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Radicales Divinos

Tuesday, April 28, 2009

Quienes pretenden imponer sus ambiciones, sin asumir responsabilidad alguna por sus consecuencias, recurren a un truco infalible: atribuyen tal imposición a los deseos de la divinidad que corresponda, en ese tiempo y lugar. Por supuesto, ellos se presentan como meros ejecutores de los deseos divinos. Pobres esclavos de su Señor.

Hablar en nombre de los dioses, debe resultar bastante cómodo, y rentable, además de irresponsable. En la actualidad, tenemos a los ejércitos de talibanes, imponiendo sus leyes divinas, con la fuerza de sus armas, tan inhumanas ellas. Pero no son los únicos, ni los primeros, iluminados. No hace muchos meses, el Presidente Bush buscaba la inspiración divina, para dirigir sus guerras continuadas, contra todo aquel que le desestabilizase los mercados petrolíferos. Con el mismo estilo que los fanáticos bíblicos, coránicos, o del Ramayana, usan para defender sus derechos exclusivos sobre el resto de los mortales.

Las obsesiones, al activarse, se alimentan del medio en que se muevan. Es decir, se ven condicionadas por las circunstancias ambientales, debiendo sufrir una readaptación constante. Para sobrevivir, transformadas por el uso. Una vez puestas en movimiento, el día a día las irá cambiando. Permanece incólume sólo el ideólogo dogmático, unidireccional, mientras la vida cambia a su alrededor. Eso explica los cambios doctrinales, conforme las circunstancias vitales cambian. Los dogmas son eternos…, relativamente, con limitaciones. Sobre todo, por la prevalencia del principio vital, asegurando que, todo lo que nace, muere. El registro cultural es, actualmente, lo suficientemente amplio como para poder seguir la historia de las ideas.

Es indudable que la religión, cualquier religión, aporta valores morales a la vida, tanto a la del individuo como a la de sus pueblos. Claro está que, tales sentimientos inculcados, se prestan a la explotación de los bienintencionados. Pues uno de los principios básicos de cualquier doctrina es el de la obediencia debida a los ‘superiores’. Entendiendo como tales a quienes están instalados en el poder y se sirven de él: En esencia, los distintos niveles de jerarquías asumidas.

Cuando los rectores morales de cualquier religión, pues hay miles, pretenden extender su maestría moral a terrenos que no tienen nada que ver con la moral religiosa, sino, más bien, con la economía, la política, el poder o las ciencias físicas, suelen representar corrientes extremadamente conservadoras. Basando su autoridad más en la imposición que en los conocimientos y la investigación de los mismos. En esos campos, son un freno para el progreso. Más que el avance de los conocimientos, les interesa el amaestramiento de las mentes.

No se puede olvidar que la fe tiene partes positivas, para quienes la regulan. Sobre todo, la fe ciega y excluyente, el fanatismo, que ha causado, y causa, enormes males a la Humanidad. Sería deseable que nadie obligase a otros a aceptar su propia verdad como la verdad de todos, universal. Porque estaría actuando contra el propio Creador de la libertad humana. El dios de los creyentes, nos presenta la cara que queramos verle. Y sus facciones son infinitas.

Atardeceres Sangrientos

Sunday, April 12, 2009

Las doctrinas, unas en el pasado y otras en el presente, han justificado siempre los sacrificios que pudieran hacerse a la mayor gloria de sus respectivos dioses. Con ello, no se busca tanto la solución de los problemas, cuanto la glorificación de los dioses invocados. En las religiones precolombinas de Sudamérica, quien muriese víctima de un sacrificio ritual, ocupaba el mismo lugar en el cielo que los guerreros muertos en la batalla, o sea, preferente. Si se mata en nombre de Dios, la muerte está justificada. Al partir hacia la guerra, los sacerdotes bendicen las tropas y armas de su pueblo. Pero, según la Biblia, ‘quien ofreciere sacrificios a otros dioses, y no sólo al Señor, será muerto.

‘Añadiendo, para mayor seguridad: no olvidemos el gran número de santos que, matando infieles, conquistaron su santidad; al considerar que los no fieles son enemigos de su religión. ‘Quien no está conmigo, está contra mí.’ Las reglas bíblicas, respecto a la valoración de las vidas, son elásticas. Se adaptan al creyente, según convenga. San Luis de Francia o San Fernando de Castilla, podrían servir de ejemplo a este tipo de santos matamoros. ¿Qué otra cosa sino ‘guerras santas’, calificadas como cruzadas, incluida la Guerra Civil Española de 1936-39, han sido tantas guerras, donde uno de los bandos dijera batallar en defensa de la fe? De su fe concreta, por supuesto. Siguiendo tal doctrina, podríamos afirmar que el camino a la santidad, podría igualmente ser recorrido, triunfalmente, dentro del Islamismo, el Siquismo, Sintoísmo, Judaísmo, etc. Diríamos que, quienes mueren luchando en defensa de su religión, conquistan la condición de mártir, adquiriendo derecho a un lugar destacado en el Cielo, en su particular cielo, sin importar su vida, ni, por supuesto, su religión.

