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Ciencia y Libertad

Saturday, December 26, 2009

La luz del saber ilumina las mentes. La razón, la ciencia, se impone sobre el atavismo. El hombre se completa, como ser humano, cuando sus pasos están guiados por la razón. El fuerte también ha de serlo en sus razones. Razonar más, cuanto más fuertes seamos. Para que no quepa duda de la fuerza de la razón.

Los líderes carismáticos, creyéndose imprescindibles, con tendencias dictatoriales, vampirizan a sus pueblos, para satisfacer, aún más, su hambre de mando. Ellos sobran. Los que quieren seguir siendo cabeza, a costa de lo que sea. Las creencias, la fe, no se asientan en razones, sino en sentimientos. Y no todos sentimos de igual forma. La razón acompaña con más frecuencia al débil, aunque nadie se la conceda.

En un mundo donde el pacifismo progresa, parece fuera de tiempo la institucionalización de la muerte violenta, como justificable a los ojos de Dios. Es increíble que, en pleno siglo veintiuno, siga instituida la pena de muerte en numerosos países, tenidos por cristianos. En las ejecuciones suele estar, para acompañar al ejecutado, a “bien morir” un sacerdote. Me parece un acto de suprema hipocresía. En este aspecto, como en muchos otros, Norteamérica no es un ejemplo moral para el resto de las naciones democráticas. Todos los imperios, a lo largo de la historia, adujeron razones morales, religiosas, justicieras, para excusar las conquistas que su hegemonía les proporcionaba. Los tiempos parecen no han cambiado, oímos ecos de aquellos mensajes.

La extrapolación de valores religiosos a la política, da nacimiento a credos nacionalistas. Basados en creencias cultivadas, por encargo. Con frecuente ayuda de las organizaciones de fe asentadas. Aún cuando haya ausencia de razones aquilatadas. Hace falta fe, para ser nacionalista. Porque las ciencias contradicen sus postulados.

Genéticamente, no existe ningún pueblo uniforme, sin mezcla. La Humanidad es una. Las claves genéticas de los seres vivos, evidencian que cada especie animal no es más que la expresión diferenciada de un mismo lenguaje celular. Somos todos parientes, más o menos cercanos, de todo lo viviente. Animales y plantas incluidos.

Clamar por la pureza de la raza de un pueblo, evidencia ignorancia u oscurantismo. Si lo que se pretende es transmitir la ignorancia. Puede haber unos pueblos más cercanos a otros, genéticamente, por la proximidad en el tiempo de su ramificación del tronco único, pero siempre encontraremos los puntos de unión. No hubo una Creación, exclusiva y separada, para cada pueblo singular. Como pretenden asegurarnos los textos fundacionales de alguna fe nacionalista, o nacionalizada.

La evolución es admisible, y la revelación fulgurante también, lo que resulta algo sospechoso es que, generalmente, sean políticos quienes reciban las inspiraciones desde lo alto. ¿Qué era Moisés, sino un líder? En este revoltijo de ideas mutantes, en que se han convertido los idearios, los únicos que juegan con ventaja son aquellos que se presentan como los más importantes del mundo. Los egocéntricos irremediables lo tienen claro: los protagonistas son ellos, los demás, comparsas.

Individuo en la Masa

Friday, December 25, 2009

Las doctrinas totalitarias, que basan su culminación en el tratamiento uniforme de la sociedad, no han dejado nunca una herencia de respeto y protección del individuo, sino la consagración de la prioridad comunitaria ante éste. Hay que echarse a temblar, cuando los políticos decisorios sólo muestran interés por las cifras macroeconómicas de la comunidad. En esos momentos, ni se acuerdan de los individuos que la sustentan.

Todos somos individuos, en cuanto persona física. Al tiempo que, en la comunidad, formamos parte de la masa. No somos la masa en sí, sino una parte diferenciada de ésta. Aunque creamos estar fuera de la muchedumbre, si tenemos que hacer un esfuerzo para que nos distingamos de ésta, es que estamos dentro. En la comunidad, somos masa, todos. Aunque nos sintamos individuos singulares, no somos suficientemente distintos, como para destacar entre iguales.

Cuando, entre los derechos esgrimidos para justificar guerras, se mezclan creencias e inspiraciones divinas, las razones humanas desaparecen. El Bien y el Mal no son valores absolutos, ni pertenecen a nadie. Un buen día para el cazador puede serlo de tragedia para los cazados. El significado de las palabras, varía según qué labios las pronuncien.

