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El Cero Infinito

Tuesday, June 30, 2009

Demasiada bondad unilateral, no deseada por quien recibe tales muestras de bondad, convierte lo bueno en malo. Antes de llegar la satisfacción, nace el hastío.

Cuando hablamos de terrorismos de origen religioso, olvidamos que, en Europa, hemos disfrutado, durante siglos, de tales ejércitos bondadosos, que trataban de aunarnos, a todos, bajo un mismo palio. Los etarras actuales se sienten, al parecer, más identificados con sus colegas del católico IRA irlandés, que con el resto de españoles. Surgieron de catequesis parecidas. No olvidemos que, en la última Guerra Civil española, Tradicionalistas, Requetés y Falangistas, todos ellos de adscripción católica, unieron sus fuerzas para derrocar al gobierno de la República, aconfesional. El defecto de las creencias fanatizantes, no es que existan, sino que traten de imponer sus criterios a los demás. Lo habitual.

Cuando algunos líderes religiosos se sienten más cerca de Dios que el resto de los mortales, terminan por endiosarse, asumiendo que su convicción los eleva por encima de la Humanidad. El endiosamiento no es la exaltación del Hombre, sino su negación. Quien se crea superior, desprecia a sus semejantes. La vanidad ciega. Los dirigentes supremos se suelen equivocar, supremamente. En todas las variedades de creencias.

Cuando falta la autocrítica, se reprime la opinión ajena, por contraria. Quienes se consideran infalibles, suelen cometer los mayores errores. Porque, su dignidad de dirigentes infalibles, les impide reconocerlos.

Cuando se niega la bondad del contrario, absolutamente, es que falta amplitud de miras para comprender la verdad global. Que siempre es polifacética, no de una sola cara. Suponer que, cualquier iniciativa ajena debilita la propia, estrecha las posibilidades de expandirse. Esto es propio de individuos dominantes, negativos, Quien pretenda pasar a la historia, como ejemplo, debe servir al pueblo, no servirse de él.

Quienes tratan siempre de imponer sus criterios, son los mismos dictadores ideológicos de siempre. Que intentan sustituir las ‘verdades eternas’, por sus propias verdades eternas ‘para siempre’. Eso no es crear futuro, sino petrificarse en el pasado. Se concretan en luchas de poder, por el poder. Libradas entre dirigentes que quisieran ser imprescindibles en la historia de la Humanidad. Todos ellos desaparecerán en la vorágine de la historia, por su pequeñez intrínseca. Empezando por Castro, Bush, Chávez, y siguiendo con todos los despóticos líderes religiosos, surgidos en los últimos años. Ansiosos de poder. Tratando de presentarse como voceros exclusivos del Cielo en pleno.

Los primeros defraudados, por su entrega total a la difusión de sus propias creencias, son los fanáticos de las mismas. La suma y resta, entre sí, de todas las creencias, tenidas por “únicas verdaderas” produciría un cero total, elevado al infinito. Sin resto alguno. Todas se anulan mutuamente. Justificándose sólo por la existencia de creencias opuestas. El fin perseguido es, al parecer, impedir el progreso de la Humanidad. Su poder es mayor, cuanto más profunda sea la ignorancia.

Las creencias, todas, están motivadas por la inseguridad que el hombre siente ante su ignorancia. Razonar, investigar, conocer, saber, son frenos al fanatismo. Se puede ser creyente, cuando se ignora, sin ser fanático. Eso sólo se justifica, cuando se quiere seguir ignorando.

Ser listo, desconfiado y astuto, no implica ser inteligente. Suponer, sistemáticamente, que, cualquier iniciativa de otros, debilita la propia, es natural en individuos negativos.

Los líderes de ojos muertos, que pretenden guiarnos por el camino del Bien, posiblemente quieran ignorar que el Bien y el Mal lo llevamos todos dentro. No tenemos que buscarlo fuera, en otros. Todos podemos dar ejemplo. A quienes se atribuyen el conocimiento exclusivo del camino perfecto, posiblemente sólo les importe sumar poderes a sus propios intereses, para hacerse más fuertes, y poder sentirse omnipotentes.