La extensión del Cristianismo en América, tampoco necesita explicación. Donde llegaron los ingleses, impusieron su religión, igual que hicieran los españoles en tierras conquistadas por ellos. Otro tanto aplicaron franceses, portugueses, holandeses, y cuantos llegaron. No hubo excepción; la cruz y la espada fueron siempre compañeras. Las doctrinas, unas en el pasado y otras en el presente, han justificado los sacrificios, siempre que pudieran hacerse a la mayor gloria de sus respectivos dioses. Los trajes a la medida, se adaptan mejor al cliente. Los débiles, los inermes, carecen de derechos, en cualquier civilización.

En este contexto, la calificación de mártires es común. Jehová, Iahvé, como Señor de los Ejércitos, no es muy ajeno al concepto guerrero de los dioses. El Éxodo repite: ‘No guardes amistad con los habitantes de la tierra que te daré,…destruye sus altares, rompe sus estatuas, arrasa sus bosques sagrados…’ ‘… no adores a ningún dios extranjero. El Señor tiene por nombre Celoso. Quiere ser amado Él solo’.

Los más antiguos libros de la Biblia, aceptan un Dios guerrero. Abraham recibió, de Dios, la promesa de que su descendencia poseería las ciudades de sus enemigos. Podría deducirse que, cultivar enemigos, es una ocupación rentable.

Si, tales fieles, fuesen los habitantes del Cielo, se explicaría fácilmente el color sangre de algunos crepúsculos.

Lo inexistente

Thursday, April 9, 2009

La objetividad y la independencia son entelequias: útiles como referencias abstractas, pero inexistentes. Todo hombre es esclavo de su propia historia. Ascendientes, descendientes y colaterales, nos han ido rellenando el cerebro con sus propias ideas. Al final, cada cual no hace más que digerir lo que ingirió.

Desde tierras lejanas, desde civilizaciones diferentes, desde circunstancias distintas, con antecedentes diversos, ¿cómo podemos meternos en la piel de otros pueblos y juzgar la rectitud de sus hechos?

Los dioses antiguos, de cuya existencia no se dudaba en su época de pujanza, pasaron a ser ídolos falsos, o incluso personificaciones del mal. El Corán hace, por ejemplo, referencia a Tagut como el demonio, el Espíritu del Mal, cuando, hasta entonces, había sido una antigua divinidad árabe.

En la Biblia, cuando se dice que Dios habla a Moisés de la noche en que morirán los primogénitos egipcios, se cita: ‘De los dioses todos de Egipto, tomaré venganza.’ Es indudable que, no puede uno tomar como objeto de venganza a alguien inexistente. Porque, si en algo se insiste en los textos bíblicos, es sobre la existencia de un dios único.

De las diferencias que puede haber entre derecho natural y religioso, hablan bien a las claras las disposiciones legales, con base coránica, en países islámicos, que admiten como válidas gestaciones de hasta cinco años, para las viudas. Ya que se induce a creer, vía religiosa, que la semilla del marido pudo haber estado todo ese tiempo dormida, sin fructificar, por gracia divina, en el vientre de la madre enviudada, Así que, un hijo nacido de viuda, hasta cinco años después de la muerte de su marido, puede seguir siendo religiosamente legítimo. Siempre y cuando no se demuestre, con testigos, que hubo adulterio consumado. Si hay un concepto cambiante, en las religiones de todo el mundo, ese es el de la interpretación religiosa de los fenómenos naturales, y de la Naturaleza misma.

Los períodos místicos suelen ser cíclicos. Cuanto más insolubles parezcan los problemas que afecten a los pueblos, más se mira al cielo. Pero, tras los dogmas, no hay progreso, sino estancamiento. Si un pueblo se rigiese, exclusivamente, por afirmaciones inamovibles, dictadas desde las cúpulas religiosas, que se gobiernan por principios atemporales, entonces, ese pueblo habría dejado de estar vivo. Se convertiría en un ente autómata, sin percepción de que el mundo cambia, cada día.

