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El Daño Oculto

Saturday, June 6, 2009

Los secretos siempre ocultan más cosas malas que buenas. Es el pan de todos los guerreros, desde hace miles de años. Ocultar secretos propios y desvelar los del enemigo, para poder vencerle. Ese es el fin de los guerreros. Parece como si no hubiésemos salido, aún, de la Edad Media, cuando toda la política internacional, interétnica, se reducía, en el ámbito europeo, a enfrentamientos religiosos, entre las múltiples versiones de los escritos bíblicos.

Si Moisés hubiese sabido la cantidad de millones de personas que iban a morir, durante siglos, a consecuencia de las escrituras bíblicas, y sus creencias derivadas, seguro que se lo habría pensado un poco, antes de transcribir sus pensamientos. Cada lector interpreta las mismas palabras con diferentes matices. Siendo eso suficiente para que se deriven guerras declaradas contra quienes no piensen igual.

Si fuese verdad que los escritos bíblicos hayan sido inspirados, directamente, por el Altísimo, parecerían, más bien, fruto deliberado de una maldición sobre el género humano, que un mensaje de amor.

La piedra que se lanza al aire, ya no se puede parar. Caerá sobre algo, o alguien, pero no sabes si hará daño. Hay a quienes no les importa sobre quién caerá la piedra. Pues saben, o creen saber, de ello están convencidos, que todo aquel que no está en sus filas, pertenece al enemigo. Así, todo disparo en el frente es válido, legítimo. El ‘enemigo’ son los otros. ‘Quien no está conmigo, está contra mí’ Los fanáticos no tienen dudas: los únicos que están del lado de la razón son ellos mismos. Hagan el daño que hagan, lo consideran positivo: han dañado al ‘enemigo’, los que están fuera de sus filas.

Cultivar el fanatismo, deliberadamente, es criminal en sí mismo. Sea del signo que sea. Quien no piensa, ni cree, que fuera de sus creencias pueda existir el bien, es que tiene el alma mutilada. Ya no puede hacer bien ni a sí mismo. La primera obligación de quien enseña, es enseñar a razonar, analizar, pensar, buscar, sin incrustar creencias excluyentes, o pensamientos radicales, negativos, destructivos, en las mentes jóvenes, que los alojarán de por vida. Si una enseñanza es buena, deberá basarse en la bondad, no en el odio al diferente. Moisés, con su selección de pueblos escogidos, no trajo paz al mundo, sino enfrentamientos perdurables. El fanatismo es la disposición a matar, y dejarse matar, por razones triviales. Todos vamos cambiando con la vida y las circunstancias, que son determinantes. El individuo, para sobrevivir, ha de adaptarse a las circunstancias, al medio en que vive, Si no, se extingue.

El defecto de las creencias estrictas, no es que existan, sino que pretendan imponerse, sin atender a razones, ni respetar al diferente, como igual en derechos. Tener más o menos fe no es cuantificable, ni encomiable. Se siente o no se siente, eso es todo. Sin mérito propio. Después, dependiendo del grado de fanatismo que domine a cada uno, creerá o razonará.