Quienes así actúen, no importándoles destrozar pueblos y naciones, sólo para agrandar su propia gloria, no pueden hablar en nombre del Bien Absoluto, sino de su beneficio individual. Son, absolutamente, seres ególatras, egocéntricos, que no alcanzan a ver más allá de sí mismos. Lo horrible de estos seres de hielo es que, mientras más los observas, más semejantes entre sí parecen, insensibles máquinas clónicas, destilando ira, ambición y desprecio. Sólo quieren ser obedecidos, pretendiendo hacernos creer que ellos son los mensajeros exclusivos del Altísimo. Siguiendo a tales iluminados, ¿estaremos volviendo a la oscuridad destructora de la Edad Media? Cuando todo el saber de la antigüedad fue destruido y ocultado. La Edad Media europea, plagada de cruzados, monjes guerreros y santos, cuyo mayor mérito para subir al cielo, consistía en el número de infieles aniquilados, se convirtió en la fosa donde se enterró todo el saber y el arte de Babilonia, Alejandría, Atenas, Roma… Al fanatismo religioso, corresponde la obcecación política. Pretendiendo que, sólo en ellos y sus enseñanzas, están la verdad y la bondad eternas.

En el mundo de las ideas no hay revoluciones. La evolución lo es todo. Siempre hay antecedentes. Nada nace sin generadores. El progreso de la vida está en esa evolución constante. Que permite adaptarse a las circunstancias, todo lo viviente, para asentir su existencia. El hombre actual no es el de las cavernas. Sus miembros, su cerebro, su sistema inmunológico, han ido adquiriendo unos trazos y dejando otros. Sólo algunas cosas pretenden ser inamovibles, para ser consideradas auténticas. Entre ellas la fe. La fe en lo que sea. En sí mismo, en el propio Dios, en la nación, en el destino,…la fe es la atadura más poderosa con la que los caudillos pueden paralizar la mente de los pueblos, o arrastrarlos en la dirección que deseen.

Conociendo mínimamente la historia de la Humanidad, vemos la reiteración de los casos. El patriotismo, el nacionalismo, el amor a sí mismos y la fe en un destino propiciado por Dios, pueden crear adhesiones inquebrantables en su momento, pero que resultan inexplicables pasado el tiempo. Cuando asumimos una creencia, sea cual fuere, tendemos a irla afianzando en nosotros, hasta convertirla en algo consubstancial. El común de los humanos preferimos creer ciegamente, antes que probar la consistencia de nuestra fe.

Analizar no es renunciar. No es un error equivocarse. Sí es un error pensar que no podemos equivocarnos.

Las limitaciones son la base de toda moral cristiana. Para hacer respetar las prohibiciones dictadas por los rectores de la moral, se han transgredido tanto las leyes de la Naturaleza como las de la lógica.

Lo físico varía por naturaleza, lo moral por conveniencias de la sociedad en que se esté inserto. No hay progreso sin transgresión. Para progresar, hay que cruzar fronteras, físicas, atávicas, o morales. El progreso, es, en sí, transgresión de lo establecido.

Las mentes, ensombrecidas por el miedo a los dioses o espíritus vengadores, y a sus ministros terrenales, llenos, en buena parte, de soberbia, y ansias de dominio, que confunden sus deseos y conveniencias, con los de los dioses invocados. Mientras no encuentran espacio en sus cerebros, que se hallen libres de temores, para poder llenarlos con la esperanza de un mundo mejor. Exento de venganzas divinas y castigos eternos, tras una vida llena de incertidumbres, pobrezas, guerras, inseguridad, dudas.

Es más esperanzador pensar que no existe ningún dios vengador, exigente recaudador de deudas, por el don de la vida que ninguno quiso vivir. Antes de encontrarse con la realidad azarosa de la propia existencia.

El deseo de vuelta a la ortodoxia tradicionalista, protagonizada por el rebrote de movimientos integristas, los reafirma como organizaciones de poder, cuya principal arma no sólo es el miedo a lo desconocido, sino la inmediatez añadida de la muerte de los transgresores, como se pide desde algunas organizaciones de creencias. Los principios de dominio siguen teniendo su base en el miedo. Sólo la forma exterior adquiere refinamientos, necesarios para su adaptación a la vida actual.