Cuando, los partidos políticos que gobiernan una nación, dependen de organizaciones puramente religiosas, como es el caso de los partidos gobernantes, actualmente, en Israel o en algunos países árabes, da la impresión de que la estructura de sus gobernantes se ha osificado. Falta cerebro para renovarse, porque todo se ha convertido en esqueleto, puro hueso, una estructura fuerte, de principios inalterables, que se mantiene en pie y firme por su propia dureza, como cualquier roca muerta. En esa ordenación fría, la vida se ha terminado. Gobernar con principios momificados hace miles de años, no es la mejor forma de progresar.

Como dioses

Tuesday, April 7, 2009

La creencia es la antítesis de la ciencia. Si, quienes predican la verdad única, la que ellos representan, logran meterte en la botella inexistente de sus límites, los que ellos fijan, estás atrapado. No pensarás más. A la mosca encerrada en la trampa, no se le muestra la salida de la botella, porque, realmente, está encerrada en sí misma. La botella, es decir, el límite exterior, el de sus conocimientos, no existe. La persona es lo que es, como suma y resumen de todo lo que ha sido. Las restricciones a su vuelo, le vienen dadas por la propia limitación de sus fuerzas. La formación marca el camino. Moralmente, se te permite volar sólo en espacios acotados, si formas parte de una sociedad dominada por creencias.

Con límites a la expansión del espíritu y la adquisición de conocimientos, no tendremos nunca la tentación de ‘querer ser como dioses’. Pretender avanzar, querer saber siempre algo más, es considerado, por los dictadores morales, un pecado de soberbia, de vanidad,…la tentación de Belfegor. El vanidoso demonio que, dicen, inspira a los científicos, para hacerles creer que pueden ser como dioses: creadores. Con lo que la creación científica se convierte en objeto de pecado. Realmente, el peligro lo ven en el espíritu mismo de la ciencia. En ciencia no se cree, se investiga, se disiente, se prueba, se demuestra. Hasta llegar al estado más cercano a la verdad, que pueda percibirse. Para retomar el progreso científico continuado, es decisivo desligar, totalmente, la ciencia de la religión. Para que no se tema, topar con la justicia de sus ministros religiosos, cada vez que se pretende avanzar en los estudios humanos.

En toda religión, encontramos teorías de clara evolución y otras que han permanecido cerca de sus orígenes. El creyente admite cuanto le viene dado, en el tiempo que le es proveído. Si le surgiesen dudas, las achacaría a su falta de fe, no a fallos doctrinales. Un motivo más para aumentar su sentido de culpabilidad. Sin embargo, odas las religiones modernas han surgido de creencias anteriores, que han ido evolucionando. Ninguna surgió de la nada. En el Hinduismo, religión la más prolífica entre todas, se llegó a admitir la existencia de trescientos treinta millones de dioses. La inclinación actual destaca la importancia de algunos de ellos, declarando a los demás como dioses menores, o semidioses. Donde se ha llegado al monoteísmo, se han ido concentrando todos los atributos divinos en uno solo de ellos. Prescindiendo de los demás.

La vuelta a la ortodoxia tradicionalista, protagonizada por rebrotes integristas, las reafirma como organizaciones de poder, cuya principal arma no sólo es el miedo a lo desconocido, sino la inmediatez añadida de terribles castigos corporales. Tales como diversas mutilaciones, o la muerte. Que fueron sentenciadas en todas las religiones derivadas de la Biblia. Como aún es práctica en algunas corrientes islámicas. Tal como lo fue en todos los países europeos de creencias cristianas. La Inquisición dejó vestigios imborrables en nuestra historia. Recordemos, de paso, que el único país europeo, donde está vigente la pena de muerte, es en el muy cristiano y diminuto Estado Vaticano. Los principios de dominio siguen teniendo su base en el miedo, que suele derivar en terror. Las verdades absolutas son el mayor enemigo de la Humanidad, pues no admiten la duda. Son el freno de todo pensamiento disidente.

Todo cambia, todo avanza, todo se descompone, vive. Toda verdad, para ser efectiva, ha de adaptarse al nivel de conocimientos de quien la recibe.

Al leer textos antiguos, debemos tener en cuenta, siempre, que las afirmaciones hechas hace miles, o cientos, de años, no tienen una traducción inmediata y equivalente en nuestro tiempo e idioma. Los conceptos varían su valor, con la acumulación de conocimientos. Así, no podemos caer en el frecuente error de establecer escalas de valores, por comparación con nuestros esquemas actuales.

