, frecuentemente, demuestran. El engaño ha sido efectivo durante miles de años. Así que se les ha de reconocer inteligencia a quienes montaron una historia, tan artificial, de los orígenes humanos y la conformación actual de la sociedad. Pedestal sobre el que apoyan las bases de su poder. La fantasía prescinde de la supuesta verdad física y, por tanto, de sus posibles errores. En la fantasía, donde se mueven magias, creencias, afectos y religiones, la verdad se crea de la nada: divagaciones, cavilaciones, intuiciones, inspiraciones, revelaciones, creencias. A partir de ahí, la lógica se transforma en algo maleable. Todo se convierte en posible, con ayuda de las musas, el numen privado y la todopoderosa colaboración de los espíritus.