El régimen franquista, puro fascismo, fue sostenido y avalado, hasta ser elevado a los cielos, por la Iglesia Romana. La política se hacía desde el púlpito. La censura era ejercida, o inspirada, en gran parte, por clérigos. Así que, alguna conexión debió existir entre régimen fascista, iglesia y censura.

El Índice, lista de libros y escritos, cuyo conocimiento estaba prohibido a cualquier católico, era un arma importante, para mantener a lectores y autores dentro de la ortodoxia. Su lectura implicaba pecado mortal. Y su publicación, un delito, castigado penalmente.

El catálogo de obras prohibidas, estuvo oficialmente en vigor hasta 1966, fecha de la celebración del Segundo Concilio Vaticano, inspirado por el Papa Bueno, Juan XXIII. Esto suponía que, antes de esa fecha, en cualquier país católico, donde se respetasen las leyes vaticanas, todos los escritos pasaban una censura eclesial, previa a su publicación. Sin cuyo requisito y aprobación no eran publicados. Los que no recibiesen el visado de aceptación, el ‘nihil obstat’ eclesial, podían darse por no escritos. El permiso oficial, en España, lo daba el Ministerio de Información, feudo conservador durante bastantes años, pero ya venía condicionado desde el Obispado. Los autores no fieles eran vetados hasta la extinción. Puede entenderse que la oferta cultural estuvo bastante condicionada. Si los lectores debían confesar sus lecturas, los autores podían ser condenados a la excomunión, la cárcel, el ostracismo, y, en épocas anteriores, la hoguera. Una muerte ‘divina’. El humo apunta al cielo, directamente.

Creación Perpetua

Friday, June 19, 2009

La Humanidad no fue creada tal como es. Se crea a sí misma cada día, cada minuto, cada segundo. El ser humano es el producto de una evolución constante. Desde hace millones de años. Es evidente que, la acumulación de conocimientos, simultáneamente usados en diferentes puntos del planeta, aporta progresos continuados a la evolución humana. Las personas, en la actualidad, estamos siendo influidas, sincrónicamente, por los conocimientos adquiridos, a través de milenios, almacenados y difundidos por el resto de la Humanidad. Los individuos no somos entes aislados, sino partes del todo humano. Más conectado entre sí, y más parte del total, que nunca antes en la historia. Todo lo que hagamos, influye en alguien. Cadena que se repetirá hasta el infinito.

Haciéndonos mejores, contribuimos a mejorar la Humanidad. Aún cuando nuestra aportación personal sea infinitesimal, la suma del todo es lo que permanece. Quien no piensa, ve enemigos en todo aquel que sea capaz de pensar, de forma autónoma. Los creyentes son las primeras víctimas de sus creencias. Quien no quiere evolucionar, teme a quien avanza. Las creencias son el máximo freno del progreso. Viven de sus raíces en el pasado, y no quieren perderlas. Su base única es la conservación de lo primitivo. No hay ningún arma más mortífera para el progreso, que una mente envenenada por el fanatismo. Podríamos creer en las ciencias exactas, si operásemos adecuadamente con elementos inmutables. Pero, tendemos más a reaccionar según lo que creemos, que a consecuencia de lo que sabemos. De eso se aprovechan los difusores y vividores de las creencias.

Deberíamos dejar de tener tanto temor supersticioso a las afirmaciones agoreras de cientos de profetas disidentes, que sólo pretenden afianzar su poder personal, imponiendo sus creencias. El gobierno general de un conjunto de naciones, sólo puede estar basado en el respeto científico a la verdad probada. No en derivas filosóficas, buscadas y apoyadas por los aventureros del poder.

La verdad está en la ciencia. Cultivémosla, para beneficio de todo el género humano. Los ecos de los reinos de taifas, y las innúmeras subdivisiones que provocan las creencias personalizadas, matizadas al infinito, deberían quedar atrás en la historia. La ampliación del conocimiento, conduce, necesariamente, a la expansión y afianzamiento del espíritu humanista. La creación continuada, basada en el conocimiento, hace realidad los sueños.