Cuando entre los derechos esgrimidos para justificar guerras se mezclan creencias e inspiraciones divinas, las razones humanas desaparecen. Se puede decir que, en la guerra y en la política, todo vale. Con distintas armas, pero idéntica meta: imponerse.

Hay que temblar, cuando los políticos decisorios sólo muestran interés por las cifras macroeconómicas. .En esos momentos, ni se acuerdan de los individuos que la sustentan. Quienes se cobijan bajo la sombra del poderoso, jamás podrán decir que defendieron la justicia, sino su propia conveniencia.

La Humanidad es una. Todo lo que trata de crear separaciones, es negativo y artificial. Sean fronteras, muros o prejuicios. No deberíamos escuchar a los gurúes que clasifican a los humanos en categorías distintas, según sus creencias. Es el más peligroso de los apartamientos. Si no hay equilibrio en la naturaleza y sociedad del individuo, no lo habrá en la Humanidad.

La Biblia no es pacífica. Quien quiera ser pacifista, sería preferible que no la leyese. Se encontrará perdido. Es el libro de cabecera de una cantidad sorprendente de generales. Que viven y han vivido de, por y para la guerra. Con su lectura, adormecen sus conciencias. Pues, en los relatos bíblicos, encuentran justificación a cada uno de sus actos guerreros.

La ambivalencia de los textos, facilita la adaptación a cualquier circunstancia. Miles de batallas se han librado, inspiradas, en ambos lados del frente, en las mismas páginas. Creyendo, todos, ser los portadores de la razón. El ganador se sentirá apoyado por la divinidad.

Quien usa la fe como instrumento político, pretende tener siempre la razón. Se considerará mejor que cualquier otro, despreciando al prójimo. Sólo los usa como adláteres necesarios, para conseguir sus propios fines. No admiten que, en el mundo del pensamiento, las verdades del momento serán, siempre, sustituidas por verdades venideras.

Mentes y Pensamientos

Thursday, December 24, 2009

Cuando, los grandes comunicadores de verdades prefabricadas, empiezan a valorar la verdad mágica de sus palabras, por encima de la verdad científica, debemos principiar a temer, como rebaño dócil que se deja conducir, si nuestro pastor se ha confundido de estrella guía y nos puede estar conduciendo, él mismo, al precipicio. El conmigo o contra mí, las guerras de clases, las eternas sospechas, el ataque solapado, castrador y represivo, de todos los absolutistas, contra la libertad, dan lugar a pensamientos negativos. La impresión general, es la suma de las impresiones parciales. Estamos viviendo tiempos de crisis, indudablemente, como siempre. Las crisis, los altos y bajos, son inherentes a la vida. Sólo que las crisis graves se trasladan de lugar, aún cuando permanezcan en el tiempo. Nunca el mundo fue una balsa de aceite. La verdad se puede ocultar, pero eso no la cambia. Su esencia permanece. Toda verdad es individual. Aún cuando sea única en su origen, no tiene el mismo valor, observada desde un punto de vista y el inverso. Habiendo una piedra en movimiento, no es igual lanzarla que recibirla.

Ser feliz, sentirse bien, tener ganas de reír, son estados deseables del Hombre. La sociedad que los coarta, está mal orientada en sus principios. Pero, la tiranía perfecta consiste en llegar hasta la apropiación de las almas. Vemos que Bush, Putin, Sharon, los sultanes sauditas, como algunos políticos y líderes religiosos más cercanos a nuestro entorno, utilizaron su acercamiento a las autoridades de cualquier tendencia, para buscar su complicidad recompensada, haciéndola revertir en beneficio propio. La unión del poder político con el religioso, ha dado siempre lugar a la gestación de las peores dictaduras. Sea cual fuere la religión de que se trate. A veces, ideas que han estado ahí, toda la vida, sin que pareciesen conducir a parte alguna, tienen recodos que no habíamos visto, pero que, iluminados adecuadamente, con la luz nueva, de gente sin prejuicios, nos indican salidas inéditas de viejos laberintos.

La juventud hace bien en ser iconoclasta. Los maestros están para traspasar conocimientos y enseñar a pensar, no para hacerse admirar por su saber. Los preceptos no son murallas, están para ser superados. Las palabras, como las actitudes, no tienen el mismo valor en distintas circunstancias. En los sistemas de creencias y principios totalitarios, las directrices son órdenes. Quien no cumple, se convierte en reo. No hay excusas para el disidente.