Elemental es, considerar que ninguna religión, al menos que conozcamos, nació como sistema cerrado. Todas han ido evolucionando, dando nuevo significado a verdades que dejaron, con el tiempo, de serlo.
La mayoría de los términos usados actualmente en religión, era desconocida a sus fundadores.

Simplemente, porque aún no se habían acuñado. El pensamiento abstracto no es propio del hombre primitivo. Y, por tanto, el valor que damos hoy a palabras y frases usadas en una época lejana de la Humanidad, está teñido, totalmente, de nuestros conocimientos, apreciaciones y mentalidad actuales. Con lo que, al interpretarlas con nuestra mentalidad actual, falseamos la evaluación original de su significado.

Los dioses cambiaron, con las condiciones de vida. El hombre primitivo no podía concebir que los rayos, truenos, tormentas y cualquier otra fuerza, energía, o función natural, actuasen por causas físicas. Las actividades más elementales, las atribuía a la acción de los espíritus internos de las cosas. En un estado más avanzado de pensamiento religioso, se asignó a la voluntad de un ser poderoso, que dominaba la parcela de naturaleza afectada. Así nacieron los dioses de los elementos. Thor, el dios escandinavo. Zeus, desde el Olimpo griego, Indra, en Persia y la India. O Júpiter entre los romanos, arrojaban rayos a sus enemigos. El mismo Jehová aparece rodeado de rayos y truenos en el Sinaí. Es del todo normal que, en una época en que el hombre vivía en íntimo contacto con la Naturaleza, los dioses fueran los señores de ésta.

Tal como es natural que, en la era espacial, los nuevos místicos hablen de extraterrestres, naves interplanetarias, lejanas galaxias y abducciones. Tales transportes serían el equivalente moderno del arrobo místico o éxtasis.

Las actitudes personales, pueden ser idénticas, ante doctrinas diferentes. Los fariseos de los tiempos bíblicos, equivalen a los fundamentalistas, tradicionalistas, conservadores, ortodoxos, integristas o intransigentes, de la actualidad. Observadores totales de los ritos, las formas, las ceremonias, las apariencias, la tradición y la ley. Se distinguen también por su intolerancia hacia quienes intentan actualizar las doctrinas, adaptándolas a los cambios sociales. Es decir, pretenden que sólo sea válida la verdad que ellos representan, considerándola inmutable. Hasta que ellos crean conveniente matizarla, en suma, cambiarla. Quienes ostentan el poder, lo que pretenden es que no cambie de manos, para seguir siendo ellos sus administradores. Esa es la fuente de su poder, que pretenden conservar. En fin, algo muy humano: Egoísmos personales, escondidos tras grandilocuentes y vacuas teorías justificadoras,

Atavismos Persistentes

Friday, April 3, 2009

Hay quienes se dedican a explotar a los demás, mediante la conservación de los atavismos persistentes en la Humanidad, desde su época más irracional. Cuando todo era asombro y admiración. Esta gente, asentada en el poder más absoluto, no tiene interés alguno en el progreso de la Humanidad y sus conocimientos. Impedir pensar a sus subordinados, es toda su fuente de poder. Inculcan creencias, fabricadas a la medida de los poderosos, no razones ni razonamientos, que beneficien al común de los humanos. Son los defensores de la irracionalidad y las creencias. Su labor es infundirlas, incrustarlas en las mentes de los creyentes, para, sirviéndose de ellas, mantener su estatus privilegiado. Los regidores de almas no necesitan creer, sólo usar las creencias de los demás en su propio beneficio. Son los defensores absolutos de lo tradicional, adaptado a sus intereses.

La duda es fecunda. Nos hace llegar a certezas, o a más dudas. Que son semilla de otros conocimientos. Llegar a lo más sencillo, siempre es complicado, pero rentable para quien lo consigue. Todo progreso humano está basado en romper barreras, no aceptando lo obvio como definitivo. Las creencias atávicas no son más que la pervivencia de lo primitivo, fuera de su tiempo y lugar. El pensamiento sin evolucionar, procedente de las raíces humanas, antes de llegar a la edad de la razón.

La guerra está en las creencias. Quien trata de imponer las suyas, como las únicas verdaderas, no puede ser pacífico. Los fanáticos son guerreros, tanto como los guerreros son fanáticos. Quienes no dejan tener derechos a los demás, es porque prefieren reservarlos todos para sí mismos. Quien no concede derechos, pierde todos los suyos. Los fanáticos siempre están dispuestos a matar y dejarse matar por imponer nimiedades insustanciales a otros. Los fanáticos no razonan, creen. No saben, suponen. Se prohíben a sí mismos adquirir conocimientos racionales, que pudieran acabar con su irracionalidad. Fomentar el pensamiento científico, sería el mayor servicio que la educación ciudadana podría hacer a la causa de una paz perdurable.