Actuar por creencias, es cuando se actúa prescindiendo de la razón. ¿Cómo es posible que, el mismo hecho, sea visto e interpretado de mil maneras diferentes, hasta convertirlo en mil verdades distintas? La ceguera de las creencias, no deja ver las verdades fácticas, sino a través del filtro interpretativo de las mismas. Los fanáticos son inmisericordes. Donde haya un resto de amor a los demás, no puede vivir el fanatismo. Quien extirpa el amor de su vida, no puede pedir amor a los demás, tiene el alma muerta. Perdonar es un acto de amor, y ellos no perdonan a quienes no coinciden con sus pensamientos. Se ha de amar, para ser amado. Perdonar para ser perdonado. La creación es universal. Se mueve en todos los sentidos. Sus límites son los de la lógica.

Razones limitadas

Tuesday, June 16, 2009

La mayor parte de las guerras, han sido guerras de creencias. Causadas por los choques entre creencias. Cuando ven peligrar su hegemonía, los dirigentes de creencias saben despertar todos los fantasmas de supuestas conspiraciones y persecuciones, dirigidas a destruir la creencia supuestamente afectada. La realidad es, que las creencias pierden vigencia por sí mismas. Cuando no son capaces de convencer, plenamente, a la mayoría de sus seguidores, buscan enemigos externos, para culparlos de su decadencia. La maldad mefistofélica, fue inventada por cerebros de creencias complicadas. No quieren reconocer que el mal pueda residir en ellos mismos y sus principios. Se equivocan buscándolo en el exterior, cuando los miasmas provienen de lo más profundo de sus retorcidos dogmas. La luz se propaga en línea recta. Las tinieblas por nubes envolventes.

El efecto de las creencias sobre el cerebro humano es, principalmente, la obnubilación: la pérdida de capacidad para pensar libremente, claramente, para razonar sin cortapisas. Cuando la razón está limitada por sentimientos partidarios, o intereses doctrinarios, deja de ser racional.

Las creencias, sobre todo, las creencias fanatizadas, son el primer enemigo del progreso humano. Encadenan al pasado, sin considerar la evolución constante de la Humanidad.
La libertad no es un hecho objetivo, sino un sentimiento. Sin esa sensación interna, de poder realizar los propios proyectos, no existiría la civilización actual. La creatividad es hija de la libertad. El Bien y el Mal no son valores absolutos, ni adjudicables a nadie. Ponerse del lado del fuerte, puede ser la forma más segura de ganar algo, pero no la mejor manera; se pierde la libertad decisoria. Hay que seguir a la sombra del poderoso. La razón acompaña con más frecuencia al débil, aunque nadie se la conceda. Quienes se cobijan bajo la sombra del poderoso, jamás podrán decir que defendieron la justicia, sino su propia conveniencia, cediendo libertad.

Ya en Palestina faltan cuatro millones de palestinos, ahora pretenden expulsar a todos los palestinos que consideren, desde el punto de vista del estado hebreo, que se hallan fuera de su territorio de origen. ¿Por qué no se pone también un coto a esa incesante Ley del Talión judía? Unilateral, racista y xenófoba. La política, basada en principios religiosos, siempre es fanática. El fanatismo implica una deformación de la verdad. Cuando se ponen límites a la razón, se está limitando al ser humano, en general, a favor de una ideología concreta, que, siempre, es característica de una porción del género humano. Se castiga a la ignorancia al todo, por capricho, o exigencia, de una parte, limitada y limitante. Que mira más al pasado de sus creencias, que al futuro de la razón universal. Ahondar en las tradiciones, no es buscar la verdad, sino la historia, deformada por el tiempo. Marcada, siempre, por el criterio de los triunfadores. Y, no siempre para la verdad y la nobleza, sino al contrario, para ocultar traiciones y derrotas. Quien mejor sepa mentir, y tenga el poder de imponer sus mentiras, queda como triunfador para la historia. Eso se escribe, lo demás se olvida. Interesa la historia de los fuertes, no la de los bienintencionados. La verdad oficial siempre es impuesta. Son los fuertes quienes imponen su verdad.