La creencia en el poder mágico de la palabra, sobre las obras y sus secuelas, no sólo en el propio transgresor, sino en los otros seres afectados por el error confesado, ha derivado, modernamente, en el psicoanálisis y prácticas colaterales de psicoterapia. Quien confiesa, descansa. Libera su alma del peso del pecado. Así se explica que, hasta no hace muchos años, algunas disposiciones eclesiales prohibieran la práctica del psicoanálisis a los creyentes. Trataban de evitar que el sicoanalista, con su cómodo diván, y búsqueda de justificaciones freudianas a sus desviaciones de conducta, les quitaran la clientela.

Destructores de lo Humano

Wednesday, December 23, 2009

Así como algunos humanos han nacido para aprender y enseñar, otros parecen nacidos con la misión de borrar todo conocimiento de la mente humana, para sustituirlo por creencias. Fantasías, al fin y al cabo.

La mente que se llena de creencias indelebles, deja de tener espacio libre para la creación de conocimientos. Quien no pone coto a su capacidad de creer, pierde su libre capacidad de crear. Quien razona, crea realidad; quien cree, ni siquiera fantasea. Se lo prohíben sus creencias. Vive en una irrealidad limitada. Escapar de las circunstancias opresoras que haya encontrado en su vida es su mayor problema.

Las ‘verdades’ inventadas, no son eternas. Lo son, de forma relativa, respecto del momento en que las consideremos. Pero, nosotros no vivimos una eternidad para saberlo. Cuando nos hacemos preguntas, sobre algo que desconocemos, nuestra inquietud nos exige respuestas. Conduciéndonos a dos caminos de solución: La fantasía o la investigación.

Si nos servimos de la imaginación pura, crearemos una fábula, quizá razonada, pero irreal. Como los relatos que sobre el origen del Universo real, y sus dioses de fantasía, encontramos en todos los sistemas de creencias. Tan variados, como cualquier literatura fantástica. Cuando, en vez de fantasear, tratamos de investigar, razonando, para llegar a la verdad, estamos creando ciencia.

Indudablemente, el camino de la ciencia es más difícil, lento y complicado que el de la fantasía. Cualquier pequeño paso adelante, en el mundo de las ciencias, está cimentado sobre el trabajo arduo de anteriores investigadores del conocimiento. Siglos de estudios, comprobaciones, experiencias, creación, probada y comprobada. La fantasía no necesita más que ser imaginada. Su existencia real es innecesaria. Sólo hace falta credulidad para afirmarla.

La época actual, en la que vivimos migraciones masivas, no es más que la consecuencia del desarrollo humano. Sabemos más, hemos crecido en la búsqueda del ideal. Quienes dejan sus lugares de origen, o profundizan en sus estudios, son aquellos que no están dispuestos a morir estoicamente, esperando que cambien las circunstancias: Son los innovadores. Creen en el individuo y en su mejora voluntaria. No esperan que un milagro los cambie. Ellos son sus propios taumaturgos.

Cambian sus raíces, por el sueño de encontrar unas alas con las que ampliar su horizonte. Escapar de las circunstancias opresoras que hayan encontrado en su tierra de origen, es una solución para muchos. Eso, que hoy nos parece una obviedad, era, casi siempre, un sueño irrealizable, en tiempos no tan lejanos. Se ha hecho más fácil huir de tiranos y circunstancias opresoras. Cuando la sociedad masiva trata de borrar al individuo, surge el respeto a lo diferente. Los derechos de la sociedad y los del individuo, no deben chocar, sino suplementarse.

Si se quiere paz en el mundo, deberíamos potenciar, al máximo, el estudio de las ciencias y la razón. Dando, a las creencias fanáticas, el lugar que les corresponde en la escala de valores civilizados: el que ocupan los sentimientos surgidos de los estados más primitivos de la mente.

Libertad Creativa

Tuesday, December 22, 2009

En general, no somos contrarios a la innovación, siempre que se respete también lo respetable. El mayor bien del hombre es su libertad. Aún cuando la libertad sea una utopía. Pues siempre tiene límites. Los que te fijas, o los que te fijan. Los naturales de la propia capacidad para ejercerla y los morales del respeto debido a otros.

