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Evolución Continuada

Thursday, July 9, 2009

Los nuevos conocimientos astronómicos, que parecen hoy tan inocentes, y, sobre todo, ajenos a cualquier cuestión moral o teológica, fueron, durante siglos, motivo de enfrentamientos religiosos. Desde la antigüedad, se consideró al Sol un dios. Posteriormente, en las religiones europeas, el disco solar representaba la perfección de lo que Dios era capaz de crear.

Por ello, cuando Galileo observó que había manchas en la superficie solar, su afirmación fue considerada blasfema. No un descubrimiento, o un error científico, sino una herejía. Algo que ofendía a Dios.

Hoy puede parecer una anécdota curiosamente peregrina, pero, en su tiempo, y en su medio, derribó la imagen de perfección, que había de tener lo que se consideraba el espejo inmaculado, de un Dios sin mácula. Algo grave.

Claro está que, ese concepto antiguo de la Creación perfecta, concebida y ejecutada sin mácula, como correspondería a la obra hecha por un dios todopoderoso, es algo que ha ido siendo corregido paulatinamente. No es que el creador deje de ser todopoderoso, sino que, algunas cosas, podría haberlas hecho mejor. En fin, a lo mejor es que la Creación, probablemente, no está terminada aún. Ni lo estará en un futuro previsible. Lo que percibimos en la actualidad, parece perfectible. Y eso sucede, constantemente. Los atletas mejoran sus marcas, los científicos perfeccionan sus inventos. Las fronteras del futuro parecen cada vez más extensas, más esperanzadoras. Estamos viviendo en una época de evolución continuada, de creación evolutivamente constante. Donde nada es lo que era, ni será lo que fue.

Todos los elementos participantes tienen su parte de mérito, consciente o inconsciente, en la evolución de un mundo futuro. La realidad es lo que tenemos ante los ojos. Los recuerdos no son como fueron los hechos vivos, sino como recordamos que han quedado grabados en nuestra mente. Los ejemplos palpables los tenemos en nosotros.

Quienes importan consignas e inculcan creencias, buscan esclavos, autómatas, para ponerlos al servicio de sus propias organizaciones. El desarrollo humano está fuera de las creencias y preceptos. Las creencias dividen y estancan a la Humanidad. Quien cree lo que le digan, sin ocuparse de buscar la verdad, por sí mismo, se petrifica en el pasado.

La evolución está en la Ciencia, no en las creencias. El Hombre, a través de las ciencias del conocimiento, adquiere el papel que, previamente, adjudicábamos a los dioses.

Quien pretenda no actuar, para no posicionarse a favor, o en contra, de una acción determinada, ya actúa a favor del más fuerte. Con la inacción de los indiferentes, pierden los débiles, tengan o no razón. Quien no se posiciona, sabe, o debe saber, que, con su inacción, toma partido. No se puede estar invocando derechos divinos exclusivos, y pretender, al tiempo, ser parte del mundo actual, regido por la razón y la ciencia. La Humanidad ha evolucionado. La adaptación y desarrollo es esencial para la pervivencia. Quien crea que ya llegó a la perfección, es el peor enemigo de sí mismo. Se niega a evolucionar. Ahora sólo le queda extinguirse.