Defensa del Saber

Thursday, June 11, 2009

Para avanzar, llegando a nuevas conclusiones, ha de dudarse de todo lo establecido. Basar, el avance de los nuevos conocimientos, en viejas creencias, ahormadas en doctrinas estrictas, es poner límites al conocimiento. Ciencia y creencia no son incompatibles, pero sí valores heterogéneos, que no pueden ser sumados, ni mezclados. En ciencia, todo ha de ser demostrado. En el mundo de las creencias, cualquier afirmación puede ser adoptada, como premisa y pieza básica de una doctrina, sin necesidad de prueba. Cuando se mezclan convicciones políticas, con creencias religiosas, el resultado acaba siendo el mejor fertilizante, para obtener buenas cosechas, en el macabro cultivo de los campos de mártires. Los políticos conquistadores, convierten sus convicciones en una nueva religión.

El Hombre es su propio artífice. En él se halla el origen, fin y causa de su formación. Todo su ser está, al tiempo, condicionado y es condicionante. Su norma de vida y circunstancias, dan base a la realización como individuo. Su propia acción lo conduce hacia el perfeccionamiento de ciertas habilidades y la pérdida de otras capacidades. Las reglas y prioridades que se vayan adoptando, sucesivamente, condicionan el futuro del individuo. Y, a través de éste, el de la Humanidad.

Los héroes que, para serlo, matan, son asesinos con excusa. Sin paliativos ni justificación. A la gente se la ayuda con alimentos, trasvase de conocimientos, ingenieros, médicos, no con bombas y militares. Cuando consideramos los muertos de Argelia, Bosnia, Palestina, Nueva York, Afganistán, Irak,…estamos hablando de la misma guerra.: La de los intolerantes fanáticos, que se arrogan el derecho divino a matar. Quienes no tengan sus mismas convicciones, deben morir. Por mirar a la misma cara de Dios, desde un ángulo diferente.

Los militares son una clase humana, por sí. ¿Por qué se parecerán, tanto, entre sí, numerosos generales del mundo? Aplicando la democracia que ellos mejor conocen: A mayor número de soldados, superior imposición de criterios. La ley de la fuerza, pura y dura.

Las guerras santas, o sea, aquellas guerras libradas a favor de la religión propia, sea ésta cual fuere, lo justifican todo. Los jefes religiosos bendicen a sus tropas, como representantes del Bien absoluto. Las contrarias, son las Fuerzas del Mal. A mí, que me conquisten con charlas de Gandhi, o las obras de la Madre Teresa de Calcuta. Ellos sí fueron luchadores por la paz. Hay formas de aportar justicia, sin matar. El mundo de las creencias, si es dirigido por personas excluyentes, fanáticas, puede ser el arma más destructiva de que jamás disponga la Humanidad. No se mata con bombas, sino con ideas. Las ideas ponen a la Muerte en movimiento. Si algo hay que pedir, a los políticos sensatos que aún nos queden, es que sean respetuosos con el ser humano, primero. Y, luego, con las ideas. La felicidad humana tendrá que ser más valorada que el sacrificio de los pueblos, en el altar de las ideas inconmovibles. Falsamente inamovibles. Hasta que se hacen prescindibles

Poder Divino y Humano

Wednesday, June 10, 2009

Se llega más pronto a la verdad, a través de la ciencia, que haciendo profecías. Hemos estado demasiados siglos ejerciendo de agoreros y adivinos, creyendo a magos, milagreros y profetas. Esperando que sonara la flauta, por casualidad. El avance de la Humanidad está en el cultivo del cerebro y los conocimientos. No en las brujerías, encantamientos, milagros y adivinanzas. Por ese camino, no hubiésemos salido de la Edad Media. Maravillosa en poesía y aventuras, pero incierta, caótica, en el marasmo de enfrentamientos de creencias.

