Go to content Go to menu

Lo inexistente

Thursday, April 9, 2009

La objetividad y la independencia son entelequias: útiles como referencias abstractas, pero inexistentes. Todo hombre es esclavo de su propia historia. Ascendientes, descendientes y colaterales, nos han ido rellenando el cerebro con sus propias ideas. Al final, cada cual no hace más que digerir lo que ingirió.

Desde tierras lejanas, desde civilizaciones diferentes, desde circunstancias distintas, con antecedentes diversos, ¿cómo podemos meternos en la piel de otros pueblos y juzgar la rectitud de sus hechos?

Los dioses antiguos, de cuya existencia no se dudaba en su época de pujanza, pasaron a ser ídolos falsos, o incluso personificaciones del mal. El Corán hace, por ejemplo, referencia a Tagut como el demonio, el Espíritu del Mal, cuando, hasta entonces, había sido una antigua divinidad árabe.

En la Biblia, cuando se dice que Dios habla a Moisés de la noche en que morirán los primogénitos egipcios, se cita: ‘De los dioses todos de Egipto, tomaré venganza.’ Es indudable que, no puede uno tomar como objeto de venganza a alguien inexistente. Porque, si en algo se insiste en los textos bíblicos, es sobre la existencia de un dios único.

De las diferencias que puede haber entre derecho natural y religioso, hablan bien a las claras las disposiciones legales, con base coránica, en países islámicos, que admiten como válidas gestaciones de hasta cinco años, para las viudas. Ya que se induce a creer, vía religiosa, que la semilla del marido pudo haber estado todo ese tiempo dormida, sin fructificar, por gracia divina, en el vientre de la madre enviudada, Así que, un hijo nacido de viuda, hasta cinco años después de la muerte de su marido, puede seguir siendo religiosamente legítimo. Siempre y cuando no se demuestre, con testigos, que hubo adulterio consumado. Si hay un concepto cambiante, en las religiones de todo el mundo, ese es el de la interpretación religiosa de los fenómenos naturales, y de la Naturaleza misma.

Los períodos místicos suelen ser cíclicos. Cuanto más insolubles parezcan los problemas que afecten a los pueblos, más se mira al cielo. Pero, tras los dogmas, no hay progreso, sino estancamiento. Si un pueblo se rigiese, exclusivamente, por afirmaciones inamovibles, dictadas desde las cúpulas religiosas, que se gobiernan por principios atemporales, entonces, ese pueblo habría dejado de estar vivo. Se convertiría en un ente autómata, sin percepción de que el mundo cambia, cada día.

Cuando, los partidos políticos que gobiernan una nación, dependen de organizaciones puramente religiosas, como es el caso de los partidos gobernantes, actualmente, en Israel o en algunos países árabes, da la impresión de que la estructura de sus gobernantes se ha osificado. Falta cerebro para renovarse, porque todo se ha convertido en esqueleto, puro hueso, una estructura fuerte, de principios inalterables, que se mantiene en pie y firme por su propia dureza, como cualquier roca muerta. En esa ordenación fría, la vida se ha terminado. Gobernar con principios momificados hace miles de años, no es la mejor forma de progresar.