Nadie debería ser libre para causar daño a otros, pero sí para proporcionar felicidad, satisfacción o placer, a quienes deseen compartirlo libremente. Sin causar, ni causarse, daño. El progreso viene sólo en libertad, a través de la razón. No podemos considerar enemigos a quienes no piensan igual que nosotros. Paz, armonía y libertad son como hermanas siamesas, no hay una sin las otras.

El ser humano, sin libertad no es nada. No habríamos salido de la Edad de Piedra. Seríamos simples autómatas, predestinados a repetir las órdenes que recibiéramos. La creación es el gran privilegio del hombre libre. Se sale fuera de los caminos hollados, para empezar a ser humano, de verdad, innovador, creador de sí mismo, libre de sobrevolar el terreno que otros sólo pisan.

La soberbia y la avaricia van, casi siempre, juntas, lo que parece una contradicción. Quien quiere tener mucho, está más orgulloso de lo que tiene, que de lo que es. Gran hombre es, quien ha logrado superar su propia pequeñez. Quien se desborda, hasta inundar el mundo. No es más grande quien más tiene, sino quien más da.

Igual que el individuo ha de sentirse libre, para no convertirse en un rebelde inútil, los pueblos han de participar de ese mismo sentimiento. Ahora nos consideramos libres, aunque no lo seamos en el sentido estricto. La libertad no es un hecho objetivo, sino un sentimiento. Sin esa sensación interna de poder realizar los propios proyectos, no existiría la civilización actual. La creatividad es hija de la libertad. A la que sólo pueden poner fronteras las creencias que nos limitan. Aunque no podamos cambiar el ‘ser’ de las cosas, sí podemos hacerlo con su ‘estar’. Es decir, la esencia puede permanecer, mientras las circunstancias cambian.

Sería funesto permitir que organizaciones financieras, dirigidas por muy pocos hombres, jueguen con el futuro de la Humanidad, desde la impunidad. Con óptica liberal, estaría mal visto actuar contra estas personas. Pero no son meros comerciantes. La libertad de actuación de los grandes capitales de origen dudoso, ha de tener límites legales. Bien definidos. Donde no quepa el premio a la mala fe y al engaño.

Actualmente, las grandes organizaciones de traficantes, indistintamente de armas, drogas y capitales, no son meras asociaciones de hampones. Existen algunos estados que, amparados en la tradición del consumo de ciertas drogas en sus países, y en la inviolabilidad de sus fronteras, no se paran en sus límites. Los traspasan. Esto debería ser considerado tanto como un ataque a la integridad de otros países. Actúan como destructores de civilizaciones. Esclavizando la voluntad de millones de consumidores.

El signo de los grandes

Monday, December 21, 2009

La sencillez es el signo de los grandes. Lo más natural es lo más simple. Las grandes ideas, siempre han sido sencillas. O de simplificación. Luego, los seguidores, menos grandes, las van complicando con el tiempo. Lo que resta nitidez al mensaje. Los avances siempre son relativos. La amplitud de un movimiento no se mide por sí mismo, sino con relación al punto de partida.

Lo que hace parecer que algo sea perfecto, es sólo su exactitud, su armonía, su sencillez, su naturalidad. Lo natural marca la pauta. Pero, si analizamos, todo es exacto en sí, todo es natural. Todo responde a la suma total de los elementos que lo componen. Lo que hace que algo nos parezca inexacto es nuestro conocimiento incompleto de sus componentes. Es más inexacta nuestra percepción que lo percibido. Si algo hubiese de antinatural en la Naturaleza, sería un contrasentido. Lo más probable es, que nos falte la información suficiente para saber en qué parte de la Naturaleza es natural lo considerado antinatural por nosotros.

Cualquier gran hombre, de cerca, responde a los cánones humanos. No tiene cuatro ojos, ni ocho orejas. Somos nosotros, sus admiradores, quienes, desde la distancia, lo adornamos con dones extraordinarios. Gran hombre es el que ha logrado superar su propia pequeñez. Quien se desborda, hasta inundar con sus irradiaciones a quienes lo admiran. La voluntad unida de muchos, forma la gran voluntad común. El gran hombre, sabe servir de centro aglutinante. Captar vibraciones de diversas fuentes, que luego son emitidas en un solo pensamiento concentrado, sincrético, resumen y extracto de lo percibido. La unión de creencias de diversa procedencia, prescindiendo de lo accesorio, da como resultado un nuevo sistema.