La conjunción del poder divino con el humano, no es ajena a ninguna religión. El mismo juramento que se ha de prestar al ocupar un cargo político relevante, tiene un contenido, de aceptación y sumisión a lo religioso, evidente en sí. Por ese camino, no hubiésemos salido de la Edad Media. Maravillosa en poesía y aventuras, pero incierta, caótica, en el marasmo de enfrentamientos de creencias. Ahora somos parte de la Unión Europea. Debemos ir afianzando el cultivo del saber científico, en la deriva que siga.

Somos, en todo, una parte de la Naturaleza, y, parcialmente, una excrecencia de nosotros mismos. Es decir, la evolución del género humano se desarrolla totalmente dentro de la Naturaleza, pero el Hombre está adquiriendo el poder de seleccionar, voluntariamente, la dirección que dicha evolución puede tomar. En principio, cada individuo influye en su vida, dentro de unos límites fijados por sus posibilidades. Posteriormente, puede influir en otros, es decir, en su comunidad. A su vez, los sistemas políticos, filosóficos o religiosos se van alterando en función de los cambios habidos en la sociedad, en la familia, y, finalmente, en el hombre. El espíritu personal va evolucionando a través de los conocimientos adquiridos. Y, ostensiblemente, de forma acelerada en las sociedades más cultas. Aunque, consciente o inconscientemente, cada vez haya menos diferencias nacionales en la formación y aspecto de las personas. Debido, de forma clara, a la intensificada comunicación entre los pueblos, a todos los niveles.

Es indudable que no sólo la genética condiciona, también la similitud de ambiente vivido, medios, conocimientos, educación o cultura, ayudan a uniformar el aspecto interno y externo de la persona. Estamos viendo que la sociedad moderna va siendo más uniforme a través del mundo, así como los sistemas políticos y religiosos. La comunicación global se ha convertido en el primer rasero en el ámbito mundial, imponiendo ideales parecidos. No sólo los modelos de sociedad serán más semejantes, sino que los sistemas políticos, y hasta los hombres, irán adquiriendo caracteres comunes. En definitiva, al cambiar los sistemas, cambian los hombres y viceversa. La universalidad de los medios de comunicación, hace válido el mismo mensaje para toda la Humanidad. Por eso, las principales organizaciones religiosas, se están haciendo con el control de los medios de comunicación. El mundo funciona con ideas, quien expanda las suyas, hace predominar sus propios valores. Atención.

Lo más natural es lo más simple. Las religiones siempre han nacido de ideas sencillas, que se han ido complicando con el tiempo. Cuanto más antigua es una religión, más compleja es su doctrina y, sobre todo, su universo, su cosmogonía. Los avances siempre son relativos. La amplitud de un movimiento no se mide por sí mismo, sino con relación al punto de partida. Seamos complejos en el saber, y sencillos en la conducta.

Palabras Poderosas

Tuesday, June 9, 2009

El poder no está en las palabras, sino en las creencias que lo sustentan. Obligar a los adeptos a seguir una línea de pensamiento única, es como un acto de sometimiento, de humillación, ante el pastor todopoderoso, que, hablando en nombre de Dios, dice poder abrir las puertas del cielo. Siempre que se sigan sus indicaciones. Creando, en sus fieles corderos, obligaciones morales, difíciles de cumplir. Pues exigen la autoinmolación de todo pensamiento disidente. El sometimiento total. Los primeros testimonios escritos de la práctica confesional, como medio de sumisión, se encuentran en inscripciones de Asiria y Babilonia, datadas hace más de tres mil años. Así que su eficacia está bien probada. Lo que ha derivado, modernamente, en el psicoanálisis y prácticas colaterales de psicoterapia. Quien confiesa, descansa.

Según el principio, entregando tus secretos más íntimos, liberas tu alma del peso del pecado. Así se explica que, hasta no hace muchos años, algunas disposiciones eclesiales, prohibieran la práctica del psicoanálisis a los creyentes. Ya que, los gobernantes políticos, se contaban entre los sometidos por las creencias. Así, trataron de evitar que el sicoanalista, con su cómodo diván, ganara adeptos, hurtando sumisos pacientes al confesor, que los recibe de forma más incómoda, arrodillados en actitud de reverencia servil ante él.

