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Las Guerras del Milenio

Tuesday, December 23, 2008

La Gran Guerra del Milenio no está en proyecto. Lleva larvándose desde hace, al menos, cincuenta años.

Cuando comenzó el exterminio programado del pueblo palestino, tras la segunda guerra mundial. Con la connivencia expresa de algún gobierno americano, y la simulada neutralidad, o indiferencia, de algunos gobiernos europeos.

Temamos a quienes dicen hablar en nombre del Bien. Porque dejan implícito que, quienes los contradigan, lo hacen en nombre del Mal. Así, a lo grande.

Todos los imperios aducen razones morales, religiosas, justicieras, para excusar sus guerras aniquiladoras. Realmente encaminadas a expandir su imperio. Los tiempos no han cambiado tanto. En los nuevos mensajes, oímos ecos de mensajes anteriores. Sólo que el tono monocorde acaba adormeciendo la sensibilidad de los sentidos. Palestina y Líbano llevaban siglos de relativa tranquilidad, hasta la llegada masiva de los exiliados europeos, especialmente hacia la primera mitad del siglo veinte. Tras muchos siglos de ausencia. Tras esto, los expulsados de su país ancestral son los palestinos. Hay ya millones esparcidos por el mundo. Se les niega el derecho a vivir en las tierras de sus ancestros. Se les han quitado los terrenos fértiles. Se les impide construir en sus ciudades. Se bombardean sus escuelas. Se construyen nuevos asentamientos en medio de sus huertos. Se los provoca, constantemente, para que reaccionen y, con ello, creen excusas para atacarlos nuevamente. Estos hechos nunca son justificables, aunque se hayan repetido, en distintas épocas, a lo largo de la historia. Las matanzas en Palestina también merecen ser calificadas de ‘crimen contra la Humanidad’.A ambos lados de las trincheras.Tantos años de amargura, producen lágrimas suficientes como para ahogar los buenos sentimientos de todo un pueblo.

Este monstruo de terror no nació por generación espontánea, sino cultivado en la bilis acumulada durante decenios de injusticias. ¿ No podría haber una sola vara de medir para ambos pueblos? Los extremismos siempre se justifican a sí mismos, sopesando otro de signo contrario. El fanatismo tiene su campo abonado en ambos pueblos. La unión de religión, política y territorios, es el peor detonante que darse pueda. Sigo pensando que es una forma sorprendente de alcanzar la heroicidad el dedicar la vida propia a la exterminación del diferente. No lo comprendo como fin moral justificable.

Cuando el conflicto en Oriente pase, nada será igual. Da lo mismo que la integridad de los países prevalezca o salte en pedazos. Durante generaciones, se guardará el recuerdo de aquello que pasa estos días. Nada glorioso, de lo que sentirse orgullosos, las trampas e insidias se multiplican,. La sangre vertida es la peor barrera separadora. Cuando el temor sustituye al amor, las mismas diferencias que pueden constituir un polo de atracción, se convierten en puntas de bayonetas, que amenazan la seguridad de todos. Aquel que cultive la diferencia, creyéndose superior, tendrá más enemigos que amigos. Porque en la diferencia está el peligro. El miedo atávico, étnico, de todo aquello que no es nuestro igual, nos pide anular lo diferente.