La rápida expansión y percepción de las ideas, en la actualidad, acelera la acumulación de conocimientos humanos. A un ritmo, que parece comprimir la marcha de los años. Los avances científicos y tecnológicos, que antes tardaban décadas, o siglos, en difundirse, están al alcance de otros hombres de ciencia en cuestión de días, o minutos. Y esto, necesariamente, hará, cada día más, que todos seamos uno. La interdependencia global se acentúa. Esperemos que, para impulsar el proceso de unión humana, sepamos escoger ideas y personas sencillas. Sin aires huecos de grandeza, que reflejan su falsedad.

Lo Humano

Sunday, December 20, 2009

Lo Humano es un elemento único, con diversas apariencias. Sabemos, científicamente probado, que todos los humanos salimos del África más profunda, de un origen común. Sin embargo, si intentamos unificar criterios, encontraremos que seguimos siendo racistas extremos. No queremos ver la unicidad de la raza humana, desde su origen, sino que la contemplamos desde la diversidad de su desarrollo.

De todos los seres vivos, sabemos que no fueron, desde el principio, tal como son en la actualidad. Su estado y forma presente, sus cualidades y defectos, son consecuencia de la adaptación al medio, a través de infinitas generaciones, tras millones de años de transformación constante. Sin estas transformaciones paulatinas, no existirían actualmente. La misma raza humana se habría extinguido, como lo hicieron sus antecesores. Si esto es así, que nada vivo es estable, nada es estático, todo cambia, nada nos impide ayudar a la evolución, como se hace ya, conscientemente, para eliminar defectos genéticos heredados, en algunas familias. Se supone que la eugenesia será, cada vez más, una ciencia aceptada entre humanos, como ya lo es para la mejora de razas animales. Aún sin pretenderlo, deliberadamente, modificamos nuestras condiciones naturales, usando vacunas, medicamentos, cirugía, que producen cambios indelebles en nuestra naturaleza. También la selección de alimentos, ejercicios, estudios, etc. Todo es determinante para el cambio y mejoramiento de nuestras condiciones vitales. Sin que opciones políticas, o religiosas, tengan la posibilidad de apropiarse los resultados en beneficio propio, o detrimento de otros. El mérito es de la ciencia y los científicos, Que, haciendo uso de su libertad para investigar, divulgando los conocimientos adquiridos y usando racionalmente los avances logrados, se convierten en la vanguardia de la sociedad moderna. Sin ciencia no hay progreso, sino estancamiento. Permaneceríamos, irremediablemente, en el primitivo mundo de las creencias atávicas.

Hay quien no puede admitir que las verdades intelectuales pueden ser circunstanciales, relativas, según el medio en que se las considere. Los conceptos intelectuales son, siempre, poliédricos, multifacéticos. Mientras más los estudiemos, más caras pueden presentar. Cuando consideramos las distintas corrientes de creencias que pueden derivarse de un hecho único, como es el nacimiento de un fundador religioso, vemos que, una cosa es el hecho en sí, y otra, muy distinta, su interpretación humana.

Lo que es válido en la totalidad, no lo es en el detalle. Y, mientras más se considere el detalle de cualquier hecho, más lugar habrá de encontrar distintas verdades en toda circunstancia única. Porque, al final, lo considerado no es el hecho único, sino la forma en que lo interprete cada uno de los observadores. Y el retrato será siempre distinto, según quien lo narre. No miramos al hecho en sí, sino a su reflejo en nuestra mente. La verdad única tendrá siempre reflejos que no sabremos distinguir de lo real.

Lo que más nos diferencia, como humanos, es nuestro cerebro. Eso nos hace diferentes a todos. Basta que filtremos un solo hecho a través de dos cerebros, para que tengamos dos versiones distintas del mismo hecho.

Paz Personal

Saturday, December 19, 2009

¿Cómo puede ser pacífico quien impone sus ideas? Aún sin pretenderlo, se convierte en un soldado, a la conquista de mentes indecisas. La paz más importante es la del espíritu. Nadie que crea en la razón única de sus propias ideas, y su derecho a imponerlas, es pacífico. Los dogmáticos, tratan de prevalecer con sus dogmas. Trampas para mentes esclavas. Atrapadas en las redes de verdades inamovibles. La ignorancia de los pueblos es rentable, sólo para las organizaciones de creencias impuestas.