Algunos dirigentes políticos han copiado el método, trasvasando las conciencias de sus adeptos a su campo particular, sirviéndose de un principio, hasta ahora, exclusivamente religioso: La extinción de la deuda moral, a través de la confesión de culpa.

Si sigues sus indicaciones, jamás serás libre. Te moverás en círculos marcados, cerrados, sin atreverte a salir por el mismo camino que entraste. Principio y fin…Las creencias irracionales, las magias todas, no son sólo una droga del cerebro, sino cárceles del alma, del espíritu, de la mente, del pensamiento. Sus defensores atacan a quienes se niegan a mover el mundo a su dictado. Y, si tienes prisas por llegar a otra parte, usando caminos diferentes, no sujetos a sus creencias inculcadas, te harán saber que los atajos conducen al precipicio de ‘irás y no volverás’. Al Averno mayúsculo. Ellos son los autoproclamados guías únicos del ‘buen camino’.

Ya en la religión egipcia tolemaica, se decía que nada toma ser si antes no recibió nombre. Con ello se quiso expresar el convencimiento de que la palabra es el origen de las cosas. Esta doctrina está bien representada en todas las religiones animistas y espiritistas africanas. En ellas, es fundamental el poder de la palabra. Atom, dios creador egipcio, conocía todas las palabras que definen las cosas, desde la eternidad. Nombrándolas, las creó. La misma Biblia copió esta doctrina. Iahvé nombraba las cosas antes de crearlas. Es la palabra, el poder de la palabra y la imagen. Siempre manipuladas.

No es que los débiles, los sin palabras, sean inocentes. Pero sí es verdad que tienen menos poder para hacer el mal. Las cifras cantan. El origen del mal hay que buscarlo más cerca de los poderosos.

El Daño Oculto

Saturday, June 6, 2009

Los secretos siempre ocultan más cosas malas que buenas. Es el pan de todos los guerreros, desde hace miles de años. Ocultar secretos propios y desvelar los del enemigo, para poder vencerle. Ese es el fin de los guerreros. Parece como si no hubiésemos salido, aún, de la Edad Media, cuando toda la política internacional, interétnica, se reducía, en el ámbito europeo, a enfrentamientos religiosos, entre las múltiples versiones de los escritos bíblicos.

Si Moisés hubiese sabido la cantidad de millones de personas que iban a morir, durante siglos, a consecuencia de las escrituras bíblicas, y sus creencias derivadas, seguro que se lo habría pensado un poco, antes de transcribir sus pensamientos. Cada lector interpreta las mismas palabras con diferentes matices. Siendo eso suficiente para que se deriven guerras declaradas contra quienes no piensen igual.

Si fuese verdad que los escritos bíblicos hayan sido inspirados, directamente, por el Altísimo, parecerían, más bien, fruto deliberado de una maldición sobre el género humano, que un mensaje de amor.

La piedra que se lanza al aire, ya no se puede parar. Caerá sobre algo, o alguien, pero no sabes si hará daño. Hay a quienes no les importa sobre quién caerá la piedra. Pues saben, o creen saber, de ello están convencidos, que todo aquel que no está en sus filas, pertenece al enemigo. Así, todo disparo en el frente es válido, legítimo. El ‘enemigo’ son los otros. ‘Quien no está conmigo, está contra mí’ Los fanáticos no tienen dudas: los únicos que están del lado de la razón son ellos mismos. Hagan el daño que hagan, lo consideran positivo: han dañado al ‘enemigo’, los que están fuera de sus filas.