La paz siempre es razonada. Nuestros cielos e infiernos los llevamos dentro, auto-fabricados. El que los predicadores de guerras ideológicas se consideren portadores de la paz, resulta sorprendente. La hipocresía parece estar cercana. Oculta una lucha constante por el poder. Ellos son el alma de todas las guerras. Las dinastías de criminales que formaron la corte papal durante el Renacimiento, han quedado inmersas en las crónicas de las épocas más sucias de la Historia. Nunca hubo más envenenadores y espadachines sueltos por el mundo, que en aquella era de obispos gobernadores y cardenales reales. El idealismo estuvo todo concentrado en producir obras de arte irrepetibles. Belleza y crimen pueden ser compatibles para conciencias de amplias tragaderas. Cuando la mentira se convierte en explotación, entra en el terreno de la estafa moral. Cuando se pretende llegar a la verdad de algo, no vale inventarse historias, sino investigar con rigor científico. Con ello, lo viejo adquiere el brillo de lo nuevo, descubierto bajo el polvo de la ignorancia.

En numerosas civilizaciones africanas y pueblos del Pacífico, se considera que, los objetos confeccionados con fines mágicos o religiosos, siguiendo la tradición animista, alcanzan la categoría de sagrados. En este orden, pueden estar incluidos vasos ceremoniales de libación, máscaras, cuchillos de sacrificios, dagas rituales, figuras de dioses o espíritus, atavíos, cubrecabezas, bonetes, tiaras, mitras, velos, turbantes, túnicas, colgantes, utensilios, calzados. Al ser consagrados al culto, mágico o religioso, adquieren un ánima, convirtiéndose en objetos vivos, habitados por el espíritu o fuerza que los anima. Dependiendo de las religiones, varían los simbolismos y valores de tales vestiduras o aderezos. Todos ellos adquieren significados y poderes mágicos, o místicos; sin los cuales las ceremonias no serían válidas. Casi todas las celebraciones, tanto mágicas como religiosas, requieren que el celebrante vaya revestido de un ropaje adecuado a la misma y se presente en estado de limpieza de cuerpo y espíritu.

Dependiendo del carácter de la ceremonia, los ropajes han de tener un color determinado. El simbolismo de los colores pasó a ser parte del ritual. Aún cuando el significado de los colores no sea uniforme en las diversas religiones. Ya en la Biblia se indican colores obligatorios para distintos ornamentos sagrados. En el Catolicismo se ve también en los diferentes coloridos de casullas y vestidos talares de los sacerdotes, así como en los adornos eclesiales, según épocas del año y variedad de festividades o ceremonias. En el Islam, el verde y el blanco son los colores del Profeta. En el Universismo chino, si el blanco es luto, el negro es vicio, el rojo virtud y felicidad y el amarillo poder mágico. Así, las interpretaciones que el uso de un mismo color pueda tener en cada civilización son, no sólo distintas, sino contradictorias.

Podríamos deducir que los objetos y vestiduras sagrados, que se han de usar en determinados rituales, para que adquieran validez con plenitud, forman un apartado importante de la mítica del fetichismo. Tales atribuciones mágicas a objetos inanimados singulares, se encuentran entre todos los pueblos de la Tierra.

Del coral se decía que preservaba de las desgracias. Era bueno portarlo en los viajes que entrañasen peligro. Sobre todo en los cruceros por mar. En la India y sudeste asiático sigue conservando esta aplicación protectora. Con tal esperanza es utilizado aún por algunas etnias, como la gitana, de origen indio y tradición errante, cuyas mujeres suelen portar alguna joya adornada de corales, como protección.

En civilizaciones antiguas, donde la muerte era interpretada como un viaje al más allá, se usó como talismán funerario, incluido en la mortaja con que se ataviaba a los difuntos. Tal adorno debía proporcionarles buena suerte en su desplazamiento hacia la vida eterna. Chinos, árabes, francos y varias etnias indostánicas creyeron en su efectividad. En ocultismo y entre los alquimistas, el coral también gozó siempre de gran predicamento, pues sus atribuciones eran numerosas. Principalmente debido a su misteriosa condición simultánea de vegetal, animal y mineral. Propiedades que coinciden con las exigidas a la piedra filosofal.