Quien piensa por sí mismo, evoluciona. No somos la misma persona, ni un solo minuto de nuestras vidas. Cambiamos por dentro y por fuera, según cambia el aire de nuestro entorno. La paz de espíritu nace de nuestra identidad con la evolución continuada de nuestro ser. No somos hoy igual que ayer, ni idénticos que mañana. Quien tenga prohibida la evolución independiente de sus ideas, vive siempre en el pasado, vendido a sus compromisos.

Las ideas impuestas, van en contra de nuestra identidad evolutiva. Seguimos una línea de evolución continuada. No nos detenemos. Cuando lo hagamos, nuestra identidad habrá muerto.

La fábula sobre el Paraíso y la creación del primer hombre, ya existía antes de su plasmación en el Génesis. Tanto en Babilonia, como en escritos anteriores de la India. Esa labor de transmisión puenteada se ve, clara, en los libros básicos bíblicos. Cuando las ciencias avanzan, progresivamente, no podemos detenerlas o desmentirlas. Nuestros conocimientos actuales, han reducido a meras leyendas la casi totalidad de historias transmitidas, a través de los milenios. Pura poesía. Hermosísima, en muchos casos, Pero totalmente alejada de la realidad.

El poema más antiguo, de entre los conocidos en la civilización occidental, que canta la epopeya de la Creación, fue redactado en Babilonia, varios siglos antes de comenzar a escribirse la Biblia. El relato, llamado Enuma Elish, es de singular belleza: En él se describe la separación, por el Dios Creador, de las aguas primitivas. Dividiéndolas en aguas de arriba y aguas de abajo, a partir del caos primigenio. Y la posterior Creación del Mundo.

En toda Asia, es notable el número de montañas sagradas que, conforme evolucionaron las religiones del entorno, mantuvieron su carácter sagrado. Cambiando, sucesivamente, sólo el nombre de los dioses que en ellas se manifestaron, o habitaron. Como inquilinos sucesivos de una misma residencia. Igualmente, en África y América. Los dioses creadores solían morar en las montañas más altas e inaccesibles. A sus cimas podían acceder sólo los chamanes, brujos o sacerdotes. Era terreno vedado a los habitantes de la tribu, especialmente a las mujeres. Con lo que se trataba de mantener la sacralidad y privacidad del entorno divinizado.

El hombre, como ser pensante y moral, ha de someterse a sus propias leyes. No puede pretender regir el mundo, forzando la aplicación de códigos hechos a la medida de los dioses. Las normas de conducta han de ser, en primer lugar, humanas. Las leyes etéreas, inaprensibles, dejémoslas para seres celestiales.

Alienación Inducida

Wednesday, December 16, 2009

El fanatismo militante es la irracionalidad puesta en movimiento. En un mundo de ideas restringidas, en el que se enseña a no pensar, a no razonar, más que dentro de unos límites. Mirando en una sola dirección, no se puede progresar humanamente. Es como si se viera la vida a través de una rendija. Desconocemos lo que podríamos llegar a ver, si tuviésemos la libertad de ampliar nuestro campo de visión.

Inmolarse por sus creencias, no aporta nada a la Humanidad. Hay que sobrevivir, para poder comunicar la propia verdad. Averiguando lo que pueda haber de meritorio en las creencias de los otros. Para ser creadores de futuro, hay que crear, no destruir. Quien es inducido a creer que el mérito de nuestro paso por la vida viene marcado por la cantidad de sufrimiento que hayamos sido capaces de soportar, yerra. Eso es propio de mentes esclavas. Sufrir uno mismo no es ningún mérito. Mérito es, evitar el sufrimiento de otros, disfrutando con ello.

Parece increíble que, en vez de elogiar la libertad y grandeza del pensamiento humano, aduzcan como mayor mérito la pequeñez de algunos conceptos y la estrechez de los caminos que tales pensadores sean capaces de recorrer. Es totalmente antihumano, elogiar la pobreza de pensamiento de quien sólo es capaz de infligirse sufrimientos, para agradar a su dios, de forma tan especial. Dentro de esas medidas, se me ocurre pensar, en primer lugar, en Moloch, el devorador de infantes inocentes, como inspirador de tales sentimientos autodestructivos. O quizá en algún otro espíritu, digno de los infiernos.

Yo concibo que, si alguna vez hubo un creador del Universo, debió ser alguien, o algo, muy generoso. De alguien tan grande, no podría entender tanta pequeñez, como para exigir el sacrificio de sus criaturas. Los autores de tal idea, debieron tener una mente bastante retorcida y primitiva. Si alguien crea algo, es para ser feliz con su creación, y, consecuentemente, que lo creado sea feliz con su principio creador. Cualquier otra posibilidad, sería contradictoria en sí misma. Ninguna gran mente concebiría un Universo, para llenarlo de pequeños seres sufrientes.