Cultivar el fanatismo, deliberadamente, es criminal en sí mismo. Sea del signo que sea. Quien no piensa, ni cree, que fuera de sus creencias pueda existir el bien, es que tiene el alma mutilada. Ya no puede hacer bien ni a sí mismo. La primera obligación de quien enseña, es enseñar a razonar, analizar, pensar, buscar, sin incrustar creencias excluyentes, o pensamientos radicales, negativos, destructivos, en las mentes jóvenes, que los alojarán de por vida. Si una enseñanza es buena, deberá basarse en la bondad, no en el odio al diferente. Moisés, con su selección de pueblos escogidos, no trajo paz al mundo, sino enfrentamientos perdurables. El fanatismo es la disposición a matar, y dejarse matar, por razones triviales. Todos vamos cambiando con la vida y las circunstancias, que son determinantes. El individuo, para sobrevivir, ha de adaptarse a las circunstancias, al medio en que vive, Si no, se extingue.

El defecto de las creencias estrictas, no es que existan, sino que pretendan imponerse, sin atender a razones, ni respetar al diferente, como igual en derechos. Tener más o menos fe no es cuantificable, ni encomiable. Se siente o no se siente, eso es todo. Sin mérito propio. Después, dependiendo del grado de fanatismo que domine a cada uno, creerá o razonará.

Europa Resucitada

Wednesday, June 3, 2009

Necesitamos sangre joven, en las viejas venas europeas. Quizá el poder destructivo de la juventud esté motivado por su impotencia para llevar a cabo sus ideas innovadoras. Si no pueden realizarse construyendo, destruyen. Los jóvenes están privados de actuar, a medida de su fantasía y potencial. El mundo progresaría más aprisa, si se tuviesen más en cuenta las ideas de los jóvenes. Probablemente, debiera actuarse más intensamente, para poner al servicio del empuje e imaginación de los jóvenes, la experiencia de los mayores. No al revés. En eso fallamos los mayores: Buscamos convertirlos en nuestros auxiliares, realizadores de nuestros proyectos envejecidos. Los grandes creadores han tenido, siempre, su época más fecunda en plena juventud. Abrámosles las puertas al futuro. No pretendamos pasar por delante de ellos, sólo porque nacimos primero.

Tenemos delante el futuro, animemos a los jóvenes a crear su proyecto de Europa. En los partidos políticos, centros universitarios y empresariales, tanto públicos como privaos, debiera prestarse más atención a las ideas frescas de los recién llegados. Que ven los problemas y sus soluciones con los ojos del neófito, sin tener sus raíces en el pasado. La vieja momia europea, necesita poner más jóvenes al frente de sus instituciones. Los mayores hemos heredado demasiados rencores y resabios, de tiempos más complicados en los que los odios se enquistaban, malévolamente.

Ahora podemos votar por una Europa renovada. Que vaya olvidando odios y guerras seculares. Pongamos al frente gente que no viva en el pasado. Los centros de Investigación universitarios, donde profesores y alumnos formen equipos creativos homogéneos, deberían ser potenciados y financiados con mayor generosidad. Los científicos instalados en sus viejas ideas, deberían abrirse más a la capacidad innovadora de los jóvenes creativos. La erudición inactiva no es más creativa que un almacén de libros, cerrado con llave. Quien todo lo sabe, ha de ponerse al servicio de quien todo lo quiere saber. Nuestra capacidad intelectual es tan pequeña, en relación con la grandeza del Universo que nos rodea, que no podemos perder la oportunidad de conocer toda idea nueva, con la mente abierta de par en par. También vale la interpretación novedosa de ideas clásicas. Y todo eso se puede conseguir, haciendo que las juventudes europeas sean una sola: La Juventud Europea. Abrir las fronteras interiores de nuestros pueblos y nuestras mentes, sólo puede beneficiarnos a todos.

Los jóvenes hacen bien en ser iconoclastas. Los preceptos no son murallas. Están para ser sobrepasados, cuando se decida que hay otros mejores. La obligación de los jóvenes es renovar. Los mayores, los instalados, en vez de temer por nuestra seguridad y persistencia, deberíamos facilitarles el acceso, para que acumulen menos frustración por su impotencia. Hay que ayudarlos a poner en marcha sus ideas, colaborando en la construcción de un mundo más abierto, más sano, más creativo, más joven. Porque, del estado de madurez, sólo se pasa, directamente, al de podredumbre. Europa, como unidad, es nuestro único futuro. Construyámosla, Con ideas jóvenes.