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Hombres y Dioses

Monday, March 16, 2009

Hombres y dioses son hermanos; hijos de los mismos padres. Los dioses, antes de ser elevados a sus respectivos olimpos, fueron gestados entre humanos, y puestos a su servicio. Todas las civilizaciones han tenido su olimpo particular, gestado dentro de las limitaciones del pueblo. Claro está que, cuando un país adquiere relevancia, no sólo sube de cotización su estima internacional, también sus creencias pasan a la universalidad. Tras un tiempo de expansión, la admiración da paso al hastío. Con lo que, las efigies de los antiguos dioses, pierden su espiritualidad, pasando a ser ídolos de viejas creencias extinguidas. Nada nuevo bajo el Sol.

Cuando se pretende llegar al fondo de algo, a su más íntima verdad, no vale seguir el hilo de la historia, sino el camino de la ciencia. Con microscopios, escalpelos y analistas. Con lo que, lo tenido por viejo, adquirirá un nuevo aspecto. Si los nuevos dirigentes mundiales, que se adivinan, no vienen a cambiar el mundo, pueden quedarse donde están. Necesitamos innovadores. Nuevas utopías. Si no se cumplen, todo el futuro soñado puede destruirse, en conjunto. Necesitamos otro Gandhi, otro Kennedy, alguien que nos ilusione. No clichés de ídolos cinematográficos, que se queden en la imagen.

Obama, para mover el mundo, tiene que ser todo o nada. Si los políticos de rango e historia familiar lo mediatizan, acabarán con la frescura de lo nuevo, de lo limpio. Tiene que seguir siendo él, no una imagen de su entorno. Quien ha venido a cambiar el escenario, debe estar dispuesto a romper el viejo decorado.

Con un nuevo Clinton, no nos basta. Necesitamos, al menos, un nuevo Kennedy; de ahí para arriba. Su nueva luz debe poder alumbrar las profundas sombras dejadas por la época Bush. Aventando, al tiempo, las miasmas de la podredumbre remanente. Los sistemas políticos corruptos, donde todo se compra, y todo se vende, no se extinguen con su caída. La basura tarda en pudrirse, antes de poder ser reciclada. En los antiguos imperios, los grandes emperadores surgieron de los límites del imperio, no de su cogollo. El mundo actual es más que Tejas o California. Las medidas, para instaurar algo nuevo, a nivel mundial, deben abarcarlo todo: China, Rusia, Sudán, Israel, Palestina o Arabia Saudí, no pueden seguir siendo lugares de excepciones. La corrupción, el amiguismo, los cargos heredados, no pueden constituir la regla que fije el modelo a perpetuar. Las opiniones muy extendidas, tienen tanta probabilidad de ser inciertas, como las poco extendidas. Lo usualmente creído no tiene por qué ser lo único cierto. Lo que políticos y dogmáticos complican, lo explican los científicos. El hombre, además de querer saber siempre algo más, debe estar seguro de lo que ya sabe. Cuando se tiene amplitud de miras, la visión del conjunto es más clara. El patriotismo está cercano al ombliguismo. Considera más importante lo que le cae más cercano. En la realidad, importancia y cercanía son independientes. Importante es lo imprescindible, no lo acostumbrado

Las guerras de creencias, bajo ideas totalitarias, las perdemos todos. Las religiones no alientan la violencia, pero la justifican. Siempre que se ejerza en su favor, o para imponer ideas propias. Aún cuando haga falta matar, o dejarse matar. Con lo que el concepto básico de dar y pedir justicia queda anulado.

Pues la muerte nunca es justa, todo lo más, necesaria. Aunque sea mirada como una simple mutación del estado vital. La necesidad no hace falta justificarla, sólo satisfacerla. Lo universal se completa en sí mismo. En las doctrinas derivadas de la Biblia, desde los primeros tiempos, se da por lícita la toma del botín enemigo y la muerte de quien se oponga a la realización de los fines propios. No podemos olvidar que, las principales corrientes del terrorismo internacional, tuvieron y tienen su origen en movimientos religiosos, que conducen a la obnubilación divina. Sus practicantes se sienten justificados para afirmar que llevan a cabo una especial guerra santa. En defensa de su religión, su pueblo, su raza. Las creencias religiosas, o no, son acientíficas. ¿Quién puede justificar dónde empieza una raza y termina otra? Todos somos equivalentes, aunque no iguales. Juegan con sentimientos, no con razones. Las infinitas posibles mezclas de creencias raciales con emociones ancestrales, producen una total ceguera mental. Se ve lo que se quiere ver, no lo que ven los demás. La Biblia, como digna heredera de las religiones egipcias y mesopotámicas, tomó estructuras completas de creencias preexistentes, adaptando y adoptando teorías de diversas procedencias, que se fueron unificando, a lo largo de los siglos, hasta formar una doctrina propia, que se convierte en dogma. Los edificios dogmáticos, tardan siglos en construirse. La historia de las creencias y estructuras sociales es, como la de la evolución de las especies, una suma de añadidos, adaptaciones, subdivisiones y mezclas, que guardan un recuerdo de lo que fueron, habiendo dejando de ser lo que eran. Conservan la genética, que recuerda el camino recorrido, evidenciando que no se hallan en el punto de partida. Islamismo, judaísmo, cristianismo, con todas sus miles de variantes, son hijos de la misma madre, con distintos padres. Nada surge de la nada. Todo se transforma, de modo constante. Pretender que lo actual es idéntico a lo anterior, no sólo es un sinsentido, sino un imposible. Al transformarse todo, de forma continuada, incluso lo mismo dejaría de tener igual valor relativo respecto de lo transformado. En el mundo real, no existe lo eterno, más que de forma abstracta, ideal. Es decir, no existe. Cuando se pierde el miedo a lo inexistente, el encantamiento mágico de las creencias, vacías de realidad, desaparece. Las creencias imbuidas son prisiones del alma, que se inculcan en la niñez y juventud, como fuentes del miedo, para que duren toda la vida. Método infalible utilizado por los grupos de poder, para gobernar y sujetar a quienes se les someten. No hacen falta cadenas físicas.