Espíritus, humanos, animales, microbios, todos unidos en el dolor, para alabar con llantos a su creador. Quien se inventara algo así, no sería digno de ser grande. La alienación del concepto, padece de un retorcimiento insoportable. El fanatismo es la irracionalidad puesta en movimiento. Inmolarse por sus creencias no aporta nada a la Humanidad. Hay que sobrevivir, para poder comunicar la propia verdad. Averiguando lo que pueda haber de realidad meritoria en las creencias de otros.

Sobre lo inmediato, quizá tengamos alguna idea, Sobre el futuro lejano, es más difícil acertar. Sin embargo, hay quien se arriesga a prometer cielos o infiernos por toda la eternidad. ¿Quién puede atribuirse el poder de conocerlo? Las ciencias nos conducen, más pronto, a nuestro interior más secreto que todos los manuales de meditación juntos. Somos únicos. Debemos actuar por amor, no por sacrificio.

Ignorancia Rentable

Saturday, December 12, 2009

La ignorancia, el odio y el egoísmo, son las raíces de casi todos los males que nos afectan. Y no hay mayor generador de odios que el pretender la deslegitimación de otras creencias. Quien crea estar en posesión de la única verdad, es el más equivocado. Sólo que su egocentrismo y autocomplacencia no se lo dejan ver. No en vano, la soberbia fue el primer pecado, y sigue siéndolo, entre quienes se creen elegidos. Hay pueblos, civilizaciones enteras, que están volviendo a la Edad Media; la edad de la fe, cuando los caballos blancos bajaban del cielo, para luchar contra quienes profesaban otras creencias. Ahora, del cielo bajan aviones.

El mayor bien del hombre es su libertad. Las religiones actuales, en su inmensa mayoría, surgieron como religiones tribales, pertenecían a una etnia. Los principios implícitos en sus creencias, sobre la prioridad del pueblo escogido, prevalecen. Ahí se afianza la raíz del mal: en el arraigado y cultivado sentimiento de superioridad y exclusividad. Quienes la profesan, se sienten mejores hijos de Dios que el resto de la Humanidad, incluso exclusivos.

Las mayores expansiones, las más grandes conquistas, en materia religiosa, siempre han sido sangrientas. Progresar convenciendo es lento. A menudo ha dominado la impaciencia y el deseo irrefrenable de mover fronteras.

Las grandes religiones, ganaron terreno, siguiendo a los soldados de sus respectivos imperios. La gente de oficio arriesgado cree en suertes y milagros. Los militares suelen ser grandes creyentes. Todos los sistemas de creencias, de orígenes antiguos, se han servido de las armas para conquistar terrenos propios. En otros tiempos, ciertas comunidades religiosas no enseñaban a leer y escribir ni a los reyes. El saber lo reservaban todo para sí, en los conventos y grandes monasterios. Esa fue su estrategia para imponerse al mundo: cultivar la ignorancia de los demás, destruyendo sus bibliotecas, inculcando temor con sus anatemas. Lo que se podía, o no, leer, escribir y decir, venía fijado desde los palacios episcopales. Así se erigieron como únicos representantes y mediadores de Dios sobre la Tierra. Una usurpación de poderes que se ha revelado efectiva con los ignorantes, fomentados en masa. Durante siglos, su arma más segura y cruel fue el cultivo de la ignorancia. Quien ignora, cree y obedece.

Si nos molestásemos en ver los trasfondos de los más encarnizados conflictos actuales, hallaríamos disputas por la preeminencia de grupos religiosos. ¿Son necesarias todas estas guerras? Seguro que, al ciudadano no fanatizado, no le importa. Lo que sí se estancó, hasta casi desaparecer, fue toda la ciencia.

Se cultivó la alquimia, arrinconando la química. La astrología se convirtió en la reina de las artes adivinatorias, cayendo en el olvido los enormes conocimientos astronómicos. Cultivados, desde hacía bastantes siglos, en Alejandría, Babilonia, Nínive o Atenas. Las matemáticas perdieron la gran vigencia que tuvieron en Grecia, para ceder su lugar a la numerología adivinatoria. En fin, todo lo que era cultura científica, se convirtió en superstición y olvido. Creer, no es saber.