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Atavismos Persistentes

Friday, April 3, 2009

Hay quienes se dedican a explotar a los demás, mediante la conservación de los atavismos persistentes en la Humanidad, desde su época más irracional. Cuando todo era asombro y admiración. Esta gente, asentada en el poder más absoluto, no tiene interés alguno en el progreso de la Humanidad y sus conocimientos. Impedir pensar a sus subordinados, es toda su fuente de poder. Inculcan creencias, fabricadas a la medida de los poderosos, no razones ni razonamientos, que beneficien al común de los humanos. Son los defensores de la irracionalidad y las creencias. Su labor es infundirlas, incrustarlas en las mentes de los creyentes, para, sirviéndose de ellas, mantener su estatus privilegiado. Los regidores de almas no necesitan creer, sólo usar las creencias de los demás en su propio beneficio. Son los defensores absolutos de lo tradicional, adaptado a sus intereses.

La duda es fecunda. Nos hace llegar a certezas, o a más dudas. Que son semilla de otros conocimientos. Llegar a lo más sencillo, siempre es complicado, pero rentable para quien lo consigue. Todo progreso humano está basado en romper barreras, no aceptando lo obvio como definitivo. Las creencias atávicas no son más que la pervivencia de lo primitivo, fuera de su tiempo y lugar. El pensamiento sin evolucionar, procedente de las raíces humanas, antes de llegar a la edad de la razón.

La guerra está en las creencias. Quien trata de imponer las suyas, como las únicas verdaderas, no puede ser pacífico. Los fanáticos son guerreros, tanto como los guerreros son fanáticos. Quienes no dejan tener derechos a los demás, es porque prefieren reservarlos todos para sí mismos. Quien no concede derechos, pierde todos los suyos. Los fanáticos siempre están dispuestos a matar y dejarse matar por imponer nimiedades insustanciales a otros. Los fanáticos no razonan, creen. No saben, suponen. Se prohíben a sí mismos adquirir conocimientos racionales, que pudieran acabar con su irracionalidad. Fomentar el pensamiento científico, sería el mayor servicio que la educación ciudadana podría hacer a la causa de una paz perdurable.

La paz siempre es razonada. Nuestros cielos e infiernos los llevamos dentro, auto-fabricados. El que los predicadores de guerras ideológicas se consideren portadores de la paz, resulta sorprendente. La hipocresía parece estar cercana. Oculta una lucha constante por el poder. Ellos son el alma de todas las guerras. Las dinastías de criminales que formaron la corte papal durante el Renacimiento, han quedado inmersas en las crónicas de las épocas más sucias de la Historia. Nunca hubo más envenenadores y espadachines sueltos por el mundo, que en aquella era de obispos gobernadores y cardenales reales. El idealismo estuvo todo concentrado en producir obras de arte irrepetibles. Belleza y crimen pueden ser compatibles para conciencias de amplias tragaderas. Cuando la mentira se convierte en explotación, entra en el terreno de la estafa moral. Cuando se pretende llegar a la verdad de algo, no vale inventarse historias, sino investigar con rigor científico. Con ello, lo viejo adquiere el brillo de lo nuevo, descubierto bajo el polvo de la ignorancia.

En numerosas civilizaciones africanas y pueblos del Pacífico, se considera que, los objetos confeccionados con fines mágicos o religiosos, siguiendo la tradición animista, alcanzan la categoría de sagrados. En este orden, pueden estar incluidos vasos ceremoniales de libación, máscaras, cuchillos de sacrificios, dagas rituales, figuras de dioses o espíritus, atavíos, cubrecabezas, bonetes, tiaras, mitras, velos, turbantes, túnicas, colgantes, utensilios, calzados. Al ser consagrados al culto, mágico o religioso, adquieren un ánima, convirtiéndose en objetos vivos, habitados por el espíritu o fuerza que los anima. Dependiendo de las religiones, varían los simbolismos y valores de tales vestiduras o aderezos. Todos ellos adquieren significados y poderes mágicos, o místicos; sin los cuales las ceremonias no serían válidas. Casi todas las celebraciones, tanto mágicas como religiosas, requieren que el celebrante vaya revestido de un ropaje adecuado a la misma y se presente en estado de limpieza de cuerpo y espíritu.

Dependiendo del carácter de la ceremonia, los ropajes han de tener un color determinado. El simbolismo de los colores pasó a ser parte del ritual. Aún cuando el significado de los colores no sea uniforme en las diversas religiones. Ya en la Biblia se indican colores obligatorios para distintos ornamentos sagrados. En el Catolicismo se ve también en los diferentes coloridos de casullas y vestidos talares de los sacerdotes, así como en los adornos eclesiales, según épocas del año y variedad de festividades o ceremonias. En el Islam, el verde y el blanco son los colores del Profeta. En el Universismo chino, si el blanco es luto, el negro es vicio, el rojo virtud y felicidad y el amarillo poder mágico. Así, las interpretaciones que el uso de un mismo color pueda tener en cada civilización son, no sólo distintas, sino contradictorias.

Podríamos deducir que los objetos y vestiduras sagrados, que se han de usar en determinados rituales, para que adquieran validez con plenitud, forman un apartado importante de la mítica del fetichismo. Tales atribuciones mágicas a objetos inanimados singulares, se encuentran entre todos los pueblos de la Tierra.

Del coral se decía que preservaba de las desgracias. Era bueno portarlo en los viajes que entrañasen peligro. Sobre todo en los cruceros por mar. En la India y sudeste asiático sigue conservando esta aplicación protectora. Con tal esperanza es utilizado aún por algunas etnias, como la gitana, de origen indio y tradición errante, cuyas mujeres suelen portar alguna joya adornada de corales, como protección.

En civilizaciones antiguas, donde la muerte era interpretada como un viaje al más allá, se usó como talismán funerario, incluido en la mortaja con que se ataviaba a los difuntos. Tal adorno debía proporcionarles buena suerte en su desplazamiento hacia la vida eterna. Chinos, árabes, francos y varias etnias indostánicas creyeron en su efectividad. En ocultismo y entre los alquimistas, el coral también gozó siempre de gran predicamento, pues sus atribuciones eran numerosas. Principalmente debido a su misteriosa condición simultánea de vegetal, animal y mineral. Propiedades que coinciden con las exigidas a la piedra filosofal.